Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

La cátedra de Pedro, tan discutida, tan Eterna.

23.02.11 | 15:33. Archivado en Vida Consagrada, Obediencia

Ayer celebrábamos la fiesta de la Cátedra de San Pedro. Ciertamente, es una festividad que debe celebrarse de manera desigual en el seno de la Iglesia. Me refiero al hecho de que siempre los hay dispuestos a discutir la autoridad del Papa, a ponerla en entredicho, a contestarla si es preciso, a oponerse frontalmente. Todo porque obedecer cuesta. Y más cuando te toca obedecer una injusticia (o lo que tú crees que es una injusticia).

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"Sacrum Commercium": la Pobreza empieza su discurso.

03.06.10 | 15:27. Archivado en Vida Consagrada, Pobreza

A estas palabras respondió dama Pobreza con un corazón jubiloso, semblante risueño y dulce voz, diciendo:

«Os confieso, hermanos y amigos queridísimos, que desde que habéis comenzado a hablar me siento inundada de alegría y de contento, observando vuestro fervor, al comprobar ya vuestra santa intención. Vuestras palabras se me han vuelto más apetecibles que el oro y las piedras muy preciosas, más dulces que la miel de un panal que destila. Porque no sois vosotros los que habláis, es el Espíritu Santo quien habla por vuestro medio, y su misma unción os va enseñado todas las cosas que habéis hablado acerca del Rey altísimo, el cual, por pura gracia, me tomó como a su favorita, quitando con ello el oprobio que pesaba sobre mí en la tierra y me elevó a la categoría de los grandes del cielo.

»Quisiera, por tanto, si no os resulta pesado escucharme, entretejeros la historia de mi situación; una historia larga, sí, pero no por eso menos útil. ¡Ojalá aprendáis con ello cómo debéis comportaros y agradar a Dios, guardándoos de incurrir en el reproche de que miráis atrás los que intentáis poner mano al arado!
»No soy ruda e inculta -como muchos se imaginan-, sino muy antigua y llena de número de días, versada en la ordenación de las cosas, en la variedad de las criaturas, en los cambios de los tiempos. Cuán inestable sea el corazón humano, lo sé por la experiencia de los años, por ingenio natural, así como por un don singular de la gracia.

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"Sacrum Commercium": Francisco recuerda la Unión de la Pobreza con Cristo

31.05.10 | 15:45. Archivado en Vida Consagrada, Pobreza

...Y así enamorado de tu belleza, el hijo del altísimo Padre se unió solamente contigo en el mundo y te halló fidelísima en todo. En efecto, antes de que Él descendiera a la tierra procedente de la patria luminosa, ya le tenías dispuesto un lugar adecuado, un trono donde sentarse y un lecho en que descansar: la Virgen pobrísima de la que nació, iluminando este mundo. Cierto es que saliste fielmente al encuentro del recién nacido, de suerte que en ti y no entre delicias hallara Él su morada preferida. Fue puesto -dice el evangelista- en un pesebre, porque no había sitio para Él en la posada. Y lo acompañaste siempre, sin separarte jamás de Él durante toda su vida, de modo que -cuando apareció en la tierra y vivió entre los hombres-, mientras las zorras tenían madrigueras y las aves del cielo nidos, Él, en cambio, no tuvo dónde reclinar la cabeza. Después, cuando abrió su boca para enseñar -Él que en otro tiempo había despegado los labios de los profetas-, de entre las muchas cosas que habló, fuiste tú la primera a quien alabó, la primera a quien enalteció al decir: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos (Mt 5,3).

»Además, en el momento de elegir a algunos testigos fidedignos de su santa predicación y gloriosa vida para la salvación del género humano, no escogió, ciertamente, a unos ricos mercaderes, sino a pobres pescadores, dando a entender con semejante predilección cómo deberías tú ser estimada de todos. Finalmente, para que se hiciera patente a todos tu bondad, tu magnificencia, tu fortaleza y dignidad; para dejar en claro que tú aventajas a todas las virtudes, que sin ti no puede haber ninguna y que tu reino no es de este mundo, sino del cielo, fuiste tú la única que permaneciste unida al Rey de la gloria cuando todos sus elegidos y personas queridas lo abandonaron cobardemente. Pero tú, como fidelísima esposa y tiernísima amante, no te separaste ni un solo instante de su compañía; incluso te mantenías más firmemente unida a él cuando veías que era más despreciado de todos. Y en verdad que, si tú no lo hubieras acompañado, nunca habría podido recibir Él un menosprecio tan universal.

»Tú estabas con Él en los improperios de los judíos, en los insultos de los fariseos, en los reproches de los príncipes de los sacerdotes; con Él en las bofetadas, con Él en los esputos, con Él en los azotes. El que debía ser reverenciado por todos, era de todos ultrajado; sólo tú le consolabas. No lo abandonaste hasta la muerte, y una muerte de cruz. Y en la misma cruz - desnudo ya el cuerpo, extendidos los brazos y elevadas las manos y los pies - sufrías juntamente con Él, de suerte que en el Crucificado nada aparecía más glorioso que tú. En fin, cuando subió al cielo, te hizo entrega del sello del Reino de los Cielos para marcar a los elegidos, de modo que cuantos aspiran al reino eterno deban acudir a ti, pedir tu auxilio y entrar por tu medio, porque nadie que no esté sellado con tu distintivo puede ingresar en aquel reino.

»Ea, pues, señora, ten compasión de nosotros y márcanos con la señal de tu gracia. Pues ¿quién será tan necio, quién tan insensato, que de todo corazón no te ame a ti, que de esa forma has sido escogida y preparada por el Altísimo desde toda la eternidad? ¿Quién no te reverenciará y honrará, cuando Aquel a quien adoran todas las virtudes de los cielos te condecoró con tan excelso honor? ¿Quién no venerará de buen grado las huellas de tus pies, cuando el Señor de la majestad se postró tan humildemente a tus plantas, se te unió con tan estrechos lazos y te tomó en su compañía con tan gran amor? Te rogamos, pues, señora, por Él y a causa de Él, no desoigas las súplicas que te presentamos en nuestras necesidades, mas líbranos siempre de todo peligro, ¡oh gloriosa y eternamente bendita!»

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"Sacrum Commercium": Petición de la Alianza.

20.05.10 | 15:19. Archivado en Vida Consagrada, Pobreza

Petición de la alianza

El bienaventurado Francisco y sus compañeros elogian a la Pobreza

Ellos le respondieron: «Sí, venimos a ti, señora nuestra. Te suplicamos nos acojas en paz. Nuestro más ardiente deseo es hacernos siervos del Señor de las virtudes, ya que Él es el Rey de la gloria. Hemos oído decir que tú eras la reina de las virtudes, y de hecho lo comprobamos ahora con nuestros propios ojos. Por eso, postrados a tus plantas, imploramos humildemente que te dignes vivir en nuestra compañía y seas para nosotros el camino que nos conduzca al Rey de la gloria, así como lo fuiste para Él cuando, naciendo de lo alto, se dignó visitar a los que estaban sentados en tinieblas y en sombra de muerte.

»Sabemos, en efecto, que tuyo es el poder, tuyo el reino, que tú te elevas por encima de todas las virtudes, habiendo sido constituida por el Rey de reyes como reina y soberana. Basta que tú nos otorgues la paz y seremos salvos, de suerte que por tu mediación nos reciba el que por ti nos redimió. Si tú decides salvarnos, bien pronto quedaremos libertados. Pues el mismo Rey de reyes y Señor de los señores, el Creador del Cielo y de la tierra, prendado está de tu belleza y hermosura. Nada menos que un rey que se hallaba sentado en su solio, rico y glorioso como era en su reino, abandonó su palacio, dejó su heredad -que había gloria y riquezas en su casa- y, descendiendo de su trono real, tuvo la singular dignación de venir a tu encuentro.

»Grande es, por tanto, tu dignidad, e incomparable tu alteza, pues, dejando todos los coros de ángeles e innumerables virtudes que sobreabundan en el cielo, vino precisamente a buscarte a ti en las regiones más bajas de la tierra; a ti que yacías en la charca fangosa, en lugares tenebrosos y en sombra de muerte. Eras aborrecida, y no poco, de todo ser viviente. Todo el mundo rehuía tu presencia y en lo que podía se apartaba de ti. Y si bien a algunos les resultaba del todo imposible alejarse de tu compañía, no por eso eras para ellos menos odiosa y detestable.

»Mas cuando vino el Señor del señorío, al asumirte a ti en su propia persona, te enalteció sobre las tribus de los pueblos y como a esposa te ciñó con la diadema, elevándote por encima de las nubes. Aunque es cierto que son incontables todavía los que te detestan, ignorando tu virtud y tu gloria, sin embargo, nada te afecta esto, ya que habitas libremente en los montes santos, en el sólido recinto donde mora la gloria de Cristo.


"Sacrum Commercium": empieza el diálogo con Dama Pobreza.

19.05.10 | 15:46. Archivado en Vida Consagrada, Pobreza

La Pobreza se admira de la facilidad con que escalan el monte

Iban ya avanzando con paso muy ágil hacia la cumbre, cuando de pronto dama Pobreza -que estaba en la cima de la montaña- extendió su mirada por toda la pendiente. Y al divisar a estos hombres que subían con tanto brío, es más, que volaban, sin poder salir de su asombro, se dijo: «Pero ¿quiénes son esos que vuelan como nubes y como palomas a su palomar? Pues hace tiempo que no he visto hombres tales, ni escaladores tan ligeros desprovistos de toda carga. Así que les voy a hablar de las cosas que tanto medito en mi corazón, no sea que se arrepientan -como otros- de haber efectuado una ascensión tan fatigosa, no habiendo reparado en el abismo que se tiende en torno suyo. Bien sé que ellos no pueden posesionarse de mí sin previo consentimiento mío; pero, si les revelo el plan de salvación, me lo recompensará mi Padre celestial».
Oyóse entonces una voz del cielo que le decía: «No temas, hija de Sión, porque ésos son la estirpe que el Señor ha bendecido y elegido con amor sincero».
Y así, reclinándose dama Pobreza en el solio de su desnudez, los previno con bendiciones de dulzura y les dijo: «¿Cuál es la razón de vuestra visita?, decídmelo, hermanos; ¿por qué habéis venido con tanta presteza del valle de los miserables a esta montaña de luz? ¿Acaso me buscáis a mí? Pero ¿no veis que soy una pobrecilla, azotada por la tempestad, privada de todo consuelo?».
(SC 14-15).

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"Sacrum Commercium": caminar seguros.

17.05.10 | 15:41. Archivado en Vida Consagrada, Pobreza

Ascensión de la montaña y encuentro con dama Pobreza.

El bienaventurado Francisco exhorta a sus hermanos.
Siguiendo el consejo de hombres tan ponderados, se fue el bienaventurado Francisco, eligió algunos compañeros que le eran fieles y con ellos llegó presuroso al pie del monte. Allí dijo a sus hermanos: «Venid, subamos al monte del Señor y a la casa de dama Pobreza, para que nos instruya en sus caminos y marchemos por sus sendas».
Pero, al observar lo ardua que se presentaba por cualquier lado la ascensión de la montaña a causa de su extraordinaria altura y aspereza, algunos de ellos comentaban entre sí: «¿Quién puede subir a este monte, quién será capaz de alcanzar su cima?»
Percatándose de ello el bienaventurado Francisco, les dijo: «Estrecho es, hermanos, el camino, y angosta la puerta que lleva a la vida, y son pocos los que dan con ella. Mas confortaos en el Señor y en la fuerza de su poder, porque se nos allanará toda dificultad. Deponed la carga de la propia voluntad, echad por tierra el peso de los pecados y ceñíos de valor como hombres valientes. Olvidando lo que queda atrás, lanzaos, en la medida de vuestras fuerzas, hacia lo que está delante. Os aseguro que todo lugar donde pongáis el pie pasará a ser vuestro. Mirad, hay uno que va delante de vosotros infundiéndoos aliento: Cristo el Señor, el cual os atraerá hasta la cumbre de la montaña con los lazos de la caridad. Es maravilloso, hermanos, el plan salvífico que se nos ofrece en la pobreza; con todo, no nos va a resultar difícil gozar de sus abrazos, porque como una viuda se ha quedado la señora de las naciones, vil y despreciable para todos la reina de las virtudes. No hay en la región nadie que se atreva a alzar la voz, nadie que se nos oponga, nadie que con derecho pueda impedirnos realizar esta alianza de salvación. Todos sus amigos la han despreciado y se han vuelto enemigos suyos».
Dichas estas palabras, comenzaron a caminar todos juntos en pos de San Francisco.

(SC 12-13).

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"Sacrum Commercium": Francisco ya sabe dónde mora la Pobreza

11.05.10 | 15:35. Archivado en Vida Consagrada, Actualidad, Pobreza

El Santo repetía, a veces, los avisos siguientes: «En la medida en que los hermanos se alejan de la pobreza, se alejará también de ellos el mundo; buscarán y no hallarán. Pero, si permanecieren abrazados a mi señora la pobreza, el mundo los nutrirá, porque han sido dados al mundo para salvarlo». Y éste: «Hay un contrato entre el mundo y los hermanos: éstos deben al mundo el buen ejemplo; el mundo debe a los hermanos la provisión necesaria. Si los hermanos, faltando a la palabra, niegan el buen ejemplo, el mundo, en justa correspondencia, niega el sostenimiento».

(2 Cel 70)

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"Sacrum Commercium": le indican a Francisco el camino de la Pobreza

10.05.10 | 19:26. Archivado en Vida Consagrada, Pobreza

Francisco ruega que se le indique dónde mora la Pobreza

Acercándose a ellos el bienaventurado Francisco, les dijo: «Indicadme -por favor- dónde mora dama Pobreza, dónde pastorea, dónde sestea al mediodía, porque desfallezco de amor por ella».
«Oh buen hermano -le contestaron-, nosotros llevamos aquí sentados un tiempo, y tiempos, y medio tiempo, y con frecuencia la hemos visto pasar, dado que mucha gente andaba en su busca. A veces iba muy acompañada, pero a menudo volvía sola y desnuda, sin adorno de joyas, sin comitiva que la realzase, sin vestir ropa alguna. Lloraba a lágrima viva y decía: "Los hijos de mi madre se han airado contra mí". Nosotros, empero, la consolábamos diciendo: "Ten paciencia, que los buenos te aman".
»Mira, hermano, ahora está subiendo a la montaña grande y elevada, donde Dios la ha establecido. Ella habita en los montes santos, porque el Señor la prefiere a todas las moradas de Jacob. No hay gigante que haya sido capaz de seguir las huellas de sus pies, ni águila que haya logrado volar a la altura de su cuello. Es algo singular la Pobreza: todo el mundo la desprecia por eso de que no se la encuentra en medio de los que viven entre delicias; por lo mismo, queda oculta a sus ojos; aun a las aves del cielo se les esconde. Sólo Dios conoce su camino. Él sabe el lugar de su morada.
»Así, pues, hermano, si quisieres llegar hasta ella, quítate los vestidos de fiesta y deja todo peso y el pecado que te asedia, porque, si no te hallares despojado del todo, te será imposible subir hasta la presencia de aquella que se ha recogido en una altura tan elevada. Sin embargo, como es tan benigna, se deja ver fácilmente de los que la aman, y es hallada de los que la buscan. Pensar en ella, hermano, es prudencia consumada, y quien vela por ella, pronto se verá sin afanes. Toma, pues, contigo unos compañeros fieles, a fin de que en la ascensión de la montaña te sirvas de sus consejos y te apoyes en su ayuda, porque ¡ay del solo!, que, si cae, no tiene quien lo levante; mas si uno que va acompañado fuere a caer, lo sostendrá el otro».

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"Sacrum Commercium": entender la Pobreza desde el mismo Jesús.

06.05.10 | 21:02. Archivado en Vida Consagrada, Obediencia

El Hijo de Dios es, por decirlo en términos humanos que nunca alcanzan ni a balbucir la Eternidad, el Consagrado Perfecto, es la Consagración misma. "... lleno de Gracia y de Verdad" (Jn 1, 14); "... y de su Plenitud hemos recibido todos, Gracia por Gracia" (Jn 1, 16). No son frases bonitas, sino una profunda reflexión teológica, teleológica y óntica, no referida a Jesús como ente, sino como "la Palabra" (Jn 1, 1).

De aquí se desprende la necesidad de contemplar la vida de Jesús en la Tierra como la de Aquél que hizo de su cuerpo una morada perfecta del Espíritu, identificando su Voluntad con la del Padre.

La Pobreza, pues, de Jesús, no es una renuncia meramente sacrificada a todo bien, posesión o seguridad. Ni siquiera se puede asimilar a los esenios. Es una expresión encarnada, una Encarnación, de hecho, de la Vida Trinitaria, en la que la Donación es Continua, sin la cual el mismo Dios no podría existir.


"Sacrum Commercium": Francisco busca a Dama Pobreza

04.05.10 | 15:46. Archivado en Vida Consagrada, Pobreza

Búsqueda de la Pobreza
El bienaventurado Francisco pregunta por la Pobreza.
5. Diligente -como un curioso explorador-, se puso a recorrer con interés las calles y plazas de la ciudad buscando apasionadamente al amor de su alma. Preguntaba a los que estaban en las calles y plazas, interrogaba a cuantos se le cruzaban en el camino, diciéndoles: «¿Por ventura habéis visto a la amada de mi alma?» Pero este lenguaje resultaba para ellos un enigma y como un idioma extranjero. Al no poder entenderse con él, le decían: «Hombre, no sabemos de qué hablas. Exprésate en nuestra propia lengua, y sabremos responderte».
Los hijos de Adán no tenían en aquel tiempo ni voz ni sentido para querer conversar sobre la pobreza, ni siquiera para mencionarla. La aborrecían con ardor al igual que la aborrecen hoy, y a quien venía preguntando por ella no le podían responder nada con palabra de paz. Así es que le contestan como a desconocido y le aseguran que no tienen ni la más remota idea de lo que se les pregunta.
«Iré -dijo entonces el bienaventurado Francisco- a los magnates y sabios y les hablaré, pues ellos conocen el camino del Señor y el juicio de su Dios. Ésos, por el contrario, son tal vez unos pobretones e ignorantes que desconocen el camino del Señor y el juicio de su Dios».
Y así lo hizo. Mas éstos le respondieron aún con mayor aspereza, diciendo: «¿Qué nueva doctrina es la que propones a nuestros oídos? ¡Esa pobreza que tú buscas sea enhorabuena por siempre para ti, para tus hijos y para tu futura descendencia! Lo que cuenta para nosotros es disfrutar de los placeres y abundar en riquezas, porque corto y triste es el tiempo de nuestra vida y no hay remedio en el fin del hombre. Así que no conocemos nada mejor que alegrarnos, comer y beber mientras vivimos».
Quedó profundamente asombrado el bienaventurado Francisco al oír tales desatinos, y, dando gracias a Dios, decía: «¡Bendito seas, Señor Dios, que has escondido estas cosas a los sabios y prudentes y se las has revelado a la gente sencilla! Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Señor, Padre y Dueño de mi vida, no me abandones al consejo de ellos ni permitas que recaiga sobre mí semejante reproche, antes bien haz que -con la ayuda de tu gracia- logre encontrar lo que busco, ya que siervo tuyo soy, hijo de tu esclava».
Y así, saliendo con paso rápido de la ciudad el bienaventurado Francisco, vino a parar en un campo, donde divisó a lo lejos a dos ancianos que estaban sentados y sumidos en profunda tristeza. Uno de ellos se expresaba de esta forma: «¿En quién pondré mis ojos sino en el pobrecillo y abatido que se estremece ante mis palabras?» El otro, a su vez, decía: «Nada trajimos al mundo, como nada podremos llevarnos; así que, teniendo qué comer y con qué vestirnos, podemos estar contentos».

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Coherencia

01.05.10 | 11:56. Archivado en Vida Consagrada

Cuando, con frecuencia, tu pequeñez te hace ver que es mejor callar, entonces hay que escuchar a los que sí supieron amar a Jesús por encima de todo.

Pace Bene.



"Sacrum Commercium": Prólogo

29.04.10 | 15:26. Archivado en Vida Consagrada, Pobreza

Prólogo
1. En el conjunto de las preclaras y nobles virtudes que preparan en el hombre un lugar para morada de Dios e indican el camino más adecuado y expedito para llegar hasta Él, hay una que por especial prerrogativa destaca sobre todas las demás y por gracia singular las aventaja en títulos: ¡la santa Pobreza! Ella, en efecto, es el fundamento y salvaguardia de todas las virtudes, y, aun entre las señaladas virtudes evangélicas, goza justamente de la primacía en cuanto al lugar que ocupa su mención. Las demás virtudes -si están bien afianzadas sobre esta base- no tienen por qué temer las lluvias torrenciales, ni la crecida de los ríos, ni los vientos huracanados que se desencadenen, amenazando ruina.
2. No sin razón se atribuye todo esto a la pobreza, cuando el mismo Hijo de Dios, el Señor de las virtudes y el Rey de la gloria, sintió por ella una predilección especial, la buscó y la encontró cuando realizaba la salvación en medio de la tierra. Fue la pobreza a la que en el comienzo de su predicación puso como lámpara en manos de los que entran por la puerta de la fe y como roca en la cimentación de la casa. Es más, el reino de los cielos que Él concede en promesa a las otras virtudes, a la pobreza se lo confiere inmediatamente sin dilación alguna. Dichosos -dice- los pobres en el espíritu porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5,3).
3. Es del todo justo que el reino de los cielos pertenezca a los que nada poseen en la tierra por propia voluntad, por una intención espiritual y por el deseo de los bienes eternos. Es menester que vivan de las cosas del cielo quienes tienen en menos las de la tierra, y que cuantos renuncian a todo lo que es de este mundo, considerándolo como basura, saboreen con fruición, ya en el presente destierro, las dulces migajas que caen de la mesa de los santos ángeles y merezcan gustar cuán dulce y suave es el Señor. La pobreza es la verdadera investidura del reino de los cielos, la seguridad de su posesión y como una santa pregustación de la futura bienaventuranza.
4. Por eso, el bienaventurado Francisco -cual auténtico imitador y discípulo del Salvador-, en el comienzo mismo de su conversión, se entregó con todo celo, con todo afán y con toda deliberación a buscar, encontrar y retener la santa pobreza, sin vacilar ante ninguna adversidad ni arredrarse frente a contratiempo alguno; sin rehuir trabajo ni escatimar fatiga corporal de ninguna clase, con tal de conseguir el poder llegar hasta aquella a quien el Señor confió las llaves del Reino de los Cielos.


Jueves, 22 de junio

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