Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

El valor de la comunidad cristiana.

04.09.11 | 11:25. Archivado en Evangelio

El Evangelio de hoy nos dice muchas cosas en lo que respecta a la vida comunitaria. Es como una regla o forma de vida para las comunidades de cristianos que se irán formando alrededor de la Eucaristía, memorial de la Pasión y Resurrección del Señor Jesús.

Lo primero que nos dice es que "si tu hermano peca, repréndelo". Es muy importante esto: si PECA. Es decir, la reprensión, la corrección, deben darse en soledad y con caridad (buscando salvar al hermano) cuando tal hermano peca. Queda por ver, pues, la madurez y la capacidad de discernir aquello que realmente es pecado, salvo, claro está, los casos graves o flagrantes. Es como si nos dijera que la corrección no debe responder a piques tontos, a orgullitos, parcelitas o memeces. Porque, en tales casos, lo que estaría en juego (y la experiencia lo dice) no sería la salvación del hermano, sino la propia afirmación de uno mismo, la defensa de unos intereses, o pasar el rodillo del orgullo propio. Se trataría, en suma, del mismo pecado de Adán y Eva: autoafirmarse ante Dios y los hombres, arrogándose un papel propio, al margen de la Ley y la Caridad. Por tanto, si peca, se supone que nos mueve el amor al hermano, y buscamos su salvación, que cambie de camino, que deje el mal y vuelva al bien. Se trata, pues, de darle luz y la ocasión de pedir perdón y rectificar. Se trata de un acto de caridad, porque buscas el bien del otro, y no defender tu punto de vista o tu interés particular.

Si el hermano hace caso, podrá salvarse y volver al buen camino. Si no, Jesús propone dos o tres testigos. ¿Por qué? Pues porque partimos de la base de que el hermano no ha hecho caso, es decir, o no es capaz de ver claro, o prefiere empecinarse en su pecado y su error. Por tanto, con los testigos nos aseguramos de que dicho pecado es tal y permanece, y también se evita, por un lado, dejar de lado al hermano que aún puede salvarse (es un intento más de la Misericordia) y, por otro, que el hermano que peca pueda hacer un mal uso de la corrección anterior, usándola en contra del hermano que se la hizo, o para agrandar aún más su pecado.

Cuando ya no hace caso, se expone ante la asamblea. De esta forma, el pecado del hermano queda al descubierto, Satanás no puede seguir engañando a la comunidad. En todo caso, al hermano que decide continuar el mal camino. "Todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras" (Jn 3, 20). Satanás se goza cuando el pecado es oculto, porque daña al que lo comete y establece así una relación con él, en las tinieblas. Y también porque cuando es oculto, daña a la comunidad de forma silenciosa pero poderosa, disgregadora, quitando la paz y la armonía. El pecado, al actuar así, suele ser descubierto (si eso sucede) cuando ya es demasiado tarde, y el daño ya está hecho. Por tanto, invita Jesús a ponerlo de manifiesto ante la comunidad, de forma que todos queden avisados, y entonces el hermano tenga todavía la oportunidad de rectificar, puesto que su pecado ya es sabido de todos y no puede ser disimulado ni dañar. Además, queda el componente de la vergüenza, del saberse descubierto (entonces el diablo huye) y de no poder usar de ese pecado en beneficio propio. Si, aún así, se empecina, "considéralo como un pagano o un publicano". O sea, sea apartado, en lo espiritual, de la comunidad. Es duro aquí Jesús, porque compara al que peca con el pagano que adora dioses que no existen, que no tienen vida, o con un publicano (un traidor).

De esta forma, "lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo". Jesús nos dice que si alguien queda separado de la comunidad queda separado de la Vida de Gracia, y que si se corrige y vuelve al camino recto, queda reintegrado también a la Vida de Gracia. Por tanto, sabemos que siempre que actuemos con Justicia y según Dios y, por ende, según la Caridad auténtica, estamos contribuyendo a que el hermano pueda salvarse o no. Y eso es una gran responsabilidad.

Y apuntala Jesús el valor de la comunidad cuando dice que "si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo". No es que aquí Jesús quite valor a la oración individual. Sabemos que nos enseñó el Padre Nuestro, que nos anima a "orar en lo escondido" para que "tu Padre que está en el cielo, te lo recompensará". Nos urge a buscar la perfección personal. Pero si envió a los discípulos de dos en dos, si nos llama a vivir la fraternidad y el Amor Fraterno, es porque el cristianismo debe vivirse en relación con, tal y como la Trinidad es relación de tres Personas. Y cuando se juntan dos, hay comunidad, y la oración es escuchada por el Padre, primero porque rezan dos por lo mismo, pero sobre todo porque donde hay Comunidad hay Eucaristía y Salvación.

Pace Bene.

Miguel Blanes. OFS.


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Comentarios
  • Comentario por pablo 05.09.11 | 18:48

    Miguel una enseñanza sencilla pero magnífica. De mucha utilidad en la iglesia.
    Un saludo Miguel.

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