Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

El Cuerpo del Señor.

26.06.11 | 10:03. Archivado en Eucaristía

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

“Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias” (Sto. Tomás de Aquino).

Ante la contemplación de tan gran Misterio, me lleno de estupor y de admiración, ¿cómo todo un Dios omnipotente decide quedarse entre los hombres en tan singular apariencia?
Dulce Jesús, tan grande y poderoso y ala vez tan vulnerable y expuesto a que los hombres te mostremos nuestro amor o desprecio. Tú “en humilde apariencia como cuando desde el trono real descendiste al seno de la Virgen, diariamente desciendes del seno del Padre asaltar en manos del sacerdote” (S. Fco. De Asís) y se renueva tu Santo Sacrificio, OH cuanta impiedad la mía, que a veces por desidia o cansancio no abro mi corazón a tan grande entrega de amor en la Misa. Quisiera amarte más Jesús mío, inflama mi corazón te lo ruego, para que pueda vivir cada Eucaristía con el amor y devoción que se merece tan grande Misterio. Que “como se mostró a los santos apóstoles en carne verdadera, así también ahora se nos muestra a nosotros en el pan consagrado. Y lo mismo que ellos con la vista corporal veían solamente su carne, pero con los ojos que contemplan espiritualmente creían que Él era Dios, así también nosotros, al ver con los ojos corporales el pan y el vino, veamos y creamos firmemente que es su cuerpo y sangre vivo y verdadero” (S. Fco. De Asís).

Señor, que delante de tu presencia real en el sagrario o en la custodia nunca pase con indiferencia, que con mi corazón y mi cuerpo manifieste la reverencia que te mereces tú, mi Dios y Señor. Que con la Virgen María, San Francisco, los santos, ángeles y arcángeles y todos los coros celestiales, te alabe, adore y glorifique en ese momento ante tu Soberana presencia y luego a través de mi vida diaria puedas llegar a mis hermanos los hombres, tan necesitados, aún sin saberlo, de tu amor y tu perdón.

Acerquémonos hermanos a recibir el cuerpo de Señor con el corazón contrito y nuestro espíritu humilde, habiendo confesado nuestros pecados al sacerdote para que todo nuestro ser sea un digno tabernáculo donde acoger a tan grande Dios y Señor, hermano y amigo fiel, esposo y amante solícito.

Inflama, te ruego Jesús mío, el corazón de tus fieles, el de tus sacerdotes y consagrados con el fuego de tu amor, que tanto interior como exteriormente sepamos darte el trato reverente y a la vez confiado que tú mereces.

¡VIVA JESÚS SACRAMENTADO¡ ¡VIVA Y DE TODOS SEA AMADO!

En alabanza de Cristo. Amén

Junípero.


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