La desnudez en sí, cuando expresa el despojo de todo - tanto material como espiritualmente - no es sino el derramar el perfume a los pies de Jesús y secarlos con los cabellos. Es ponerse a sus pies, amarlo incondicionalmente, porque sí, volverse loco por Él, hacer de Él el Amado del alma y hasta la obsesión de la vida.
Ningún consagrado debería pasar por este mundo sin haber sido capaz de vivir a la Luz de la Cruz, contemplada por Amor, abrazando el Misterio, entendiéndolo como el Sacrificio que Él hizo por mí, acogerlo y quererlo, respondiendo con fidelidad perenne.
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni