Hoy veo con pena cómo, una vez más, algunos que dicen amar a la Iglesia no tienen ni idea, en realidad, de lo que es consustancial en Ella: el Carisma.
Digo esto a propósito de la noticia que comenta Jesús Bastante en RD. En ella explica cómo "un nutrido grupo de laicos" ha presentado una denuncia contra Monseñor Rouco-Varela, Monseñor García-Gasco y Monseñor Fernando Sebastián. Enumeran en dicha denuncia una serie de presuntos atropellos cometidos por los citados monseñores.
Lo triste de todo esto ya no es quién tiene razón, si estos "delitos" realmente se han cometido y si las presuntas víctimas realmente lo son. No, lo penoso es que quien presenta la carta asegura ser "humilde fiel de la Iglesia". Lo peor es que se trata de una persona consagrada, por mucha exclaustración que haya de por medio.
Se dedica a defender a una serie de personas que, por otra parte, siempre son las mismas (aunque yo sacaría de aquí, de momento, a Pagola): Masiá, los teólogos de la Asociación Juan XXIII, José Arregui... y otras personas que no vienen al caso. Es decir, se defiende a aquellos que tienen la piel "escaldada" y que les pica porque un día alguien les dijo que sus obras no son ortodoxas, o porque les impusieron silencio. Les pica, que no es lo mismo, el orgullito. Una vez más, la falta deliberada de obediencia brilla en todo su esplendor. Hablamos de personas consagradas, es decir, que han entregado a Dios su Voluntad (Voto de Obediencia), su sexualidad (Voto de Castidad) y la libre disposición de bienes, a la vez que el deseo de los mismos (Voto de Pobreza). Por tanto, es a ellos a quien hay que exigirles (no yo, sus superiores) la Fidelidad a aquello que escogieron en su día. La Iglesia no es el ejército, donde se obedecen órdenes impuestas y que no tienen por qué gustar. Aquí nos movemos en el ámbito del Carisma, del Espíritu, de personas que se supone rezan y deberían tener a Cristo Crucificado como referencia para todo, a la vez que debería ser el Amor de sus vidas.
Resulta que ellos sí pueden hablar, criticar a la Iglesia (su Iglesia) y encima quedar como héroes. Si el resentimiento no pareciera guiarles, quizá hasta podría parecer que tienen razón. Pero siempre son los mismos, y de la misma forma. Ninguno ha obedecido sin rechistar. Ninguno ha dado muestras de adhesión y amor incondicional a la Iglesia. Decía el Padre Pío que obedeciendo a los superiores se obedece a Dios. Y lo decía alguien que no paró de sufrir persecución auténtica por parte de la Iglesia desde que recibió los Estigmas. Obedeció, sufrió... pero amó a la Iglesia, jamás rechistó y jamás habló mal de nadie. Y, humanamente, sobraban motivos. ¿A qué le llevó esa Obediencia?: a encontrarse con Cristo. Debemos aprender, y acoger la Obediencia como algo liberador, no como una opresión o una legislación impuesta. No, porque hemos entregado, los consagrados, nuestra vida a Dios y, a través de nuestros superiores, hallamos la Voluntad de Dios. Y que conste que escribe esto alguien que no es, ni de lejos, perfecto. Pero cabe denunciar a quienes denuncian, a quienes desunen y empañan el auténtico destino del Consagrado: la Fidelidad radical, tomando como justificación presuntas violaciones de Derecho Canónico o del artículo tal o cual de la Ley Tributaria española, como si le importara algo a quienes queremos seguir a Cristo Pobre y Crucificado, como recordaba Francisco. Se jactan de "progres" y se alegran de no someterse a la Obediencia, a la vez que califican de coaccionados a los superiores de las Órdenes Religiosas. Presentan como delito y error lo que justamente es virtud, la misma que no saben ni quieren vivir, y que es reflejo de la Obediencia del Hijo. Prefieren oir una voz que no es la de Dios.
Nos vendría bien recordar la Admonición de Francisco:
De la perfecta obediencia
Dice el Señor en el Evangelio: El que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser discípulo mío (Lc 14,33); y: El que quiera salvar su vida, la perderá (Lc 9,24). Deja todo lo que posee y pierde su cuerpo el hombre que se ofrece a sí mismo todo entero a la obediencia en manos de su prelado. Y todo lo que hace y dice que él sepa que no es contra la voluntad del prelado, mientras sea bueno lo que hace, es verdadera obediencia. Y si alguna vez el súbdito ve cosas mejores y más útiles para su alma que aquellas que le ordena el prelado, sacrifique voluntariamente sus cosas a Dios, y aplíquese en cambio a cumplir con obras las cosas que son del prelado. Pues ésta es la obediencia caritativa, porque satisface a Dios y al prójimo.
Pero si el prelado le ordena algo que sea contra su alma, aunque no le obedezca, sin embargo no lo abandone. Y si a causa de eso sufriera la persecución de algunos, ámelos más por Dios. Pues quien sufre la persecución antes que querer separarse de sus hermanos, verdaderamente permanece en la perfecta obediencia, porque da su vida por sus hermanos. Pues hay muchos religiosos que, so pretexto de que ven cosas mejores que las que les ordenan sus prelados, miran atrás y vuelven al vómito de la propia voluntad; éstos son homicidas y, a causa de sus malos ejemplos, hacen que se pierdan muchas almas.
Francisco también vió cómo la Iglesia, en ocasiones, trataba de "adaptar" el Carisma que el Señor le había dado, para ajustarlo a Órdenes ya existentes, más organizadas y poderosas. De esta forma, se traicionaba el Carisma. Y fue el principio de la noche oscura de Francisco. Pero la suya acabó en la Verna, en una unión perfecta con Dios, porque se había despojado de todo, y Dios le llenó. Debemos escoger: o vivir como Jesús (que es lo que hemos escogido) y, seguramente, sufrir, pero para renacer en un encuentro amoroso (aquí o en la Gloria) con Jesús, o defendernos a capa y espada, perder el norte de la Vida Consagrada y terminar en el frío de un juzgado, liados con denuncias y escritos... mientras nos perdemos el calor del Padre "creador, consolador y salvador nuestro" (Par Pan, 1).
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Hola Pablo ¿cómo va? Hay que rezar. Es la única forma de que las cosas puedan cambiar. "Si la sal se desvirtúa...". Pace Bene.
Hola Miguel, que el Señor te bendiga como lo ha hecho hasta ahora. Hace tiempo que no entro en RD, pero hoy que he entrado me he alegrado. Tu artículo es bueno, si señor. Cuanta razón tienes en esto de la obediencia. Sigue escribiendo así, al mundo le escuece a Cristo le encanta.
A propósito tu artículo me ha recordado la palabra de Jesús en Marcos 9:50.
Un saludo en Cristo.
Este artículo entraña mucha verdad .Muchos sacerdotes, obispos, Arzobispos, sean militares y no militares, no asumen correctamente la vida religiosa. No entiendo como tuercen deliberadamente lo que ellos mismos eligieron “los caminos de Nuestro Señor Jesucristo”. No solo hay que demostrarlo en las Iglesias, también fuera de ellas. Les encanta viajar de aquí, para allá. Da la sensación que muchos se hacen sacerdotes, para pegarse la gran vida padre Tantos estudios les hacen vagos .Que razón hay, cuando se dice que estudian una carrera larga con excusa de no pegar golpe en la vida. Esto, es de ser inteligentes. Quien me diera a mí, poder dar misas, tener la comida preparada, alojamiento gratuito y las primeras necesidades cubiertas. No digo que todos vayan de esta manera, pero la mayoría si. Por eso las personas de a pie, se vuelven incrédulos. Me quedo con la orden Franciscana, dichos por muchos d “a pie”, es la orden samaritana, junto con los misioneros: tienen mucha credibilidad
Si fueron santos, si se encontraron con Dios... entonces su presunto "enfrentamiento" que dice usted seguramente no fue tal, guste a quien guste. Muchas ganas hay de hacer la voluntad propia. Contemple a Cristo Crucificado, y si después de meditar la Pasión aun piensa que es de tontos obedecer, allá usted.
Santa Catalina de Siena, San Vicente de Paul, San Bernardo, san Antonio de Padua, y un largo etc, se enfrentaron AL PAPA. Tampoco sabe usted que no se puede poner los votos religiosos por encima de las leyes y del código penal.
Viernes, 1 de junio
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