Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

"Sacrum Commercium": Francisco recuerda la Unión de la Pobreza con Cristo

31.05.10 | 15:45. Archivado en Vida Consagrada, Pobreza
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...Y así enamorado de tu belleza, el hijo del altísimo Padre se unió solamente contigo en el mundo y te halló fidelísima en todo. En efecto, antes de que Él descendiera a la tierra procedente de la patria luminosa, ya le tenías dispuesto un lugar adecuado, un trono donde sentarse y un lecho en que descansar: la Virgen pobrísima de la que nació, iluminando este mundo. Cierto es que saliste fielmente al encuentro del recién nacido, de suerte que en ti y no entre delicias hallara Él su morada preferida. Fue puesto -dice el evangelista- en un pesebre, porque no había sitio para Él en la posada. Y lo acompañaste siempre, sin separarte jamás de Él durante toda su vida, de modo que -cuando apareció en la tierra y vivió entre los hombres-, mientras las zorras tenían madrigueras y las aves del cielo nidos, Él, en cambio, no tuvo dónde reclinar la cabeza. Después, cuando abrió su boca para enseñar -Él que en otro tiempo había despegado los labios de los profetas-, de entre las muchas cosas que habló, fuiste tú la primera a quien alabó, la primera a quien enalteció al decir: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos (Mt 5,3).

»Además, en el momento de elegir a algunos testigos fidedignos de su santa predicación y gloriosa vida para la salvación del género humano, no escogió, ciertamente, a unos ricos mercaderes, sino a pobres pescadores, dando a entender con semejante predilección cómo deberías tú ser estimada de todos. Finalmente, para que se hiciera patente a todos tu bondad, tu magnificencia, tu fortaleza y dignidad; para dejar en claro que tú aventajas a todas las virtudes, que sin ti no puede haber ninguna y que tu reino no es de este mundo, sino del cielo, fuiste tú la única que permaneciste unida al Rey de la gloria cuando todos sus elegidos y personas queridas lo abandonaron cobardemente. Pero tú, como fidelísima esposa y tiernísima amante, no te separaste ni un solo instante de su compañía; incluso te mantenías más firmemente unida a él cuando veías que era más despreciado de todos. Y en verdad que, si tú no lo hubieras acompañado, nunca habría podido recibir Él un menosprecio tan universal.

»Tú estabas con Él en los improperios de los judíos, en los insultos de los fariseos, en los reproches de los príncipes de los sacerdotes; con Él en las bofetadas, con Él en los esputos, con Él en los azotes. El que debía ser reverenciado por todos, era de todos ultrajado; sólo tú le consolabas. No lo abandonaste hasta la muerte, y una muerte de cruz. Y en la misma cruz - desnudo ya el cuerpo, extendidos los brazos y elevadas las manos y los pies - sufrías juntamente con Él, de suerte que en el Crucificado nada aparecía más glorioso que tú. En fin, cuando subió al cielo, te hizo entrega del sello del Reino de los Cielos para marcar a los elegidos, de modo que cuantos aspiran al reino eterno deban acudir a ti, pedir tu auxilio y entrar por tu medio, porque nadie que no esté sellado con tu distintivo puede ingresar en aquel reino.

»Ea, pues, señora, ten compasión de nosotros y márcanos con la señal de tu gracia. Pues ¿quién será tan necio, quién tan insensato, que de todo corazón no te ame a ti, que de esa forma has sido escogida y preparada por el Altísimo desde toda la eternidad? ¿Quién no te reverenciará y honrará, cuando Aquel a quien adoran todas las virtudes de los cielos te condecoró con tan excelso honor? ¿Quién no venerará de buen grado las huellas de tus pies, cuando el Señor de la majestad se postró tan humildemente a tus plantas, se te unió con tan estrechos lazos y te tomó en su compañía con tan gran amor? Te rogamos, pues, señora, por Él y a causa de Él, no desoigas las súplicas que te presentamos en nuestras necesidades, mas líbranos siempre de todo peligro, ¡oh gloriosa y eternamente bendita!»

En efecto, el hecho de que en la Vida Consagrada el de Pobreza sea uno de los tres Votos a profesar no es por mera Tradición o casualidad. Al igual que con la Obediencia y la Castidad, la Iglesia ha visto, desde los inicios, que el Hijo de Dios tomó como forma de vida y como reflejo de la Vida Divina estas tres dimensiones, que son constitutivas de toda alma que quiera unirse a Dios.

La Unión Esponsal con Cristo a través del Espíritu supone que el consagrado ha entregado su Vida a Dios, y que está centrado en Él, o al menos lucha por estarlo. Y, como dice Francisco, quien no esté libre de toda carga, afecto u otro querer o aspiración que pueda obstaculizar el camino a Dios y su libre operación en el alma. La Pobreza supone Vida en Providencia, en Abandono Confiado y Amoroso, en disponibilidad, en libertad.

No es casualidad que Clara de Asís pidiera el "Privilegio de la Pobreza", es decir, poder vivir, ella y la Orden, la Pobreza radical, sin contar siquiera con lo que la prudencia humana considera básico o al menos imprescindible. Sabía que así podían encontrar a Cristo quien, desnudo en la Cruz, llevó a cabo a Obra de la Redención. La Pobreza del Hijo de Dios, en efecto, reluce por si sola, y es el alma pobre la que puede encontrarse con Él, puesto que no hay obstáculos y, si los hay, no están sino por Providencia, para aumentar la Sed de Dios.

En efecto, cuando rezas te encuentras irremediablemente con el Eterno, que es Pureza, Espíritu, Pobreza, Desprendimiento de todo lo mundano. Lo podemos ver en el Saludo a las Virtudes de Francisco:

¡Salve, reina sabiduría!, el Señor te salve con tu hermana la santa pura sencillez.
¡Señora santa pobreza!, el Señor te salve con tu hermana la santa humildad.
¡Señora santa caridad!, el Señor te salve con tu hermana la santa obediencia.
¡Santísimas virtudes!, a todas os salve el Señor, de quien venís y procedéis.
No hay absolutamente ningún hombre en el mundo entero que pueda tener una de vosotras si antes él no muere.
El que tiene una y no ofende a las otras, las tiene todas. Y el que ofende a una, no tiene ninguna y a todas ofende. Y cada una confunde a los vicios y pecados.
La santa sabiduría confunde a Satanás y todas sus malicias.
La pura santa sencillez confunde a toda la sabiduría de este mundo y a la sabiduría del cuerpo.
La santa pobreza confunde a la codicia y avaricia y cuidados de este siglo.
La santa humildad confunde a la soberbia y a todos los hombres que hay en el mundo, e igualmente a todas las cosas que hay en el mundo.
La santa caridad confunde a todas las tentaciones diabólicas y carnales y a todos los temores carnales.
La santa obediencia confunde a todas las voluntades corporales y carnales, y tiene mortificado su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su hermano, y está sujeto y sometido a todos los hombres que hay en el mundo, y no únicamente a solos los hombres, sino también a todas las bestias y fieras, para que puedan hacer de él todo lo que quieran, en la medida en que les fuere dado desde arriba por el Señor.


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