Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

El Infierno, consecuencia última del pecado (Juan Pablo II).

26.05.10 | 16:01. Archivado en Actualidad
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Todavía hoy recuerdo aquél día de Julio del 99 en que Juan Pablo II, en Audiencia, expresó su modo de ver el infierno. Lo reproduzco a continuación. La verdad es que, para quien no crea en la realidad del infierno, es mejor que se lo piense, y los que dudan o lo ven como algo relativo, lo tomen en consideración.

Debemos preguntarnos, y eso es lo esencial, cuán conscientes somos realmente de nuestros pecados y de las consecuencias que traen no sólo en nuestras vidas, sino en el Cuerpo Místico de Cristo.

El infierno como rechazo definitivo de Dios.
1. Dios es Padre infinitamente bueno y misericordioso. Pero, por desgracia, el hombre, llamado a responderle en la libertad, puede elegir rechazar definitivamente su amor y su perdón, renunciando así para siempre a la comunión gozosa con él. Precisamente esta trágica situación es lo que señala la doctrina cristiana cuando habla de condenación o infierno. No se trata de un castigo de Dios infligido desde el exterior, sino del desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida. La misma dimensión de infelicidad que conlleva esta oscura condición puede intuirse, en cierto modo, a la luz de algunas experiencias nuestras terribles, que convierten la vida, como se suele decir, en «un infierno».
Con todo, en sentido teológico, el infierno es algo muy diferente: es la última consecuencia del pecado mismo, que se vuelve contra quien lo ha cometido. Es la situación en que se sitúa definitivamente quien rechaza la misericordia del Padre incluso en el último instante de su vida.
2. Para describir esta realidad, la sagrada Escritura utiliza un lenguaje simbólico, que se precisará progresivamente. En el Antiguo Testamento, la condición de los muertos no estaba aún plenamente iluminada por la Revelación. En efecto, por lo general, se pensaba que los muertos se reunían en el sheol, un lugar de tinieblas (cf. Ez 28, 8; 31, 14; Jb 10, 21 ss; 38, 17; Sal 30, 10; 88, 7. 13), una fosa de la que no se puede salir (cf. Jb 7, 9), un lugar en el que no es posible dar gloria a Dios (cf. Is 38, 18; Sal 6, 6).
El Nuevo Testamento proyecta nueva luz sobre la condición de los muertos, sobre todo anunciando que Cristo, con su resurrección, ha vencido la muerte y ha extendido su poder liberador también en el reino de los muertos.
Sin embargo, la Redención sigue siendo un ofrecimiento de salvación que corresponde al hombre acoger con libertad. Por eso, cada uno será juzgado «de acuerdo con sus obras» (Ap 20, 13). Recurriendo a imágenes, el Nuevo Testamento presenta el lugar destinado a los obradores de iniquidad como un horno ardiente, donde «será el llanto y el rechinar de dientes» (Mt 13, 42; cf. 25, 30. 41) o como la gehenna de «fuego que no se apaga» (Mc 9, 43). Todo ello es expresado, con forma de narración, en la parábola del rico Epulón, en la que se precisa que el infierno es el lugar de pena definitiva, sin posibilidad de retorno o de mitigación del dolor (cf. Lc 16, 19-31).
También el Apocalipsis representa plásticamente en un «lago de fuego» a los que no se hallan inscritos en el libro de la vida, yendo así al encuentro de una «segunda muerte» (Ap. 20, 13ss). Por consiguiente, quienes se obstinan en no abrirse al Evangelio, se predisponen a «una ruina eterna, alejados de la presencia del Señor y de la Gloria de su Poder» (2 Ts. 1, 9).
3. Las imágenes con las que la sagrada Escritura nos presenta el infierno deben interpretarse correctamente. Expresan la completa frustración y vaciedad de una vida sin Dios. El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría. Así resume los datos de la fe sobre este tema el Catecismo de la Iglesia católica: «Morir en pecado mortal sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de él para siempre por nuestra propia y libre elección. Este estado de autoexclusión definitiva de la comunión con Dios y con los bienaventurados es lo que se designa con la palabra infierno» (n. 1033).
Por eso, la «condenación» no se ha de atribuir a la iniciativa de Dios, dado que en su amor misericordioso él no puede querer sino la salvación de los seres que ha creado. En realidad, es la criatura la que se cierra a su amor. La «condenación» consiste precisamente en que el hombre se aleja definitivamente de Dios, por elección libre y confirmada con la muerte, que sella para siempre esa opción. La sentencia de Dios ratifica ese estado.
4. La fe cristiana enseña que, en el riesgo del «sí» y del «no» que caracteriza la libertad de las criaturas, alguien ha dicho ya «no». Se trata de las criaturas espirituales que se rebelaron contra el amor de Dios y a las que se llama demonios (cf. concilio IV de Letrán: DS 800-801). Para nosotros, los seres humanos, esa historia resuena como una advertencia: nos exhorta continuamente a evitar la tragedia en la que desemboca el pecado y a vivir nuestra vida según el modelo de Jesús, que siempre dijo «sí» a Dios.
La condenación sigue siendo una posibilidad real, pero no nos es dado conocer, sin especial revelación divina, cuáles seres humanos han quedado implicados efectivamente en ella. El pensamiento del infierno -y mucho menos la utilización impropia de las imágenes bíblicas no debe crear psicosis o angustia; pero representa una exhortación necesaria y saludable a la libertad, dentro del anuncio de que Jesús resucitado ha vencido a Satanás, dándonos el Espíritu de Dios, que nos hace invocar «Abbá, Padre» (Rm 8, 15; Ga 4, 6).
Esta perspectiva, llena de esperanza, prevalece en el anuncio cristiano. Se refleja eficazmente en la tradición litúrgica de la Iglesia, como lo atestiguan, por ejemplo, las palabras del Canon Romano: «Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa (...), líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos».

10 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Marina 22.06.10 | 16:47

    Sr. Blanes,en mi escaso tiempo de ocio, leeer vidas de Santos,me reconforta.Algunas me causan extrañeza;otras alegría.Este tipo de lectura, me proporciona diferentes estados de ánimo que , luego clasifico en mi mente.Siempre suelo recoger lo mas positivo para mí.De lo leído, me inclino por nuevas enseñanzas satisfatorias. Los pasajes tristes de algunas vidas de Santos, también me sirven.De todo se aprende.Lo difcíl de la vida, se puede superar, haciéndolo fácil con constancia.A veces me gustaría tener una varita mágica, para responder a muchas preguntas, en cuestión de la fe.No tuve maestro ninguno, ni orientación por parte de personas dedicadas a estos menesteres, ni en otros .De muy niña me quedé sin padres y esto marca mucho en una educación total.La verdad, no me considero una persona torpe para aprender; solo ignorate.No obstante, tengo el presentimiento que , a pesar de mi ignorancia en estos temas,alguien...no sé donde, me orienta.Quizás sea solo eso;un presentimiento valioso

  • Comentario por Miguel Blanes Coll 20.06.10 | 19:43

    Me alegro, Marina. Leer espiritualidad es muy positivo, y las vidas de santos nos llenan de alegría, al saber que podemos( y debemos) responder a los dones de Dios, de forma que la Santidad, lejos de ser una quimera, es una realidad que se nos pide alcanzar, a todos los cristianos.

  • Comentario por Marina 19.06.10 | 19:07

    Sr. Blanes, el libro de las confesiones, ya lo he leido.Me gustó, aunque me fué dificíl comprenderlo.A veces tenía que leer dos veces .Me disgustaba un poco tener que reeleer algo tan entre marañado .El que me han regalado , es un poco antiguo, mas sencillo de comprender.Son frases de San Agustín que llena mi interior de alimento espiritual .Leer estas frases,reproduce en mí, efectos pacíficos y buena enseñanza de como vivir sanamente en Dios, o al menos intentarlo.

  • Comentario por douglas marroquin 12.06.10 | 03:17

    En los manuscritos originales de la biblia aparece la palabra infierno, que en el original griego y hebreo son los terminos hades y seol, hacia las traducciones que poseemos nosotros estos terminos se traducen como infierno, infiernos, fosa, seol propiamente, abismo, profundo, entre otras.
    La idea que da la biblia del infierno es un tormento simbolico que es la privacion de la vida eterna.
    romanos
    6:23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
    http://www.infiernoanticristoyapocalipsis.com

    bendiciones

  • Comentario por Miguel Blanes Coll 10.06.10 | 15:26

    Hola Marina ¿cómo va? Harás muy bien, desde luego. Todo lo que sea invertir tiempo en Dios... ¿El libro no será el de las Confesiones? Un saludo.

  • Comentario por Marina 10.06.10 | 14:40

    No es mala idea, quedarme un ratito a meditar despues de misa.Me llevaré un librito que me han regalado de San Agustín, como ayuda.Será la única forma de leerlo.Lo he hojeado y me parece interesante las frases que hay escritas. Quizás sea una puerta que debo abrir dentro de mi.

  • Comentario por Miguel Blanes Coll 02.06.10 | 15:28

    Hola Marina. Imagínate cómo sería con Dios. Francisco nos lleva a meditar la grandeza y lo sabroso de Dios: "Por consiguiente, ninguna otra cosa deseemos, ninguna otra queramos, ninguna otra nos plazca y deleite, sino nuestro Creador y Redentor y Salvador, el solo verdadero Dios, que es pleno bien, todo bien, total bien, verdadero y sumo bien, que es el solo bueno, piadoso, manso, suave y dulce, que es el solo santo, justo, verdadero, santo y recto, que es el solo benigno, inocente, puro, de quien y por quien y en quien es todo el perdón, toda la gracia, toda la gloria de todos los penitentes y de todos justos, de todos los bienaventurados que gozan juntos en los cielos. Por consiguiente, que nada impida, que nada separe, que nada se interponga" (1R 23). Si después de rezar o ir a Misa meditas un poco, te podrás dar cuenta de lo que supondría una Eternidad sin Dios.

  • Comentario por Marina 01.06.10 | 13:21

    ¿ Cómo será esa vida eterna sin Dios?? En cuanto pueda, leeré el Apocalipsis
    Gracias

  • Comentario por Miguel Blanes Coll 27.05.10 | 15:36

    Hola Marina. Es normal que cuando eres una niña te digan que el infierno es fuego, y que hay demonios y tal. Luego, siendo ya una persona adulta y con una Fe más madura permite entender la Doctrina de la Iglesia en cuanto al Infierno: es lo opuesto a la Salvación. Es decir, condenarse es pasar la Eternidad sin Dios. Es una Doctrina que bebe de las Escrituras. Léete el Apocalipsis y entenderás buena parte. No te falta razón, por cierto: vivir en el pecado ya es vivir en el infierno. En el fondo, la condenación es una opción vital, libremente ejercida: o quiero a Dios, o no lo quiero. Un saludo

  • Comentario por Marina 26.05.10 | 18:10

    Estoy confundida .Las monjas me dijeron que en el infierno, hay fuego. Que el demonio bailaría alrededor de mi; si era mala .No me considero persona mala .A través de los años, me he dado cuenta que el infierno, es el que uno mismo se fabrica .Vivir con maldad ,hipocresía, egoísmo ,cizañando , haciendo daño físico y moral a los demás; son factores palpables de estar en el mismo infierno, ya que la vida en este sentido es anormal y a las largas traen malas consecuencias .Entonces, comienza el problema e inestabilidad en uno mismo .La conciencia, empieza a enfermar y si no atajas el mal a tiempo, crecerá y empezará la sensación de estar viviendo en un infierno .Lo peor es, cuando el enfermo pretende arrastrar a lo demás a su infierno .Hay que ayudar a estas personas , sin dejarse caer en la trampa que a veces tejen , consciente o inconscientemente

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