(SC 12-13).Ascensión de la montaña y encuentro con dama Pobreza.
El bienaventurado Francisco exhorta a sus hermanos.
Siguiendo el consejo de hombres tan ponderados, se fue el bienaventurado Francisco, eligió algunos compañeros que le eran fieles y con ellos llegó presuroso al pie del monte. Allí dijo a sus hermanos: «Venid, subamos al monte del Señor y a la casa de dama Pobreza, para que nos instruya en sus caminos y marchemos por sus sendas».
Pero, al observar lo ardua que se presentaba por cualquier lado la ascensión de la montaña a causa de su extraordinaria altura y aspereza, algunos de ellos comentaban entre sí: «¿Quién puede subir a este monte, quién será capaz de alcanzar su cima?»
Percatándose de ello el bienaventurado Francisco, les dijo: «Estrecho es, hermanos, el camino, y angosta la puerta que lleva a la vida, y son pocos los que dan con ella. Mas confortaos en el Señor y en la fuerza de su poder, porque se nos allanará toda dificultad. Deponed la carga de la propia voluntad, echad por tierra el peso de los pecados y ceñíos de valor como hombres valientes. Olvidando lo que queda atrás, lanzaos, en la medida de vuestras fuerzas, hacia lo que está delante. Os aseguro que todo lugar donde pongáis el pie pasará a ser vuestro. Mirad, hay uno que va delante de vosotros infundiéndoos aliento: Cristo el Señor, el cual os atraerá hasta la cumbre de la montaña con los lazos de la caridad. Es maravilloso, hermanos, el plan salvífico que se nos ofrece en la pobreza; con todo, no nos va a resultar difícil gozar de sus abrazos, porque como una viuda se ha quedado la señora de las naciones, vil y despreciable para todos la reina de las virtudes. No hay en la región nadie que se atreva a alzar la voz, nadie que se nos oponga, nadie que con derecho pueda impedirnos realizar esta alianza de salvación. Todos sus amigos la han despreciado y se han vuelto enemigos suyos».
Dichas estas palabras, comenzaron a caminar todos juntos en pos de San Francisco.
"Deponed la carga de la propia voluntad, echad por tierra el peso de los pecados y ceñíos de valor como hombres valientes": así les dice Francisco a sus hermanos que podrán llegar a Dama Pobreza. La Obediencia, la Pureza de Corazón y la decisión en la profesión evangélica.
A nadie le gusta la Obediencia, lo hemos hablado muchas veces. Sin embargo, quien busque hacer la Voluntad de Dios, valiéndose de la mediación de sus superiores, director espiritual, confesor... y de las intuiciones del Espíritu, no irá por camino equivocado, y se asegurará estar en presencia de Dios.
Esta presencia de Dios, sin embargo, la podemos enturbiar centrándonos en nosotros mismos, dando vueltas a nuestro pecado, aun cuando la contrición es buena y necesaria, y la tristeza por nuestra infidelidad es natural. Pero soltar estos lastres - conservando y cultivando el propósito de enmienda - nos libra de vivir siempre mirándonos el ombligo, pensando en nosotros mismos, al fin y al cabo. Pensar y dejarse llevar por los propios sentimientos es lo opuesto a contemplar a Dios y dejarse llevar por Él. Este es el corazón puro: el que busca a Dios por sí mismo, porque es Dios, nada más. Así se avanza, porque es Él quien te conduce, y, si tropiezas, te levantas antes.
El valor, la decisión... es consecuencia de lo anterior: el que se sabe en el Camino de Dios, y el que no cesa de adorar a Dios con un corazón limpio, no temerá, no se detendrá. La tentación no será piedra de tropiezo, sino ocasión de crecimiento - sin excluir el sufrimiento -, y los motivos de padecimiento y contradicción humanos serán motivo para enriquecer el alma.
Pienso que un santo es aquella persona cuya vida puedes coger y decir: "Cómo se parece a Cristo Crucificado". La Cruz, es decir, la Pobreza máxima: ésa es la meta del Consagrado y, aun, de todo cristiano.
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
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