(2 Cel 70)El Santo repetía, a veces, los avisos siguientes: «En la medida en que los hermanos se alejan de la pobreza, se alejará también de ellos el mundo; buscarán y no hallarán. Pero, si permanecieren abrazados a mi señora la pobreza, el mundo los nutrirá, porque han sido dados al mundo para salvarlo». Y éste: «Hay un contrato entre el mundo y los hermanos: éstos deben al mundo el buen ejemplo; el mundo debe a los hermanos la provisión necesaria. Si los hermanos, faltando a la palabra, niegan el buen ejemplo, el mundo, en justa correspondencia, niega el sostenimiento».
Así concebía Francisco la Pobreza: en clave de Alianza, más aún, de Desposorio. La unión entre el religioso y la Pobreza debe ser tan profundo que uno refleje al otro, sin confusión. Abrazar la Pobreza es anhelar por encima de todo las cosas del cielo - con corazón y alma puros -, liberar el corazón de todo querer material o de este mundo que nos pueda separar de Dios. Los santos lo fueron justamente porque el único centro de sus vidas era Dios. No anhelaban otra cosa que orar, estar con Él, hacer penitencia, olvidarse de sí mismos.
Y sabe, como sabía Israel, que la Pobreza será para los que la sigan garante de la Vida Eterna, como no se cansó de repetir. Sabe que si es fiel al Pacto de Fidelidad que establecerá con ella, no le faltará de nada, aun no teniendo nada. Sabe que abrazándola a Ella abraza al mismo Cristo, Pobre, Desnudo y Crucificado. Sabe que para escalar la montaña donde Ella mora, debe ir ligero, sin afectos, ni preocupaciones, ni posesiones, ni reservas...
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni