Francisco ruega que se le indique dónde mora la Pobreza
Acercándose a ellos el bienaventurado Francisco, les dijo: «Indicadme -por favor- dónde mora dama Pobreza, dónde pastorea, dónde sestea al mediodía, porque desfallezco de amor por ella».
«Oh buen hermano -le contestaron-, nosotros llevamos aquí sentados un tiempo, y tiempos, y medio tiempo, y con frecuencia la hemos visto pasar, dado que mucha gente andaba en su busca. A veces iba muy acompañada, pero a menudo volvía sola y desnuda, sin adorno de joyas, sin comitiva que la realzase, sin vestir ropa alguna. Lloraba a lágrima viva y decía: "Los hijos de mi madre se han airado contra mí". Nosotros, empero, la consolábamos diciendo: "Ten paciencia, que los buenos te aman".
»Mira, hermano, ahora está subiendo a la montaña grande y elevada, donde Dios la ha establecido. Ella habita en los montes santos, porque el Señor la prefiere a todas las moradas de Jacob. No hay gigante que haya sido capaz de seguir las huellas de sus pies, ni águila que haya logrado volar a la altura de su cuello. Es algo singular la Pobreza: todo el mundo la desprecia por eso de que no se la encuentra en medio de los que viven entre delicias; por lo mismo, queda oculta a sus ojos; aun a las aves del cielo se les esconde. Sólo Dios conoce su camino. Él sabe el lugar de su morada.
»Así, pues, hermano, si quisieres llegar hasta ella, quítate los vestidos de fiesta y deja todo peso y el pecado que te asedia, porque, si no te hallares despojado del todo, te será imposible subir hasta la presencia de aquella que se ha recogido en una altura tan elevada. Sin embargo, como es tan benigna, se deja ver fácilmente de los que la aman, y es hallada de los que la buscan. Pensar en ella, hermano, es prudencia consumada, y quien vela por ella, pronto se verá sin afanes. Toma, pues, contigo unos compañeros fieles, a fin de que en la ascensión de la montaña te sirvas de sus consejos y te apoyes en su ayuda, porque ¡ay del solo!, que, si cae, no tiene quien lo levante; mas si uno que va acompañado fuere a caer, lo sostendrá el otro».
"Un tiempo, y tiempos y medio tiempo". Equivale a tres años y medio, y es, desde la persecución de Antíoco Epifanes, el tiempo tipo de duración de toda persecución o tribulación. Aquí, el "Sacrum Commercium" sigue hilando su alegoría dándole un fondo y una forma bíblicos. Los religiosos necesitados de la Pobreza son aquí figura del pueblo de Israel, necesitado de Yahveh. Por tanto, los que están en el camino no hacen sino expresar su tristeza y angustia por el abandono de Dama Pobreza, por el alejamiento que le ha "brindado" el Pueblo, los religosos que, un día, le juraron Fidelidad Eterna, pero que ahora la han abandonado.
Hallar la Pobreza no es camino fácil. Francisco lo sabía: despojarse de toda posesión, de todo afecto, de todo querer terrenal, de toda pretensión de figurar, de ser, de tener... Sólo así puedes subir ligero a la montaña donde Ella mora, y hallarla. Como la Gloria de Yahveh moraba en lo alto del Sinaí, así la Pobreza mora en lo alto de un monte, figura éste a la vez de lo arduo del camino y de la proximidad al Cielo. Tanto, que ni las aves ni los gigantes la encuentran.
Bello lenguaje poético, por el que el autor de la obra nos introduce poco a poco en el Misterio de la Vida Consagrada, que vemos se ha de parecer cada vez más a la Encarnación: despojo de uno mismo, e identificación con el Amado.
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¡ay del solo!, que, si cae, no tiene quien lo levante; mas si uno que va acompañado fuere a caer, lo sostendrá el otro».
Una frase bella.Pero... ¿de verás el otro , lo sostendrá? Si es buen amigo , si y si.Mas, ¿cuántos de éstos, existen hoy en día?.Cero.Cada cual, va a su bola.Nos hemos vuelto inhumanos y egoistas
Viernes, 1 de junio
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