Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

Kyrios vs. Ecce Homo

28.03.10 | 19:54. Archivado en Tiempos Fuertes, Semana Santa
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El Evangelio que hemos leído hoy en Misa de Ramos, el que precede a la Procesión, nos recuerda cómo Jesús fue aclamado por los discípulos (en general, no sólo los Apóstoles). Fue entronizado, se le proclamó Rey, en la línea davídica.

Le acompañan con cantos, con júbilo y fiesta. No dudan en ponerle por encima de "todo nombre". Sin embargo, no hay que llevarse a engaño. Fue, como dice el mismo texto, recordando los signos que había obrado. Y, tristemente, sólo por eso.

De hecho, no se habían dado cuenta de que el Rey al que estaban aclamando, no entraba en la ciudad a caballo, vestido de poder y majestad. Más bien al contrario, iba montado en un pollino que ni siquiera era suyo, y con lo puesto, tan pobre y humilde como siempre.

Y los mismos que le aclamaban hoy, pocos días después lo abandonan o incluso piden su Crucifixión. ¿Qué explica este cambio? Pues ya lo hemos dicho: porque Aquél que había obrado signos, que les había dado alegrías en formas de curaciones, multiplicaciones de comida, liberaciones de espíritus malignos, muertos que reviven... ahora era detenido, procesado, condenado, ejecutado. Cuánta desilusión, cuánta decepción y sufrimiento. El mismo que les había librado del hambre o de la muerte (o eso parecía, ahora ya no estaban tan seguros) era ahora tratado como un criminal más. Ya no parecía ser el que les tenía que traer la definitiva libertad. Es más, se lo había hecho creer, les había engañado. Que lo mataran, pues...

Nosotros hacemos exactamente lo mismo, y que nadie se engañe. Nos aferramos a Dios, le alabamos y hablamos con entusiasmo de Él cuando nos ha concedido tal o cual favor, cuando ha escuchado nuestras plegarias, cuando nos bendice con la prosperidad, cuando nos da alegría y salud, cuando nos da, en definitiva. Pero el día que, por lo que sea, nos da Cruz, sufrimiento, dolores... o cuando nos pide humildad, obediencia, abnegación, negación de nosotros mismos... entonces no nos gusta, renegamos, huimos, nos ponemos tristes, dejamos de hablar de Él y de dar testimonio, nos enfadamos incluso con Él... Porque no estamos profundamente enamorados de Él, no le seguimos por Él mismo, sino por lo que nos da. Cuando nos dice lo que hay que hacer para seguirle, no nos gusta. El sacrificio, la penitencia, la entrega generosa... no nos van, y entonces le mandamos crucificar, porque nuestra actitud se convierte en antitestimonio, en que la gente no desee ir tras Él, porque "mira este cristiano, qué mal le va".

Que cada cual reflexionemos esta Semana Santa hasta qué punto subiríamos con Él a la Cruz...

Pace Bene.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Marina 03.04.10 | 12:43

    Las últimas palabras que dices, son penetrantes.Es verdad , que cuando necesitamos de los favores de Dios, , la boca nos chorrea agua y le pedimos como descosidos, ésto y lo otro. Tampoco nos gusta mucho cumplir como cristianos,aunque tengamos las orejas calientes de oir por mediación de un sacerdote, los caminos buenos a seguir.Muchas veces nos aferramos a nuestros caprichos de seguir la estela de la comodidad y pensamos que los encargados de cumplir con los cánones que manda la Santa Iglesia,sean los que casi, casi, viven en ellas...Amén de que éstas personas , no vean con buenos ojos que colaboremos como ellos, dentro de las Parroquias.Nos toman por intrusos amenazantes dentro de su "parcela" como si fueramos a desviarle la exclusividad de su párroco, ó la atención del mismo. Cuando surge éste caso, lo mejor es abrirse y no crear discordias.El problema es éste .Que se salven y vayan los primeros al cielo .Espero que guarden un rinconcito para los alejados.
    Paz y ben

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