...un estado cuya esencia está en la profesión de los consejos evangélicos, aunque no pertenezca a la estructura jerárquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, de una manera indiscutible, a su vida y a su santidad (LG 44).
No se trata de una función, de un "hacer", sino de una identidad, de un "ser", o mejor "ser con". El Consagrado busca identificarse con Cristo. Y eso no entra en la "estructura jerárquica", sobre todo porque ésta no se concibió sino en función de la propia operatividad eclesial, del reparto de funciones y de la búsqueda de practicidad y organización.
Como toda institución que se precie, la Iglesia necesita contar con estructuras definidas, cargos, departamentos, organigramas que definan los modos de respuesta a las necesidades globales y particulares.
La Vida Consagrada es otra cosa. El que vive de cara al Padre en Cristo no necesita más "practicidad" que aquella que sea necesaria para comprender su propia Orden (Familia) y cómo ésta se relaciona con las otras y con la Estructura Jerárquica vaticana, y hasta qué punto depende de la misma. Por lo demás, sólo debe preocuparse de buscar a Dios, y desde Dios, buscar a los hermanos. No se trata tanto de la propia santificación como de conocer cada vez más y mejor a Cristo, e identificarse con Él. Es precisamente esto lo que constituye la Santidad.
Hace casi un año colgué este trozo de "Sabiduría de un Pobre", de Eloi Leclérc. Es una forma muy sabia de definir qué debería preocupar, en verdad, a todo consagrado, a todo cristiano. También a los que viven inmersos en la compleja cotidianeidad de los "despachos de San Pedro":
...-¡Ay si pudiéramos tener un poco de esta pureza -respondió León-, también nosotros conoceríamos la alegría loca y desbordante de nuestra hermana agua y su impulso irresistible!
...-...No te preocupes tanto de la pureza de tu alma. Vuelve tu mirada hacia Dios. Admírale. Alégrate de lo que él es... Y cuando te hayas vuelto así hacia Dios, no vuelvas mas sobre ti mismo. No te preguntes en donde estás con respecto a Dios. ...E1 corazón puro es el que no cesa de adorar al Señor vivo y verdadero. Toma un interés profundo en la vida misma de Dios y es capaz, en medio de todas sus miserias, de vibrar con la eterna inocencia y la eterna alegría de Dios.
...-Es verdad -respondió Francisco-. Pero la santidad no es un cumplimiento en sí mismo, ni una plenitud que se da. Es, en primer lugar, un vacío que se descubre, y que se acepta, y que Dios viene a llenar en la medida en que uno se abre a su plenitud.
...-Es preciso solamente no guardar nada de sí mismo. Barrerlo todo, aun esa percepción aguda de nuestra miseria; dejar sitio libre; aceptar el ser pobre; ...su deseo de perfección se ha cambiado en un simple y puro querer a Dios.
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni