Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

El Desposorio de Francisco y Clara (IV)

04.02.10 | 15:16. Archivado en Mística
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Ante tal resolución, convencido el padre de que no podía disuadir al hijo del camino comenzado, pone toda su alma en arrancarle el dinero. El varón de Dios deseaba emplearlo todo en ayuda de los pobres y en restaurar la capilla; pero, como no amaba el dinero, no sufrió engaño alguno bajo apariencia de bien, y quien no se sentía atado por él, no sé turbó lo más mínimo al perderlo. Por esto, habiéndose ya encontrado el dinero que el gran despreciador de las cosas terrenas y ávido buscador de las riquezas celestiales había arrojado entre el polvo de la ventana, se apaciguó un tanto el furor del padre y se mitigó algo la sed de su avaricia con el vaho del hallazgo. Después de todo esto, el padre lo emplazó a comparecer ante el obispo de la ciudad, para que, renunciando en sus manos a todos los bienes, le entregara cuanto poseía. A nada de esto se opuso; al contrario, gozoso en extremo, se dio prisa con toda su alma para hacer cuanto se le reclamaba.
Una vez en la presencia del obispo, no sufre demora ni vacila por nada; más bien, sin esperar palabra ni decirla, inmediatamente, quitándose y tirando todos sus vestidos, se los restituye al padre. Ni siquiera retiene los calzones, quedando ante todos del todo desnudo. Percatándose el obispo de su espíritu y admirado de su fervor y constancia, se levantó al momento y, acogiéndolo entre sus brazos, lo cubrió con su propio manto. Comprendió claramente que se trataba de un designio divino y que los hechos del varón de Dios que habían presenciado sus ojos encerraban un misterio. Estas son las razones por que en adelante será su protector. Y, animándolo y confortándolo, lo abrazó con entrañas de caridad (1 Cel 14).

He aquí que Francisco escenifica su consagración: cuando su padre le pide la restitución de todos los bienes, no sólo accede, sino que se desnuda. Es decir, con un gesto simbólico pero muy concreto manifiesta a todos su desprendimiento de las cosas del mundo. Deja su pasado, sus planes, sus aspiraciones, amistades, prestigio... allí, en la plaza del Obispado, en las manos de Dios. Muere Francisco de Bernardone. Nace Francisco de Asís.

Porque el camino andado hasta aquí le ha llevado a ocupar en Dios el tiempo que ocupaba en juergas; en buscar la perfección evangélica, en lugar del prestigio y el crecimiento humanos; la intimidad con Dios, en lugar de un matrimonio con una noble dama; a Jesús, en lugar de un escudo nobiliario. Francisco empieza a andar. Su conversión, con el beso al leproso, ya es una realidad. Aquí "tan solo" escenifica su abandono en Dios y su Consagración a Él.

Y es que vivir a Jesús no es compatible con afectos, con los valores del mundo, comodidades, privilegios, prebendas de los hombres. Francisco quiere renacer, y a partir de aquí comenzará su Vida Evangélica. Ahora, sin familia, sin amigos, sin estar sujeto al mundo, es libre para Dios.

Sin embargo, ni fue ni será un camino de rosas. Ha tenido que superar miedos, dudas, angustias, tentaciones, soledad y hasta el castigo físico, incluso, por parte de su propio padre. Todo desarraigo conlleva dolor, y nadie ha dicho que sea fácil. Sólo la Gracia de Dios puede suplir la debilidad del hombre y las tendencias naturales a volver a sus seguridades, gustos y conveniencias. No es que sean malas, pero desde luego no favorecen un camino evangélico. En todo caso, serán reorientadas y reconducidas a Dios. Nunca ahogadas, sino "reconcebidas": Dios será su Seguridad, su Amigo, su Esposa, su Prestigio, su Descanso, su "Comfort". No le promete tranquilidad, puesto que tampoco la tuvo Jesús, y vivir como Él es abrazar la Cruz.

La dimensión esponsal aparece, pues, muy clara: un Matrimonio con Dios, que es lo mismo que un Matrimonio con la Pobreza a la que, alegóricamente, llama "Dama", muy en línea con su espíritu cortés y caballeresco. Dios no niega ni ahoga tu forma de ser, la llena de su Espíritu para que seas suyo. Pero para eso hay que querer...

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Marina 11.02.10 | 17:59

    Que bien relatado:
    Francisco las pasó canutas, pero canutas. Para nada, fue un camino de rosas el que tuvo que recorrer a lo largo y ancho, de su corta vida.La desnudez en la plaza es graciosa y una lección de enseñanza, acerca de sus valores :bondad, humildad y sencillez.No quería nada material de su padre Bernadone, y le entregó hasta las ropas que llevaba puestas.San Francisco amaba a su padre Bernadone,y allí mismo en la plaza , le pidió perdón por creerse un mal hijo.Su humildad era manifiesta ante todos los allí presentes, que boquiabiertos, no daban crédito al gran espectáculo que estaban viviendo.
    Blanes, terminas muy bien el artículo, "querer, es poder ,y digo yo...y si puedes, quieres" "Dios aprieta pero no ahoga"

Domingo, 19 de febrero

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