Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

El Desposorio de Francisco y Clara (II)

01.02.10 | 15:48. Archivado en Mística
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Es muy ilustrativo el texto que citábamos ayer:

Como los amigos miraran atrás y le vieran bastante alejado de ellos, se volvieron hasta él; atemorizados, lo contemplaban como hombre cambiado en otro. Uno de ellos le preguntó, diciéndole: «¿En qué pensabas, que no venías con nosotros? ¿Es que piensan, acaso, casarte?». A lo cual respondió vivazmente: «Decís verdad, porque estoy pensando en tomar una esposa tan noble, rica y hermosa como nunca habéis visto otra». Pero ellos lo tomaron a chacota. Él, sin embargo, no lo dijo por si, sino inspirado por Dios; porque la dicha esposa fue la verdadera religión que abrazó, entre todas la más noble, la más rica y la más hermosa en su pobreza

(TC 7).

Y, respecto de Clara:

El padre Francisco la exhorta al desprecio del mundo; demostrándole con vivas expresiones la vanidad de la esperanza y el engaño de los atractivos del siglo, destila en su oído la dulzura de su desposorio con Cristo, persuadiéndola a reservar la joya de la pureza virginal para aquel bienaventurado Esposo a quien el amor hizo hombre.
¿A qué detenernos en tantos pormenores? A instancias del santísimo padre, que actuaba hábilmente como fidelísimo mensajero, no retardó su consentimiento la doncella. Se le abre entonces la visión de los goces celestes, en cuya comparación el mundo entero se le vuelve despreciable, cuyo deseo la hace derretirse de anhelos, por cuyo amor ansía las bodas supremas. Y así, encendida en el fuego celeste, tan soberanamente despreció la vanagloria terrena, que jamás nada de los halagos mundanos se pegó a su corazón. Aborreciendo igualmente las seducciones de la carne, decidió ya desde ahora no conocer lecho de pecado (Sab 3,13), deseando hacer de su cuerpo un templo consagrado a Dios y esforzándose por hacerse merecedora de las bodas con el gran Rey. En consecuencia, se sometió totalmente a los consejos de Francisco, tomándolo por su guía, después de Dios, para el camino. Desde entonces queda pendiente su alma de sus enseñanzas y recoge con cálido pecho cuanto le predica del buen Jesús. Soporta con molestia la pompa y ornato secular, y desprecia como basura todo lo que aplaude el mundo, a fin de poder ganar a Cristo (cf. Flp 3,8).

(LCl 5b-6).

Nos detenemos pues, por ahora, en la inspiración, o mejor dicho en el momento en que estas almas quedan prendidas de Dios, enamoradas como un joven de una muchacha y una muchacha de un joven. No es diferente en este sentido el Amor del Consagrado a Dios del Amor de los Novios o los Esposos.

Ambos se han conocido, se han ido tratando y ha nacido (más tarde o más temprano) el Amor. Y del Amor nace el deseo de una Consagración, una entrega, un Matrimonio, un Compromiso. El nombre es lo de menos, si no descuida la profundidad de lo que se vive.

Un flechazo, o un amor platónico... de ellos se habla, y muchos hombres y mujeres de todas las épocas lo han experimentado. Con Dios no es distinto, si bien las consecuencias sí marcan una línea de separación muy clara con el Amor entre, pudiéramos decir, "mortales". Y no es distinto porque el Amor humano es reflejo fiel del Amor que da Dinamismo y Vida a la Trinidad. Y digo "reflejo" porque, en efecto, el Amor que Dios nos ha dado al crearnos y que nos sigue dando es el que somos capaces de dar a los demás. De forma que el corazón refleja, da testimonio del Amor de Dios. De ahí el Sacrificio, la Fidelidad, la Dependencia y la Radicalidad de un Amor auténticamente esponsal. Podemos decir, en consecuencia, que no es menos Amor el que se da entre esposos que el que se da entre el Consagrado y Dios. De hecho, es un Sacramento.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Marina 03.02.10 | 20:59

    Madre mía!! Cuánto sacrificio y entrega a Dios.
    Que fortaleza

Domingo, 19 de febrero

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