Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

San Francisco de Asís a los sacerdotes (de la carta a toda la Orden).

25.02.10 | 20:14. Archivado en Actualidad

Ruego también en el Señor a todos mis hermanos sacerdotes, los que son y serán y desean ser sacerdotes del Altísimo, que siempre que quieran celebrar la misa, puros y puramente hagan con reverencia el verdadero sacrificio del santísimo cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo, con intención santa y limpia, y no por cosa alguna terrena ni por temor o amor de hombre alguno, como para agradar a los hombres; sino que toda la voluntad, en cuanto la gracia la ayude, se dirija a Dios, deseando agradar al solo sumo Señor en persona, porque allí solo él mismo obra como le place; porque, como él mismo dice: Haced esto en memoria mía (Lc 22,19; 1 Cor 11,24); si alguno lo hace de otra manera, se convierte en Judas el traidor, y se hace reo del cuerpo y de la sangre del Señor (cf. 1 Cor 11,27).
Recordad, hermanos míos sacerdotes, lo que está escrito de la ley de Moisés, cuyo transgresor, aun en cosas materiales, moría sin misericordia alguna por sentencia del Señor. ¡Cuánto mayores y peores suplicios merecerá padecer quien pisotee al Hijo de Dios y profane la sangre de la alianza, en la que fue santificado, y ultraje al Espíritu de la gracia! (Heb 10,28-29). Pues el hombre desprecia, profana y pisotea al Cordero de Dios cuando, como dice el Apóstol (1 Cor 11,29), no distingue ni discierne el santo pan de Cristo de los otros alimentos y obras, y o bien lo come siendo indigno, o bien, aunque sea digno, lo come vana e indignamente, siendo así que el Señor dice por el profeta: Maldito el hombre que hace la obra de Dios fraudulentamente (cf. Jer 48,10). Y a los sacerdotes que no quieren poner esto en su corazón de veras los condena diciendo: Maldeciré vuestras bendiciones (Mal 2,2).
Oídme, hermanos míos: Si la bienaventurada Virgen es de tal suerte honrada, como es digno, porque lo llevó en su santísimo seno; si el Bautista bienaventurado se estremeció y no se atreve a tocar la cabeza santa de Dios; si el sepulcro, en el que yació por algún tiempo, es venerado, ¡cuán santo, justo y digno debe ser quien toca con sus manos, toma en su corazón y en su boca y da a los demás para que lo tomen, al que ya no ha de morir, sino que ha de vivir eternamente y ha sido glorificado, a quien los ángeles desean contemplar!
Ved vuestra dignidad, hermanos sacerdotes, y sed santos, porque Él es santo. Y así como el Señor Dios os ha honrado a vosotros sobre todos por causa de este ministerio, así también vosotros, sobre todos, amadlo, reverenciadlo y honradlo. Gran miseria y miserable debilidad, que cuando lo tenéis tan presente a Él en persona, vosotros os preocupéis de cualquier otra cosa en todo el mundo. ¡Tiemble el hombre entero, que se estremezca el mundo entero, y que el cielo exulte, cuando sobre el altar, en las manos del sacerdote, está Cristo, el Hijo del Dios vivo! ¡Oh admirable celsitud y asombrosa condescendencia! ¡Oh humildad sublime! ¡Oh sublimidad humilde, pues el Señor del universo, Dios e Hijo de Dios, de tal manera se humilla, que por nuestra Salvación se esconde bajo una pequeña forma de pan! Ved, hermanos, la humildad de Dios y derramad ante él vuestros corazones; humillaos también vosotros para que seáis ensalzados por Él. Por consiguiente, nada de vosotros retengáis para vosotros, a fin de que os reciba todo enteros el que se os ofrece todo entero.
Amonesto por eso y exhorto en el Señor que, en los lugares en que moran los hermanos, se celebre solamente una misa por día, según la forma de la santa Iglesia. Y si en un lugar hubiera muchos sacerdotes, que el uno se contente, por amor de la caridad, con oír la celebración del otro sacerdote; porque el Señor Jesucristo colma a los presentes y a los ausentes que son dignos de Él. El cual, aunque se vea que está en muchos lugares, permanece, sin embargo, indivisible y no conoce detrimento alguno, sino que, siendo uno en todas partes, obra como le place con el Señor Dios Padre y el Espíritu Santo Paráclito por los siglos de los siglos. Amén.

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Vocaciones Religiosas (III)

23.02.10 | 15:33. Archivado en Vida Consagrada

...un estado cuya esencia está en la profesión de los consejos evangélicos, aunque no pertenezca a la estructura jerárquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, de una manera indiscutible, a su vida y a su santidad (LG 44).

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La Penitencial, una ceremonia a veces confundida.

22.02.10 | 15:05. Archivado en Iglesia

XI La celebración del sacramento de la Penitencia

1480 Como todos los sacramentos, la Penitencia es una acción litúrgica. Ordinariamente los elementos de su celebración son: saludo y bendición del sacerdote, lectura de la Palabra de Dios para iluminar la conciencia y suscitar la contrición, y exhortación al arrepentimiento; la confesión que reconoce los pecados y los manifiesta al sacerdote; la imposición y la aceptación de la penitencia; la absolución del sacerdote; alabanza de acción de gracias y despedida con la bendición del sacerdote.
1481 La liturgia bizantina posee expresiones diversas de absolución, en forma deprecativa, que expresan admirablemente el misterio del perdón: "Que el Dios que por el profeta Natán perdonó a David cuando confesó sus pecados, y a Pedro cuando lloró amargamente y a la pecadora cuando derramó lágrimas sobre sus pies, y al publicano, y al pródigo, que este mismo Dios, por medio de mí, pecador, os perdone en esta vida y en la otra y que os haga comparecer sin condenaros en su temible tribunal. El que es bendito por los siglos de los siglos. Amén.".
1482 El sacramento de la penitencia puede también celebrarse en el marco de una celebración comunitaria, en la que los penitentes se preparan a la confesión y juntos dan gracias por el perdón recibido. Así la confesión personal de los pecados y la absolución individual están insertadas en una liturgia de la Palabra de Dios, con lecturas y homilía, examen de conciencia dirigido en común, petición comunitaria del perdón, rezo del Padrenuestro y acción de gracias en común. Esta celebración comunitaria expresa más claramente el carácter eclesial de la penitencia. En todo caso, cualquiera que sea la manera de su celebración, el sacramento de la Penitencia es siempre, por su naturaleza misma, una acción litúrgica, por tanto, eclesial y pública (cf SC 26-27).
1483 En casos de necesidad grave se puede recurrir a la celebración comunitaria de la reconciliación con confesión general y absolución general. Semejante necesidad grave puede presentarse cuando hay un peligro inminente de muerte sin que el sacerdote o los sacerdotes tengan tiempo suficiente para oír la confesión de cada penitente. La necesidad grave puede existir también cuando, teniendo en cuenta el número de penitentes, no hay bastantes confesores para oír debidamente las confesiones individuales en un tiempo razonable, de manera que los penitentes, sin culpa suya, se verían privados durante largo tiempo de la gracia sacramental o de la sagrada comunión. En este caso, los fieles deben tener, para la validez de la absolución, el propósito de confesar individualmente sus pecados graves en su debido tiempo (⇒ CIC can. 962,1). Al obispo diocesano corresponde juzgar s i existen las condiciones requeridas para la absolución general (⇒ CIC can. 961,2). Una gran concurrencia de fieles con ocasión de grandes fiestas o de peregrinaciones no constituyen por su naturaleza ocasión de la referida necesidad grave.
1484 "La confesión individual e íntegra y la absolución continúan siendo el único modo ordinario para que los fieles se reconcilien con Dios y la Iglesia, a no ser que una imposibilidad física o moral excuse de este modo de confesión" (OP 31). Y esto se establece así por razones profundas. Cristo actúa en cada uno de los sacramentos. Se dirige personalmente a cada uno de los pecadores: "Hijo, tus pecados están perdonados" (Mc 2,5); es el médico que se inclina sobre cada uno de los enfermos que tienen necesidad de él (cf Mc 2,17) para curarlos; los restaura y los devuelve a la comunión fraterna. Por tanto, la confesión personal es la forma más significativa de la reconciliación con Dios y con la Iglesia. (Catecismo de la Iglesia Católica)

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Cuaresma: empieza el Camino a la Cruz

17.02.10 | 15:40. Archivado en Mística

Miércoles de Ceniza: ayuno, abstinencia, Misa, imposición de la ceniza, conversión, Cuaresma...

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Vocaciones Religiosas (II)

16.02.10 | 20:26. Archivado en Vida Consagrada

Antes que nada: he corregido el enlace que dejé puesto ayer. Ya se puede acceder a la encuesta.

Bueno, el tema de las vocaciones religiosas no es menos complejo que otros que hayamos tratado aquí. Y hablo en plural, porque si bien la Teología del Carisma engloba cualquier llamada a cualquiera de los Caminos de Dios, también es cierto que para cada persona, en cada circunstancia y en cada momento las formas y los tiempos son distintos.

Y no hay que olvidar que en Misa pedimos siempre por "las Vocaciones". Es decir, hoy día se trata de un problema de número. Sin embargo, en el vídeo que dejé colgado ayer, el Padre Carballo, Superior General OFM, dice que el problema no es tanto la cantidad como la calidad. Como si de unos buenos religiosos pudieran nacer más... Pues sí, y de eso hablaremos.

Pace Bene.

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Vocaciones Religiosas

15.02.10 | 19:13. Archivado en Vida Consagrada

También quisiera hablar y compartir con vosotros el tema de las vocaciones religiosas, abarcando también el tema del número, y de la aparente decadencia del mismo.

He colgado también una encuesta "introductoria" en http://maseo.blogspot.com/

Pace Bene.

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Benedicat Tibi Dominus (OFM hoy)

15.02.10 | 16:19. Archivado en Franciscanismo



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El Desposorio de Francisco y Clara (VII)

11.02.10 | 15:37. Archivado en Mística

Por su parte, Clara no vivió menos intensamente esta dimensión esponsal. Si bien Francisco, en la Forma de Vida para Santa Clara, dice:

Ya que por divina inspiración os habéis hecho hijas y siervas del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, y os habéis desposado con el Espíritu Santo, eligiendo vivir según la perfección del santo Evangelio, quiero y prometo tener siempre, por mí mismo y por mis hermanos, un cuidado amoroso y una solicitud especial de vosotras como de ellos.

Por su parte, Clara habla de Jesús como su Esposo, tal y como se puede ver en las Cartas a Santa Inés de Praga. De hecho, desde el principio de su vocación, tuvo claro ella a quién se había entregado. ¿Hay pues, contradicción entre lo que le dice Francisco y lo que ella siente y expresa con tanta claridad? Mas bien no, sino que, por el contrario, Francisco sabe que cuando te unes a Dios te unes por el Espíritu, es decir, te unes al Espíritu Santo. Y eso no quita que, viviendo esta esponsalidad con la Tercera Persona de la Trinidad, Clara viera y hasta deseara como a su Esposo a Jesús, quien se unió al hombre en una condición, sobre todo, Esponsal.

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El Desposorio de Francisco y Clara (VI)

09.02.10 | 20:20. Archivado en Mística

Ojalá, pues, todos los Consagrados y Religiosos de hoy tomáramos como fundamental esta dimensión esponsal, por la que Cristo Crucificado fuera nuestra aspiración, nuestro modelo, nuestro deseo... nuestro AMADO.

Francisco no inventó nada, sino que acogió el Don Esponsal que, como continuación de la Cruz, el Señor le otorgó vivir.

La Alianza del Calvario unió Cielo y Tierra. Y, trasladando eso al plano personal del que se entrega a Dios, la Unión con el Crucificado se hace cada día más plena, más fuerte, más real, y eso se ve, se nota... y contagia.

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El Desposorio de Francisco y Clara (V)

08.02.10 | 15:35. Archivado en Mística

Sin embargo, no hemos mencionado aún qué es lo que constituye el leit motiv de la espiritualidad esponsal de Francisco y, posteriormente, de Clara:

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Las Cartas de Santa Clara a Santa Inés de Praga

04.02.10 | 16:08. Archivado en Mística

Reproduzco aquí las Cartas de Santa Clara a Inés de Praga (fuente: franciscanos.org).

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El Desposorio de Francisco y Clara (IV)

04.02.10 | 15:16. Archivado en Mística

Ante tal resolución, convencido el padre de que no podía disuadir al hijo del camino comenzado, pone toda su alma en arrancarle el dinero. El varón de Dios deseaba emplearlo todo en ayuda de los pobres y en restaurar la capilla; pero, como no amaba el dinero, no sufrió engaño alguno bajo apariencia de bien, y quien no se sentía atado por él, no sé turbó lo más mínimo al perderlo. Por esto, habiéndose ya encontrado el dinero que el gran despreciador de las cosas terrenas y ávido buscador de las riquezas celestiales había arrojado entre el polvo de la ventana, se apaciguó un tanto el furor del padre y se mitigó algo la sed de su avaricia con el vaho del hallazgo. Después de todo esto, el padre lo emplazó a comparecer ante el obispo de la ciudad, para que, renunciando en sus manos a todos los bienes, le entregara cuanto poseía. A nada de esto se opuso; al contrario, gozoso en extremo, se dio prisa con toda su alma para hacer cuanto se le reclamaba.
Una vez en la presencia del obispo, no sufre demora ni vacila por nada; más bien, sin esperar palabra ni decirla, inmediatamente, quitándose y tirando todos sus vestidos, se los restituye al padre. Ni siquiera retiene los calzones, quedando ante todos del todo desnudo. Percatándose el obispo de su espíritu y admirado de su fervor y constancia, se levantó al momento y, acogiéndolo entre sus brazos, lo cubrió con su propio manto. Comprendió claramente que se trataba de un designio divino y que los hechos del varón de Dios que habían presenciado sus ojos encerraban un misterio. Estas son las razones por que en adelante será su protector. Y, animándolo y confortándolo, lo abrazó con entrañas de caridad (1 Cel 14).

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El Desposorio de Francisco y Clara (III)

02.02.10 | 19:24. Archivado en Mística

Había cerca de la ciudad una gruta, a la que se llegaban muchas veces, platicando mutuamente sobre el tesoro. Entraba en ella el varón de Dios, santo ya por su santa resolución, mientras su compañero le aguardaba fuera. Lleno de un nuevo y singular espíritu, oraba en lo íntimo a su Padre. Tenía sumo interés en que nadie supiera lo que sucedía dentro, y, ocultando sabiamente lo que con ocasión de algo bueno le acaecía de mejor, sólo con su Dios deliberaba sobre sus santas determinaciones. Con la mayor devoción oraba para que Dios, eterno y verdadero, le dirigiese en sus pasos y le enseñase a poner en práctica su voluntad. Sostenía en su alma tremenda lucha, y, mientras no llevaba a la práctica lo que había concebido en su corazón, no hallaba descanso; uno tras otro se sucedían en su mente los más varios pensamientos, y con tal insistencia que lo conturbaban duramente. Se abrasaba de fuego divino en su interior y no podía ocultar al exterior el ardor de su espíritu. Dolíase de haber pecado tan gravemente y de haber ofendido los ojos de la divina Majestad; no le deleitaban ya los pecados pasados ni los presentes; mas no había recibido todavía la plena seguridad de verse libre de los futuros. He aquí por qué cuando salía fuera, donde su compañero, se encontraba tan agotado por el esfuerzo, que uno era el que entraba y parecía otro el que salía.

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El Desposorio de Francisco y Clara (II)

01.02.10 | 15:48. Archivado en Mística

Es muy ilustrativo el texto que citábamos ayer:

Como los amigos miraran atrás y le vieran bastante alejado de ellos, se volvieron hasta él; atemorizados, lo contemplaban como hombre cambiado en otro. Uno de ellos le preguntó, diciéndole: «¿En qué pensabas, que no venías con nosotros? ¿Es que piensan, acaso, casarte?». A lo cual respondió vivazmente: «Decís verdad, porque estoy pensando en tomar una esposa tan noble, rica y hermosa como nunca habéis visto otra». Pero ellos lo tomaron a chacota. Él, sin embargo, no lo dijo por si, sino inspirado por Dios; porque la dicha esposa fue la verdadera religión que abrazó, entre todas la más noble, la más rica y la más hermosa en su pobreza

(TC 7).

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