El sábado tuve la ocasión de ir a ver Avatar, la archifamosa y archimillonaria película de James Cameron, el mismo que contó cómo se hundió el Titanic.
De entrada, desde un punto de vista puramente cinéfilo, de quien va a ver una película de ciencia ficción, la recomiendo. Efectos especiales (gafitas 3D incluidas), una historia que en si misma tampoco es que tire de espaldas y un mensaje moralista hacen del film digno de tener su espacio en la videoteca de casa.
Como cristiano, si uno tiene las ideas claras, puede ir a verla sin más problemas. Lo malo es cuando empezamos por desconocer qué significa el mismo título de la película y qué religiosidad se nos presenta. No lo contaré, naturalmente, pero, como bien ha dicho el Vaticano, el panteísmo que constituye el trasfondo de toda la trama es muy claro, y se corre el riesgo de confundirlo con el amor a la Creación que como cristianos debemos profesar:
- El dios que allí se presenta no es un dios personal, ni mucho menos. El cosmos es el mismo dios, y constituye un todo sacral, lleno de una energía que todo lo invade, todo lo crea y todo lo recrea. La comunión con esta divinidad viene dada a través de las criaturas que no son, sin embargo, tales, sino manifestaciones vivas de la gran diosa que todo lo gobierna y todo lo sabe, siendo ésta la misma naturaleza.
- La Teología Cristiana contempla la Creación como una manifestación del Amor de un Dios concreto, personal, Omnipotente y, sobre todo, CREADOR, como expresión y desbordamiento de un Amor Infinito. Por tanto, la Creación es Medio y no Fin, para llegar a Él, o, mejor, para descubrirle a Él en ella. Francisco de Asís vivió esto en su máxima expresión.
En definitiva, una película de fondo hinduista, con una sacralidad cósmica, un dios impersonal que se manifiesta en todo. Cierto que hablar de panteísmo es ser un poco estrictos (así lo vería X. Pikaza), pero en la medida que cada personaje adora a cada criatura como algo sacro en si mismo, hace inútil cualquier objeción.
Pace Bene.
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Tiene algo de la visión de Pablo: En Dios vivimos, nos movemos y existimos: Hech 17,27-28
Las " pelis" de fantasía irreal, me aburren el subconsciente. Nunca las finalizo de ver
(último continuación)
Ha una identificación entre mi discurso y yo, entre mis hijos y yo, pero no es una identificación total, ni mi discurso, ni mis hijos son yo.
Tampoco mis hijos forman parte intrínseca de mí. Haya visto las diferencias, distancias y hasta guerras generacionales. La siguiente generación no piensa como sus padres no son parte intrínseca del intelecto de ellos, ni de ellos mismos. Son seres independientes que se identifican en varios aspectos con sus padres, pero no hay una identificación total en base a la cual se pueda afirmar que son lo mismo o que hagan parte uno del otro.
Resta pensarmos en que se diferencia Dios de nosotros para que nosotros como su creacción "nos movamos y existamos en Él" como dicen las escrituras.
Pero a ese repecto nos haría falta muuuuuucho espacio para escribir.
(continuación)
El generar hijos. En lo que nuestra capacidad de creacción más se más se parece a Dios es en la creacción de una nueva vida (dejaremos a un lado en hecho de que para esto necesitamos de los genes, y toda la infraestructura biológica que Dios ya nos ha dejado preparada; tambéin dejaremos a un lado que nuestra decisión de tener hijo puede ser intelectual, si no quiero uso preservativo, pero no puede ser una decisión biológica, si mantengo relaciones con alguién del sexo opuesto y si ninguno de los dos es estéril,no podemos controlar biologicamente si va o no ocurrir un embarazo). Bien... mis hijos serán un creacción mia, y una decisión de mi voluntad, llevada a cabo, expresada, primeiro por mi intelecto (he decidido desvestirme y mantener relaciones sexuales con la intención de generar vida, entre otras intenciones), después con mi cuerpo biológico. Mis hijos no son yo.
(último continúa)
Kintín
No enteiendo como uno, en sentido de unidad y total identificación, el creador, su intelecto y la creatura.
Pondré dos ejemplos de creaccion donde me parece que eso no ocurre:
El discurso. Lo que hablo es la muestra, representacion o espejo de lo que pienso, de mi intelecto; ha sido creado por mi, lo he razonado y lo he expresado, pero no soy yo (Tampoco diría que es parte intrínseca mia porque puedo , pasada una década, cambiar mi punto de vista, recibir otras informaciones , cambiar mi visión sobre la vida a partir de novas experiencias vividas, quizas...sufridas,, razonar de otra manera, que puede incluso llegar a ser contraria a mi primer discurso y expresarlo. En este caso, y si hubiera tomado mi creaccion, mi primer discurso, como una parte intrinseca de mí, ya no existiría una identificacion del "yo" de una década antes con el "yo" de una década después, y así yo ya no sería yo.)
(continúa)
La Fe es una respuesta, pero no un argumento.
Cabría preguntarse hasta qué punto una obra no forma parte intrínseca del su creador. ¿Es el resultado de un proceso de su creador?, ¿es independiente de su voluntad?, ¿no es la plasmación de su intelecto?. A no ser que intelecto, voluntad y el efecto del los anteriores sean independientes físicamente del autor no veo la diferencia entre el SER, el proceso y el resultado. Sin el SER no habría resultado; el SER es la causa ¿es independiente el efecto de la causa?. El amor es el causa, el efecto es lo creado ¿es posible crear sin que la creación sea el efecto intelectivo del creador?. Todo ha sido creado, ¿como emanación de una mente creadora?. ¿Por ultimo que entendemos por intelecto?, ¿tenemos capacidad suficiente para comprender el TODO?, ¿si no podemos compreder la TOTALIDAD podemos entender el proceso?. ¿No afecta acaso toda creación a su creador?. ¿Si no comprendemos cómo podemos dar seguridad de lo que no somo capaces de entender?.
Viernes, 17 de febrero
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