
"Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió en medio de sus hermanos. Y a partir de entonces, vino sobre David el espíritu de Yahveh. Samuel se levantó y se fue a Ramá" (1 Sam 16, 13).
"Y en cuanto a vosotros, la unción que de El habéis recibido permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas - y es verdadera y no mentirosa - según os enseñó, permaneced en Él" (1 Jn 2, 26-27).
El primer texto podría constituir, en si mismo, una prefiguración del Bautismo de Jesús, aunque no en sentido estricto, porque no prenanunciaba nada, sino que, más bien, inaugura la Dinastía Mesiánica, de la que saldrá Jesús.
Y en este sentido será Jesús ungido en el Jordán, cuando baje a Él el Espíritu Santo, y el Padre lo señale a Él como EL HIJO. Así como Jesús se ofrece en un Sacrificio que está en plena consonancia con los Sacrificios Veterotestamentarios, también instaura sus Signos en línea israelita, por mucho que su contenido supere a los anteriores. Así, Jesús es ungido en el Jordán, puesto que así empezó David a ser Rey, y así quiere empezar Él a ser el Hijo que anuncia al Padre a los hombres. Y del Padre recibe, por Juan, una Unción que le marca como el Enviado entre los hombres. Es el Hijo de Dios, el Hijo del Hombre, el HOMBRE.
En el segundo texto, Juan nos enseña que la unción que Jesús recibió del Padre, o sea, el Espíritu, nos la deja a nosotros tras subir al Padre:
Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá,pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él». Le dice Judas - no el Iscariote -: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?». Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre,os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho (Jn 14, 16-26).
Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí (Jn 15, 26).
Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré (Jn 16, 7).
Yo les he dado la Gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno (Jn 17, 22).
Jesús nos ha dejado su Gloria, por el Paráclito. Es la Unción a que se refiere Juan. De modo que Dios está con nosotros, por su Hijo, por el Espíritu. Incorporarnos a este Misterio depende de nosotros. "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos".
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El Paráclito - del griego "parakletos", abogado, defensor - es el Espíritu Santo, pero no entendido como la fuerza inspiradora, purificadora y renovadora de Pentecostés, sino como el que permanece una vez Jesús se ha ido, como consolador, inspirador, es decir, aquél por el cual nos sentimos movidos a rezar, por ejemplo. Es la presencia perenne de Dios por el Espíritu en nosotros. Por así decirlo, sustituye a Jesús y nos acompaña.
Que artículo más complicado. “Cuando venga el Paráclitico que yo os enviaré junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre. Él dará testimonio de mí...El Padre, el Espíritu, y Él…Hasta ahí, vale, ¿Quién ese Paráclítico?
Los dos párrafos siguientes también son complicados
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni