Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

Volver a Él de corazón

12.01.10 | 15:46. Archivado en Franciscanismo
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro.

El Cántico de las Laudes de hoy, correspondientes al Martes I del Tiempo Ordinario, está extraido de Tb 13, 1-10. Me ha llamado la atención este párrafo, pues contiene lo que el género Midrashico, en la línea del pacto sinaítico, quería enseñar: si sois fieles a Yahveh, Él os protegerá y os bendecirá.

Para nosotros, bien podría tener otra lectura, que es la que Francisco y Clara, por ejemplo, pusieron en práctica: la Generosidad de nuestra vida, de cara a Dios y a los demás, nunca quedará sin la respuesta de Dios, el cual se nos dará, entonces, con total efusión de Amor e Intimidad. En efecto, una vez que el Pacto del Sinaí ha quedado superado en el Nuevo Pacto del Gólgota, y refrendado con la Resurrección y Pentecostés, sabemos que buscando a Dios, del que parte toda iniciativa, nunca estaremos solos. Al revés, Dios mismo se volcará en nuestras vidas, o mejor, le "captaremos".

No nos promete con ello una felicidad o bienestar terrenos o materiales, ni siquiera en lo personal o afectivo, pero sí su Gracia y su Compañía. Porque imitar a Jesús es seguir sus pasos, opuestos siempre a los valores del Mundo, y eso trae Cruz. Y, claro, a ninguno nos gusta eso. Siempre me han dicho que si mi vida es muy tranquila es que quizá no hago lo que debería, que quizá no soy lo fiel y entregado que Dios me ha concedido ser. Y es verdad. Una vida relajada, acomodada al mundo, no comporta complicaciones. Pero una vida exigente, que se contrasta con las directrices de una sociedad cada vez más increyente, siguiendo una línea recta (no por ello carente de sensibilidad, ojo), con Dios como meta, poniendo por práctica el Evangelio... es lo que a Francisco y Clara les trajo problemas. No tuvieron miedo al sacrificio, a la persecución, al hambre, a ser generosos hasta el fin. Y, claro, el Señor les regaló consolaciones:

En cierta ocasión en que el bienaventurado Francisco estaba en Rieti y se había hospedado durante unos días en casa de Tabaldo «el Sarraceno» a causa de la enfermedad de sus ojos, dijo a uno de sus compañeros que en el mundo había aprendido a tocar la cítara: «Hermano, los hijos de este mundo no comprenden las cosas de Dios. Antiguamente, los instrumentos músicos, como cítaras, salterios de diez cuerdas y otros, servían a los santos para la alabanza a Dios y para consuelo de sus almas; pero ahora los emplean los hombres para la vanidad y el pecado, en contra de la voluntad del Señor. Quisiera que te procuraras en secreto de algún buen hombre una cítara y con ella me cantases algún verso bello y honesto, y luego, acompañados de ella, dijésemos las palabras y alabanzas del Señor, pues mi cuerpo está afligido por esta gran enfermedad y dolores. Querría que de esta forma se redujera el dolor del cuerpo para alegría y consuelo del espíritu».
Es de saber que durante su enfermedad el bienaventurado Francisco había compuesto las Alabanzas del Señor, que las hacía cantar, a veces, a sus hermanos para gloria de Dios, consuelo de su alma y también para edificación del prójimo.
El hermano respondió: «Padre, me da vergüenza ir a pedir la cítara; más que nada, porque los habitantes de esta ciudad saben que, estando en el mundo, la tocaba, y ahora temo que sospechen que he sido tentado de volver a tocar la cítara». «Está bien, hermano -dijo el bienaventurado Francisco-, no hablemos más de esto».
Hacia la media noche siguiente, estando despierto el bienaventurado Francisco, oyó al lado de la casa donde descansaba el punteo de una cítara que acompañaba un poema bello, tan agradable como nunca en su vida había escuchado. El músico se paseaba, alejándose primero hasta donde podía ser oído y volviendo luego sin dejar de tocar. Así estuvo durante una hora larga.
El bienaventurado Francisco comprendió que todo aquello era merced de Dios y no obra del hombre; quedó anegado de alegría, y su corazón se desbordó con gran entusiasmo en alabanzas al Señor, que se había dignado consolarle tan abundantemente. Por la mañana al levantarse dijo a su compañero: «Hermano, te hice un ruego, y no me complaciste; pero el Señor, que consolará a sus amigos en las tribulaciones, se ha dignado complacerme esta noche». Y le contó lo sucedido.
Los hermanos, al enterarse, admirados, consideraron lo acaecido como un gran milagro. Estaban seguros de que Dios había intervenido para consolar al bienaventurado Francisco, porque, por decreto del podestà que estaba en vigor, nadie podía transitar por la ciudad, no ya a media noche, pero ni siquiera después del tercer toque de la campana. Y además porque, como lo declaró el bienaventurado Francisco, fue en el silencio, sin palabras ni estrépito de voces -porque era obra de Dios-, como el músico iba y venía tocando durante una larga hora para consuelo de su alma

. (LP 66).

1 comentario


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por pablo 14.01.10 | 20:56

    Bello pasaaje de las escrituras has elegido Miguel. Que bueno es tener el rostro de Dios a nuestro favor. Cuan suaves y deliciosos son sus toques al espiritu. Con cuanta delicadeza se comunica con nosotros pecadores siendo El todo santidad.
    Un saludo Miguel. Tus escritos como siempre son inspirados sigue así

Viernes, 1 de junio

BUSCAR

Editado por

Los mejores videos

Síguenos

Hemeroteca

Septiembre 2011
LMXJVSD
<<  <   >  >>
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Sindicación