Aunque todavía queda por celebrar, el próximo Domingo, la Fiesta del Bautismo del Señor, ya podemos ir haciendo una reflexión acerca de cómo hemos vivido, espiritualmente, esta Navidad.
Es una fiesta que, por lo demás entrañable, corre el riesgo de convertirse en sólo eso: entrañable, bucólica, en la que quizá valga la pena montar un Belén en casa o poner un arbolito. Pero para los que somos y nos llamamos cristianos, lo que de veras puede hacer que seamos testimonio para la sociedad y, en consecuencia, quizá contagiemos a más gente de espíritu cristiano, es la vivencia auténtica de una Fiesta que, en su profundidad, nos es muy cercana en lo que a la vida cotidiana se refiere.
Por ejemplo, ¿hemos hecho algún propósito que nos ayude, en su cumplimiento, a llegar más dispuestos a celebrar y dejarnos empapar del Nacimiento de Cristo? ¿Hemos meditado, a solas con Dios, con la Palabra en la mano y Oración en el corazón, qué significa y qué nos puede aportar, de veras, la Encarnación? Si la celebración comunitaria nos permite expresar nuestra Fe, no es menos importante el recogimiento interior y los momentos de soledad e intimidad con el Señor. Y esto, que es muy general, aplicado a la Natividad viene que ni pintado. Porque rezar ante un Niño que es Dios nos debería, cuando menos, llevar a preguntarnos cuán dispuestos estamos a ser humildes, a dejar que se nos considere menos de lo que nos gustaría, a saber pasar con lo necesario, a saber adorar, a saber ser agradecidos, sencillos...
Como se ve, mucho se desprende de los Misterios de la Vida de Jesús. Tanto, que moriremos y parecerá que no hemos hecho nada. "Comencemos, hermanos, a servir al Señor, que hasta ahora poco o nada hemos hecho" (1 Cel 103). Esta frase dijo Francisco, nada menos. Él, que tanto se había preocupado en imitar a Jesús, se daba cuenta de que lo insondable de la Encarnación nos supera por todos los costados y que, como mucho, podemos aspirar a hacer de nuestras vidas un pobre borrador de la del Maestro. Pero, volviendo al hilo, creo que no podemos hacer como los que no creen, o creen menos. Cada cual vive las Fiestas como quiere, pero es nuestro cometido darles el pleno sentido, buscando en ellas la enseñanza que encierran, la llamada de Dios apelándonos, diciéndonos: "Mirad, os he dejado un modelo, frágil y encarnado, seguidlo". No está bien que nos contentemos con ir a la Misa del Gallo o hacer una vigilia. Lo importante es buscar la esencia y dejarnos empapar por ella. No haciendo violencia o a base de puños, sino dejando que, como la llovizna, empape la tierra. Dejar actuar a Dios, pero buscándole.
Estas Navidades, tan especiales, ojalá nos hayan dejado a todos un corazón más alegre y generoso que cuando las empezamos. O, al menos, una sincera y auténtica intención, que ya es comenzar. Sin embargo, pienso que un Consagrado ni puede ni debe contentarse con intentarlo, puesto que Jesús no lo intentó, se encarnó sin más.
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Tu respueta es sensata .Me has convencido.Gracias
Pace Bene Marina. Para ir a Misa, rezar o practicar la Caridad no hay que ser perfectos. Al contrario, es una tentación pensar que por no ser dignos es mejor dejar de ir a Misa. ¿Y entonces qué harás? Porque yendo a Misa te vencerás, dormirás un poco menos e irás a ver al Señor. Eso es lo importante: el por qué hacemos las cosas, y con cuánta generosidad. De lo contrario, dejando la Misa y la oración, perderás la fuente que alimenta tu espiritualidad, y eso sí sería malo. Jesús viene a todos, digno no hay nadie. Si no te centras en la Misa, intenta meditar el Evangelio del día, a ver qué te dice.
Se supone que para encontrar a Dios, hay que ser creyentes a tope y ser devotas ¿ó no? , Me fastidia decir; que no profeso ninguna de las opciones ó virtudes anteriores citadas. Mira que lo intento en cada domingo que asisto a misa. Pero me doy cuenta, que no soy digna de pisar el Templo .Además, no me veo como las demás feligresas: centradas y atentas al oficio religioso .Pienso que la oración no va conmigo y que lo mejor sería no acudir mas a las misas, ni a la iglesia hasta notar dentro de mí algo que me estimule a volver...y que aprovecharía mas el día, quedándome en la camita durmiendo los domingos y días de preceptos .Sinceramente, creo que estoy ocupando un banco que muy bien sería necesario para otro/a creyente.
Hola Marina. Para mi opinión, se trata de buscar a Dios allí donde más le podemos encontrar: la oración y la Eucaristía. Pero acercarse a Jesús es contemplarlo y, de allí, pasar a los hechos, a la luz de lo que hemos contemplado y meditado. Francisco rezaba y meditaba, pero procuraba poner en práctica la Vida misma de Jesús.
El artículo es majo.Las preguntas que haces... las siento difíciles de responder.Pero entiendo que la respuesta hay que buscarla , pero...¿ En dónde ? Si es en nosotros mismos, primero hay que actuar en consecuencia.Me parece que estoy liada
Blogger.- Desde mi humilde opinión (entendí perfectamente lo que escribió y lo asumí como dicho para mi, no es pedantería es que perdí de vista que estaba en un foro-lo siento-)me acojo al milagro de la hemorroisa, por ello dije que me conformaba con ser su felpudo. Entiendo que una no puede quedarse en la puerta cuando ya está abierta...hay que traspasarla y caminar. Efectivamente al principio nos alimentamos de leche pero luego hay que ir comiendo sólido, supongo que las pautas no las ponemos nosotros, El sabe cuanto podemos digerir dado (por mi hablo) que no todos somos fuertes en salud espiritual. Gracias por sus apreciaciones, me gustó muchísimo el artículo ( yo le llamo orbayo a la lluvia que no moja, pero empapa la tierra).
Pace Bene. Ciertamente, con la expresión en cuestión quizá ha podido parecer que la Encarnación fue algo simple. Desde luego, la santidad es tarea exigente, ardua y difícil, con Tabor y Getsemaní. Pero lo he dicho en el contexto de que los consagrados podemos caer en la trampa de pensar que con unos mínimos basta, y es al revés. Al haber escogido imitar la Vida del Hijo de Dios tenemos que ser, de verdad, generosos. La Gracia que Dios dé a cada uno, y la dificultad o circunstancias personales, Él las sabe. Ojalá yo fuera un consagrado de pies a cabeza. Lo que importa es cuánto le amamos y lo que hacemos por Él. Estoy de acuerdo: con ser su felpudo nos conformamos. Siempre que no se nos pida algo más.
Con todos los respetos, iba todo bien hasta que escribió....Jesús no sólo lo intentó, sino que se encarnó sin más. Ud. no sabe lo que cuesta imitarlo me ha puesto el listón muy alto. No sé los demás, pero me conformo con ser su felpudo... El ya me entiende.
Viernes, 1 de junio
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