(Jn 1, 1-5).En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
Ella estaba en el principio con Dios.
Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres,
y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.
Estas palabras podrían ser iluminadoras para el Nuevo Año que en breve estrenaremos. Empezarlo con Luz, la Luz de Dios, y tomándonos más en serio a Jesús, dejando que nos hable al corazón, pidiéndole la Gracia de comenzar de nuevo, borrando y olvidando los pecados y sinsabores que espiritualmente hayamos pasado. Que empecemos, de verdad, con el propósito de hacer de Jesús el centro y la prioridad de nuestras vidas. Que seamos portadores de Esperanza y Paz, sabiendo que Jesús vive y que su Luz permanece siempre sobre las tinieblas, y nuestras tinieblas. Terminar el año con una confesión general y, si se puede, haciendo Vigilia en Nochevieja, tratando de encontrarnos con nosotros mismos y con Dios, pidiendo que su Palabra, Jesús, su Hijo, nos dé Luz y Fuerza para el 2011.
“No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor” (Lc. 2, 10-11)
Este debe ser el anuncio de todo cristiano esta Noche Santa, al igual que hizo Juan Pablo II: “¡No temáis, abrid de par en par las puertas a Cristo!”
Tal vez la respuesta de muchos sería: este niño que vosotros anunciáis nació ya hace más de 2.000 años.
Sí, Jesús, el Cristo Señor, se hizo hombre, se hizo uno de nosotros, ya hace más de 2.000 años, pero año tras año está buscando nacer en aquella alma que quiera abrirle y darle cobijo, y por eso nosotros anunciamos: ¡NO TEMAIS! ¡ABRID LAS PUERTAS A CRISTO!
Porque se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres (Tt 2, 11), sin excepción, Él llama a todos, Él quiere nacer y morar en todos los hombres.
María, portadora de LUZ y de ESPERANZA, es la encargada de llamar una y otra vez a nuestro corazón. Ella lleva en su seno al Hijo de Dios. Ella es la que toca las puertas de nuestra alma para pedirnos: ¿Puedo hospedarme esta noche en tu casa para dar a luz a mi Hijo?
Si supiéramos reconocer su voz, si hiciéramos el esfuerzo de preparar nuestra alma para esta Gran Noche, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, viviendo con sensatez, justicia y piedad en el tiempo presente (Tt 2,12), exclamaríamos: ¿quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a visitarme? (Lc 1, 43)
Aun estamos a tiempo para preparar nuestra alma, PONGÁMONOS EN MANOS DE MARÍA:
María, tú has llamado pidiendo poder entrar en mi casa esta noche, para dar a luz a tu Hijo.
Mira: No tengo más que esta pobre cueva que es mi alma, llena de imperfecciones y pecados. Sin luz, fría.
Igual que hiciste en Belén, para preparar la llegada de tu Hijo, limpia tú mi alma, ordena todo este desbarajuste, prepara un sitio para mi Señor, enciende una lumbre para que sea un lugar cálido para vosotros. Pero hazlo tú, Madre, enséñame que es lo que puedo hacer para ayudarte a prepararlo todo en mi interior para su llegada.
Te dejo hospedarte en mi corazón. Te dejo dar a luz a tu Hijo en mi alma.
A cambio solo te pido que seas tú la encargada de preparar este pobre lugar para tu Hijo.
Y cuando llegue el momento y El nazca, se tú, Madre, la que me lo entregues, la que lo dejes entre mis brazos para que pueda besarlo, amarlo, darle calor y adorarlo.
Y solo me queda darte las gracias, María, y FELICITARTE en esta GRAN NOCHE, pues cuando lo tenga entre mis brazos no tan solo lo alabaré y adoraré, sino que inevitablemente, mirándote a ti, María, podré decir con todas mis fuerzas:
AVE MARIA, LLENA DE GRACIA, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO. BENDITA TU ERES ENTRE TODAS LAS MUJERES Y BENDITO ES EL FRUTO DE TU VIENTRE, JESÚS.
Iluminada de Pisa, OFS.
LA VIRGEN QUEDÓ EMBARAZADA POR OBRA Y GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO.
Posiblemente cuando María regresa de casa de su prima Isabel, habiendo transcurrido más de tres meses de la Encarnación del Verbo en su seno, ya son más que visibles las señas externas de su maternidad. Llega María a Nazaret, donde vive José, su esposo, este puede percibir con natural congoja los cambios sustanciales sufridos en María, para Él, el hecho es inexplicable, no sabiendo conciliar lo que parecía una falta, que la ley castiga severamente, con la virtud que claramente resplandecía en su esposa, tanto en sus palabras como en su conducta, virtud que nunca había dejado de admirar.
Conforme se revela el Misterio de la maternidad de María también este misterio se despierta en la conciencia de José, que siendo justo, no quiso denunciarla y resolvió abandonarla en secreto como dice el Evangelio de Mateo. Y es precisamente cuando José, esposo de María y ya su esposo ante la Ley recibe su Anunciación personal. Oye durante la noche las palabras que cambian el curso de la historia personal de José, palabras que son explicación y al mismo tiempo invitación de parte de Dios a que no temas recibir en tu casa a María. A la vez Dios confía a José aquel misterio, cuyo cumplimiento habían esperado desde muchas generaciones la estirpe de David y toda la casa de Israel, y al mismo tiempo le confía todo aquello de lo que depende la realización de este misterio en la historia del pueblo de Dios, en la historia de nuestra conversión.
Desde el momento en que estas palabras llegaron a su conciencia, José se convierte en el hombre de la elección Divina, hombre de una particular confianza. José entra a formar parte de la historia de la Salvación con la sencillez y la humildad, en las que se manifiesta la profundidad espiritual del hombre, y él lo llena completamente con su vida. Al despertar José de su sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado. En estas palabras se encierra la decisión trascendental en la vida de José y la plena característica de su santidad. José es hombre de acción y de trabajo.
Dios permite que las dudas y las tentaciones sobrevuelen a José para que éste a través de la purificación abra las puertas de su corazón a Dios como dirá San Francisco varios siglos después: "y con voz sonora canta el santo evangelio. Su voz potente y dulce, su voz clara y bien timbrada, invita a todos a los premios supremos. Luego predica al pueblo que asiste, y tanto al hablar del nacimiento del Rey pobre como de la pequeña ciudad de Belén dice palabras que vierten miel. Muchas veces, al querer mencionar a Cristo Jesús, encendido en amor, le dice «el Niño de Bethleem», y, pronunciando «Bethleem» como oveja que bala, su boca se llena de voz; más aún, de tierna afección. Cuando le llamaba «niño de Bethleem» o «Jesús», se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara en su paladar la dulzura de estas palabras".
Pace et Bene.
Bernardo da Quintavalle.OFS
Hemos llegado al tercer Domingo de Adviento. Paso a paso nos vamos acercando a la llegada, al nacimiento del Mesías anunciado.
Como San Juan, que vivió para anunciar la llegada del Ungido, del hijo de Dios.
¿Estamos nosotros preparados para recibir en nuestras casas, o mejor en nuestros corazones a nuestro Señor?
Juan es el encargado de anunciar su llegada, es un gran profeta seguido por muchos, pero desde el momento en llega Jesús, él se hace pequeño. Su vida se vuelve complicada y tormentosa. Pasa por la cárcel, se supone que con dudas, miedo y desesperanza. El Mesías ha llegado pero no con poder y gloria sino con misericordia y gracia.
Llega humilde, sencillo, tierno, pequeño. Llega dispuesto a conquistar los corazones de la gente y no como guerrero fuerte y poderoso sino con las armas del AMOR Y LA MISERICORDIA.
Año tras año nos convencemos a nosotros mismos de que éste será distinto, diferente. “Este será el año en que dejaré que Jesús nazca en mi corazón” y cuando acaba la Navidad nos damos cuenta que hemos abierto las puertas al consumismo, a la televisión, al que dirán si no hago esto o lo otro, al orgullo, al egoísmo, a la envidia, a tantas cosas que no nos dejan ver que lo más importante es que hay un niño que quiere entrar en nuestras vidas, en nuestros corazones y no le hemos dejado espacio.
Como dijo la Virgen de Medjugorge en su mensaje del 25 de Diciembre de 1992:”Queridos hijos, deseo poneros a todos bajo mi manto y protegeros de los ataques satánicos. Hoy es el día de la paz, pero en el mundo entero hay mucha falta de paz. Por eso os invito a construir conmigo, por medio de la oración, un nuevo mundo de paz.
Sin vosotros, yo no puedo hacerlo, y por eso os invito a todos con mi amor maternal a que me ayudéis, y el resto lo hará Dios. Por lo tanto, abríos a los planes de Dios y a vuestros proyectos para poder colaborar con Él al bien y a la paz. Y no olvidéis que vuestras vidas no os pertenecen, sino que son un don con el que debéis llevar alegría a los otros y guiaros hacia la vida eterna. Queridos hijos, que la ternura de mi Pequeño Jesús os acompañe siempre. Gracias por haber respondido a mi llamada.” Ojalá sepamos hacer nuestro el mensaje de la Virgen, pacificar nuestro corazón y trasmitir esa paz a los demás. Jesús viene a bendecir, a pacificar y a perdonar; viene para hablarnos del Padre y enseñarnos a rezar; viene a establecer que lo más importante de todo es el AMOR amando él mismo hasta la muerte. Atiéndele, está en tu corazón, está llamando a TU puerta. Déjale entrar.
Clara de Asís.
La meditación del segundo domingo de Adviento, CONVERSIÓN, no necesita ni de grandes títulos ni de adjetivos que coronen esta palabra. Conversión, manida palabra que hemos traducido del griego, “metanoia”, cuyo primer interrogante será plantarnos si el sentido que se le ha dado es el correcto. Hace bastantes años leí un libro del Cardenal Martíni que se titulaba: “Las Confesiones de San Pablo”. En él, el Biblista y exegeta, se adentraba en las mismas entrañas del apóstol de las gentes para poder beber, aunque fuera tan sólo un poquito, de la miel que nos transmite en sus cartas sobre su propia conversión. La raíz hebrea del verbo es “SUB”, que no quiere decir desandar lo andado y volver a empezar. El verdadero sentido que tiene para los hebreos, que es el mismo sentido que le daba, Jesús, María y José, cuando rezaban y recitaban la Torá, es el de ACEPTAR, ACOGER e INTERIORIZAR la invitación inveterada, desde la misma Creación, que hace DIOS para que nos decidamos por El. Así como Dios nos crea como consecuencia de la Revelación de su AMOR, también es cierto que hace al hombre un ser personal, responsable y capaz de tomar decisiones, es decir, con VOLUNTAD, y sin la acción de su voluntad Él no forzará al hombre a dejarlo actuar en su historia, en su vida. No consiste en un acto Violento, forzado y fustigado, a sentir el arrepentimiento, a veces, sólo externo porque, en realidad y en nuestro interior, no lo sentimos de corazón. NO! NO!, no consiste en esto. La CONVERSIÓN no es más que un acto, consciente, maduro, asumido e intrínseco hacia DIOS que se manifiesta, extrínsecamente, al exterior, es decir, al mundo. El discípulo amado, Juan, nos hace una gran distinción entre el tiempo que empleamos para fijar los horarios, tiempo material, y los tiempos de Dios, acciones acontecimientos en los que Dios interviene. El tiempo material, “Kronos”, y el tiempo de Dios, “Kairos”, se fusionan en un hito determinado de nuestra historia y aquí es cuando se produce la apertura de las puertas de nuestro corazón y, como decían los antiguos, que lo designaban con la palabra, “mirabilia”, dejamos actuar al Dios libertador en nuestras vidas. Dios libertador porque le dejamos actuar en nosotros y El hará maravillas en nuestras vidas y, de esta manera, nuestras vidas se vuelven alegría para Él y para nosotros.
La Conversión, a pesar de que tiene un hito de volverse hacia Dios, es un proceso que dura toda la vida, es lo que en el lenguaje Joánico, diríamos “angeliorum”, es decir, el que es tomado por el mensaje de Jesús. Este proceso, como cualquier proceso de noviazgo, que requiere mucho tiempo para el otro, dedicación, cariños, sentimientos y expresiones de nuestros deseos y afectos, también se requiere para alimentar, enriquecer y hacer crecer esta relación con Dios y, para ello, es necesaria la ORACIÓN, este vehículo regalado por Jesús y propiciado por Nuestra Madre, La Virgen María, y por todos los santos, basta reseñar a San Francisco de Asís, que se dice de él que “no era orante sino que, todo él, era oración”. Haciendo oración, participando de la Última Cena con Jesús, leyendo y meditando al Jesús escatológico, es decir, caminando por la tierra y dejándonos sus enseñanzas, y acogiendo, en definitiva, los Sacramentos que instituyó para nuestro ENCUENTRO CON ÉL, porque la dimensión de todo Sacramento, no lo olvidemos, es ENCARNATORIA, como decía Karl Rahner, cada vez que recibimos un sacramento se produce un encuentro ENCARNATORIO entre DIOS Y EL HOMBRE, podremos, primero, dejar libertad a Dios para que realice maravillas en nosotros y, segundo, nosotros podremos comprender la belleza y la grandeza del don de la vida regalado gratuitamente por Dios.
Una vez que se haya producido esta Apertura de nuestros corazones podremos entender la explosión de San Francisco de Asís, cuando en su Testamento nos dice: “ El Señor me dio de esta manera, a mí el hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia; en efecto, como estaba en pecados, me parecía muy amargo ver leprosos. Y el Señor mismo me condujo en medio de ellos, y practiqué con ellos la misericordia. Y, al separarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me tornó en dulzura de alma y cuerpo; y después de esto, permanecí un poco de tiempo y salí del siglo”.
¡DECIDÁMONOS YA POR DIOS EL HARÁ MARAVILLAS EN NOSOTROS!
Leone de Asís.

(Saludo a la Virgen María).Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres virgen hecha iglesia y elegida por el santísimo Padre del cielo, a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito, en la cual estuvo y está toda la plenitud de la gracia y todo bien. Salve, palacio suyo; salve, tabernáculo suyo; salve, casa suya. Salve, vestidura suya; salve, esclava suya; salve, Madre suya y todas vosotras, santas virtudes, que sois infundidas por la gracia e iluminación del Espíritu Santo en los corazones de los fieles, para que de infieles hagáis fieles a Dios.
(Antífona del Oficio de la Pasión).Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo ninguna semejante a ti entre las mujeres, hija y esclava del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros con san Miguel arcángel y con todas las virtudes de los cielos y con todos los santos ante tu santísimo amado Hijo, Señor y maestro.
‘No temáis, yo he vencido al mundo’ (Jn 16,33)
MARICARMEN Y FERNANDO BERMÚDEZ, ferberlop2003@yahoo.com.mx
SAN MARCOS (GUATEMALA).
ECLESALIA, 07/12/10.- Estamos siendo testigos de una de las mayores crisis de la historia. Es una crisis de humanidad. La globalización neoliberal ha llevado al mundo a una confusión y desequilibrio humano, abarcando todas sus dimensiones: económica, política, social, cultural, climática, religiosa, ética y espiritual. Ha entrado en crisis el sentido mismo de la vida del ser humano.
El sistema neoliberal actúa como un monstruo gigante, ante el cual parece que no se puede hacer nada y que hay que dejar las cosas como están aunque no nos gusten. En esta situación de crisis, como creyentes en Jesús, obligadamente nos vemos en la necesidad de volver la mirada a los tiempos antiguos de la iglesia naciente.
A finales del siglo I las comunidades cristianas vivieron también una situación de crisis. El imperio romano exigía a todos sus súbditos un sometimiento total al poder militar y a su estilo de vida. El emperador era considerado un dios al que había que rendirle culto.
Las comunidades cristianas se encontraron ante una disyuntiva: aceptar vivir sometidos al pensamiento único del imperio o rechazar la idolatría imperial viviendo marginados e incluso perseguidos. Algunos claudicaron, pero la mayoría resistió y no pocos fueron perseguidos a muerte. El Apocalipsis describe la resistencia de las comunidades frente al imperio aportando un mensaje de fortaleza y de esperanza. Llama los cristianos a enfrentar con valor y firmeza la lucha diaria contra el mal, porque Cristo resucitado está a nuestro lado y sólo él tiene en sus manos el destino de la historia humana. El Apocalipsis ofrece la clave para interpretar los acontecimientos de la historia a la luz de la fe.
Ahora no tenemos el imperio romano, pero tenemos otro imperio más poderoso y maligno que se ha constituido en el señor del mundo: el sistema capitalista neoliberal globalizado, que ha convertido el planeta en un gran mercado. Este es hoy el monstruo del Apocalipsis. Destruye la vida de los pobres y del medio ambiente, es causante del hambre de dos terceras partes de la humanidad, provoca guerras que arrasan pueblos sembrando destrucción y muerte e impone valores contrarios al espíritu de justicia y de misericordia proclamado por el evangelio de Jesús.
El monstruo se afana en dominar el mundo y someter la conciencia de los pueblos. Su ética es la ambición económica, el engaño y la violencia. Su dios el poder y el dinero. El monstruo entrega el poder a la bestia (Ap 13, 2-4). Ésta representa a todas aquellas personas e instituciones que defienden y personifican los intereses del monstruo: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio, Banco Central Europeo, Reserva Federal de Estados Unidos, Wall Street…, que han impuesto una dictadura de los mercados, un “terrorismo financiero”. El monstruo ha idolatrizado el mercado. No hay otro dios que el mercado. Las corporaciones transnacionales han tomado a todo el planeta como su campo de acción, haciendo del libre mercado un dogma sagrado, un dios. Hoy más que nunca interpelan con fuerza aquellas palabras de Jesús: “¡No se puede servir a Dios y al dinero!”.
Vivimos en un mundo complejo en donde el poder invisible de los intereses económicos y geopolíticos mueve los hilos de la historia. ¿Cómo leemos esta realidad desde la fe? En los últimos tiempos del Antiguo Testamento, el pueblo hebreo vivió sometido a la tiranía del rey helénico Antíoco IV. El libro de Daniel, igual que el Apocalipsis, llama al pueblo a armarse de valor y firmeza para ofrecer resistencia al poder opresor. Infunde ánimo y esperanza a la comunidad que vive en una situación de crisis, porque la última palabra no la tienen los poderes imperiales sino el Dios de la vida, el Dios de los pobres. Daniel describe el imperio con la visión de una estatua: “Era una estatua majestuosa, una estatua gigantesca y de un brillo extraordinario. Su aspecto era impresionante. Tenía la cabeza de oro fino, el pecho y los brazos de plata, el vientre y los muslos de bronce, las piernas de hierro y los pies de hierro mezclado con barro…Pero una piedra se desprendió sin intervención humana, chocó con los pies de hierro y barro de la estatua y la hizo pedazos. Del golpe se hicieron pedazos el hierro y el barro, el bronce, la plata y el oro, triturados como la paja cuando se limpia el trigo en verano, que el viento la arrebata sin dejar rastro. Y la piedra que deshizo la estatua creció hasta convertirse en una montaña grande” (Dn 2, 31-35).
El profeta se está refiriendo a los distintos imperios que han dominado al pueblo: el babilónico, el asirio, el egipcio y finalmente, el imperio griego macedónico. El Apocalipsis, después, se centrará en el imperio romano. La piedra que chocó con la estatua y la destrozó representa el reino de Dios, que es don gratuito y también esfuerzo del pueblo. Es por eso que tenemos la certeza de que este imperio que hoy domina al mundo no es eterno. Caerá, como cayó la estatua de Daniel. Proclama el Apocalipsis: “Cayó, cayó Babilonia la grande” (Ap.18,2), refiriéndose a la Roma imperial. Es el grito de esperanza de los profetas antiguos como el de los profetas de nuestro tiempo.
Muchos hombres y mujeres y movimientos sociales en todo el mundo, particularmente en los pueblos del sur, están descubriendo las flaquezas del monstruo, y a pesar de saberse débiles, desenmascaran su maldad y buscan estrategias para debilitarlo. Pedro Casaldáliga dice: “Somos soldados fracasados de una causa invencible”, porque es la causa de la justicia, la causa del amor, la causa de Jesús. La fuerza está en lo pequeño, en lo débil, en el niño de Belén. La última palabra no la tiene el poder del monstruo sino el Dios que se revela en Jesús y acompaña el caminar de los pobres de la tierra.
Tener esperanza en un mundo diferente es una amenaza para el monstruo neoliberal, que piensa que con él ha llegado el “fin de la historia”. Por eso, el monstruo trata de descalificar a los que sueñan en otro mundo posible, los llama demagogos, los difama e incluso los persigue y asesina.
El monstruo tiene la fuerza, las armas, el dinero y el poder, pero le falta la verdad, que la tienen aquellos hombres y mujeres, comunidades y movimientos sociales, que anhelan un mundo de justicia, de amor y de vida digna para todos sin exclusión, porque esta es la causa de Jesús, la causa de Dios. Desde su debilidad, Jesús en la gruta de Belén grita: ¡No temáis, yo he vencido al monstruo!
Navidad es un llamado a la resistencia y la reconstrucción de la esperanza. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
Mt 24, 37-44.
Y como sucedió en tiempo de Noé, así será la Parusía del Hijo del Hombre. Porque así como en el tiempo que precedió al diluvio, comían, bebían, tomaban en matrimonio y daban en matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no conocieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la Parusía del Hijo del Hombre. Entonces, estarán dos en el campo, el uno será tomado, y el otro dejado; dos estarán moliendo en el molino, la una será tomada y la otra dejada”. “Velad, pues, porque no sabéis en qué día vendrá vuestro Señor. Comprended bien esto, porque si supiera el amo de casa a qué hora de la noche el ladrón había de venir, velaría ciertamente y no dejaría horadar su casa. Por eso, también vosotros estad prontos, porque a la hora que no pensáis, vendrá el Hijo del Hombre.
Jesús nos propone hoy velar, estar pendientes, no dormirnos, vigilar y estar alerta, puesto que “vendrá el Hijo del Hombre”. Tal venida no debe ser temida, puesto que Jesús se nos manifestará (Epifanía) como un niño, y un niño pobre, indefenso. Será por tanto una venida teñida de gozo, de ternura y compasión. Nos traerá la Salvación.
Por tanto, la espera debe serlo en la línea que nos marcan Isaías y Pablo, y que Jesús deja también entrever: orar, ser fieles a lo que sabemos que debemos hacer cada día, ser agradecidos con los Dones que Dios nos otorga. Vivir las virtudes, frecuentar los Sacramentos, en especial la Eucaristía y la Penitencia, para poder preparar en nuestros corazones una morada digna de un Niño que, aun siendo tal, es Dios.
Decía Santa Clara en su Tercera Carta a Santa Inés de Praga que “En efecto, resulta evidente que, por la gracia de Dios, la más digna de las criaturas, el alma del hombre fiel, es mayor que el cielo, ya que los cielos y las demás criaturas no pueden contener al Creador, y sola el alma fiel es su morada y su sede, y esto solamente por la caridad”. Por tanto, hagámonos dignos de tal prerrogativa. Seamos agradecidos y fieles a Jesús. Busquémosle en la oración asidua, pidámosle la Luz para ver lo que nuestras limitaciones nos ocultan, y seamos generosos, ofreciéndole sacrificios y ofrendas, viviendo la Caridad y siendo benévolos con todos. Sólo así el Niño Jesús nos podrá encontrar preparados, e inhabitar en nosotros.
Pace Bene.

No pude seguir con el tema el día que hubiera querido, pero aquí estamos de nuevo. Maseo pregunta a Francisco, intrigado, o como para ponerle a prueba. No estoy seguro del verdadero motivo. Lo que sí es cierto es que es un pasaje muy bonito, y muy profundo, que nos puede hacer reflexionar en algunos sentidos.
Quisiera comentar mañana con vosotros este texto, uno de los más bonitos que se pueden encontrar en las Florecillas de Francisco.
(Flor 10).Cómo el hermano Maseo quiso poner a prueba la humildad de San Francisco.
Se hallaba San Francisco en el lugar de la Porciúncula con el hermano Maseo de Marignano, hombre de gran santidad y discreción y dotado de gracia para hablar de Dios; por ello lo amaba mucho San Francisco. Un día, al volver San Francisco del bosque, donde había ido a orar, el hermano Maseo quiso probar hasta dónde llegaba su humildad; le salió al encuentro y le dijo en tono de reproche:
- ¿Por qué a ti? ¿Por qué a ti? ¿Por qué a ti?
- ¿Qué quieres decir con eso? - repuso San Francisco.
Y el hermano Maseo:
- Me pregunto ¿por qué todo el mundo va detrás de ti y no parece sino que todos pugnan por verte, oírte y obedecerte? Tú no eres hermoso de cuerpo, no sobresales por la ciencia, no eres noble, y entonces, ¿por qué todo el mundo va en pos de ti?
Al oír esto, San Francisco sintió una grande alegría de espíritu, y estuvo por largo espacio vuelto el rostro al cielo y elevada la mente en Dios; después, con gran fervor de espíritu, se dirigió al hermano Maseo y le dijo:
-¿ Quieres saber por qué a mí? ¿Quieres saber por qué a mí? ¿Quieres saber por qué a mí viene todo el mundo? Esto me viene de los ojos del Dios altísimo, que miran en todas partes a buenos y malos, y esos ojos santísimos no han visto, entre los pecadores, ninguno más vil ni más inútil, ni más grande pecador que yo. Y como no ha hallado sobre la tierra otra criatura más vil para realizar la obra maravillosa que se había propuesto, me ha escogido a mí para confundir la nobleza, la grandeza, y la fortaleza, y la belleza, y la sabiduría del mundo, a fin de que quede patente que de Él, y no de creatura alguna, proviene toda virtud y todo bien, y nadie puede gloriarse en presencia de Él, sino que quien se gloría, ha de gloriarse en el Señor (1 Cor 27-31), a quien pertenece todo Honor y toda Gloria por siempre.
El hermano Maseo, ante una respuesta tan humilde y dicha con tanto fervor, quedó lleno de asombro y comprobó con certeza que San Francisco estaba bien cimentado en la verdadera humildad.
En alabanza de Cristo. Amén.
Ayer, en la homilía pronunciada en la Misa Solemne de la Festividad de San Francisco, el Ministro Provincial de la TOR dijo, entre otras cosas, algo muy acertado: el movimiento franciscano tuvo éxito porque quiso reformar la Iglesia de su tiempo desde dentro, siendo fieles a la misma, amándola.

(LP 5).Bendice la ciudad de Asís mientras es llevado a la Porciúncula
El bienaventurado Francisco permanecía todavía en el mismo palacio; pero, viendo que su mal empeoraba de día en día, hizo que le llevasen en camilla a la iglesia de Santa María de la Porciúncula, pues no podía ir a caballo, ya que se había agravado su enfermedad.
Al pasar junto al hospital, pidió a los que lo llevaban que dejaran la camilla en el suelo; y como, a consecuencia de la gravísima y larga enfermedad de los ojos, apenas podía ver, pidió que le giraran la camilla de suerte que quedara con el rostro vuelto a la ciudad de Asís. Enderezándose un poco, bendijo la ciudad, diciendo: «Señor, creo que esta ciudad fue en tiempos antiguos morada y refugio de hombres malos e injustos, mal vistos en todas estas provincias; pero veo que, por tu misericordia sobreabundante, cuando tú has querido, le has manifestado las riquezas de tu amor, para que ella sea estancia y habitación de quienes te conozcan, den gloria a tu nombre y difundan en todo el pueblo cristiano el perfume de una vida pura, de una doctrina ortodoxa y de una buena reputación. Te pido, por tanto, Señor Jesucristo, Padre de las misericordias, que no tengas en cuenta nuestra ingratitud, sino que recuerdes siempre la abundante misericordia que has mostrado en esta ciudad, para que ella sea siempre morada y estancia de quienes te conozcan y glorifiquen tu nombre bendito y glorioso en los siglos de los siglos. Amén». Acabada esta plegaria, le llevaron a Santa María de la Porciúncula.
Y allí, en el mismo lugar donde había comenzado, Francisco volvió al Padre. Ya compartimos ayer el Tránsito, la escena de su paso al Cielo. Hoy, no nos queda sino celebrar, con gozo, que el Señor nos concediera el Don de Francisco, su Presencia, su Testimonio, su Amor incondicional a Jesús Crucificado, su entrega fraternal a sus hermanos y a la Creación, que consideraba, simple y llanamente, hermana.
Dar Gracias a Dios por el Don de un hombre que iluminó el mundo dándonos a conocer lo profundo de la vida divina, conocimiento adquirido no en la Teología sino en la experiencia, en el Encuentro con quien se da a quienes lo buscan.
Me uno a la Acción de Gracias de un hermano:
Gracias, Padre, por el Don de Francisco.
Pace Bene.

(1 Cel 109-110).Había descansado ya unos pocos días en aquel lugar, para él tan querido; conociendo que la muerte estaba muy cercana, llamó a dos hermanos e hijos suyos preferidos y les mandó que, espiritualmente gozosos, cantaran en alta voz las alabanzas del Señor por la muerte que se avecinaba, o más bien, por la vida que era tan inminente. Y él entonó con la fuerza que pudo aquel salmo de David: Con mi voz clamé al Señor, con mi voz imploré piedad del Señor (Sal 141). Entre los presentes había un hermano a quien el Santo amaba con un afecto muy distinguido; era él muy solícito de todos los hermanos; viendo este hecho y sabedor del próximo desenlace de la vida del Santo, le dijo: «¡Padre bondadoso, mira que los hijos quedan ya sin padre y se ven privados de la verdadera luz de sus ojos! Acuérdate de los huérfanos que abandonas y, perdonadas todas sus culpas, alegra con tu santa bendición tanto a los presentes cuanto a los ausentes».
«Hijo mío -respondió el Santo-, Dios me llama. A mis hermanos, tanto a los ausentes como a los presentes, les perdono todas las ofensas y culpas y, en cuanto yo puedo, los absuelvo; cuando les comuniques estas cosas, bendícelos a todos en mi nombre».
Mandó luego que le trajesen el códice de los evangelios y pidió que se le leyera el evangelio de San Juan desde aquellas palabras: Seis días antes de la Pascua, sabiendo Jesús que le era llegada la hora de pasar de este mundo al Padre... (Jn 12,1 y 13,1). Era el mismo texto evangélico que el ministro había preparado para leérselo antes de haber recibido mandato alguno; fue también el que salió al abrir por primera vez el libro, siendo así que dicho volumen, del que tenía que leer el evangelio, contenía la Biblia íntegra. Ordenó luego que le pusieran un cilicio y que esparcieran ceniza sobre él, ya que dentro de poco sería tierra y ceniza.
Estando reunidos muchos hermanos, de los que él era padre y guía, y aguardando todos reverentes el feliz desenlace y la consumación dichosa de la vida del Santo, se desprendió de la carne aquella alma santísima, y, sumergida en un abismo de luz, el cuerpo se durmió en el Señor. Uno de sus hermanos y discípulos -bien conocido por su fama y cuyo nombre opino se ha de callar, pues, viviendo aún entre nosotros, no quiere gloriarse de tan singular gracia- vio cómo el alma del santísimo Padre subía entre muchas aguas derecha al cielo. Era como una estrella, parecida en tamaño a la luna, fúlgida como el sol, llevada en una blanca nubecilla.
Eternal Father, I offer You the Body and Blood, Soul and Divinity of Your dearly beloved Son, Our Lord Jesus Christ, in atonement for our sins and those of the whole world.(Padre Eterno, yo te ofrezco el Cuerpo, el Alma y la Divinidad de tu Amadísimo Hijo Nuestro Señor Jesucriso, como propiciación por nuestros pecados y por los del mundo entero).
For the sake of His sorrowful Passion, have mercy on us and on the whole world.
(Por su dolorosa Pasión, ten Misericordia de nosotros y del mundo entero).
Holy God, Holy Mighty One, Holy Immortal One, have mercy on us and on the whole world.
(Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten Misericordia de nosotros y del mundo entero).
Celebrábamos la semana pasada la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Ante la figura de Jesús Crucificado cabe preguntarse: ¿Aceptar las cruces o más bien AMARLAS?
VISIÓN Y DICTADO DE MARÍA VALTORTA EL 26 DE AGOSTO DE 1944
Veo a Ana saliendo al huerto–jardín. Va apoyándose en el brazo de una pariente (se ve porque se parecen). Está muy gruesa y parece cansada – quizás también porque hace bochorno, un bochorno muy parecido al que a mí me hace sentir abatida.
De hazteoir.org:
Sevilla tendrá el triste honor de convertirse, en octubre, en la capital mundial del aborto.
Empresarios y publicistas de la industria abortista, llegados de distintos países, se reunirán en un Congreso internacional cuyo lema será Aborto provocado: Consolidar la calidad y el acompañamiento.Un lema que declara, de manera escalofriante, el celo lucrativo de un negocio sin escrúpulos.
El negocio más próspero y sanguinario de nuestra época; más próspero y sanguinario que los secuestros o el tráfico de armas para el terrorismo. Y con la nueva ley española del aborto, el negocio más seguro también para sus multimillonarios verdugos.A ninguna ciudad se le ocurre promover un congreso de terroristas.
La Junta de Andalucía, en cambio, ha declarado el Congreso de la industria abortista mundial De interés Científico-Sanitario. Y el Ayuntamiento de Sevilla colabora de manera entusiasta en su financiación.
Diles al presidente andaluz y al alcalde que Sevilla ni España quieren ser capital mundial del aborto.Así se aplicará y no se aplicará tu dinero:
Tu dinero se usará para alojar en un hotel de lujo y mantener durante tres días (21, 22 y 23 de octubre) a más de un centenar de aborteros y publicistas del aborto.
Tu dinero NO se usará para ayudar a la mujer embarazada a tener a su hijo.
Tu dinero (que ya se usa para pagar abortos derivados de los hospitales públicos a los centros privados) se usará ahora para dar a conocer nuevas técnicas del aborto y métodos más eficientes para ganar dinero eliminando vidas humanas indefensas y dañando la salud de las mujeres.
Tu dinero NO se usará para ayudar a decenas de miles de mujeres afectadas por el síndrome post aborto.
Ayúdame a enviar miles de protestas al alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez-Monteseirín, y al presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán.
Ayúdame a inundar sus respectivas oficinas de la indignación de la gente por este nuevo abuso: no sólo imponen el aborto libre en contra de tu voluntad, sino que te obligan a contribuir con tu dinero a hacer más ricos aún a sus siniestros empresarios.
Pide ahora al presidente de la Junta y al Alcalde de Sevilla que retiren el patrocinio al Congreso internacional de abortistas y usen esos fondos públicos para apoyar a la mujer embarazada y promover la maternidad.http://www.hazteoir.org/node/32552
Firmar sólo te llevará un minuto. Y ayudarás a dejar patente la indignación de la mayoría de los ciudadanos con la divulgación de la cultura abortista financiada con fondos públicos.
Crear una fuerte corriente de opinión pública a favor del derecho a la vida, con acciones como ésta, será el modo de conseguir que los políticos deroguen la ley del aborto, por injusta y cruel.Gracias por tu compromiso infatigable con el derecho a vivir,
Ignacio Arsuaga y todo el equipo DAV
PD.- Además del mensaje que te proponemos para el alcalde y el presidente de la Junta, encontrarás un espacio en el formulario para escribir, si lo deseas, tu propio mensaje de protesta por este patrocinio del Congreso abortista mundial con fondos públicos de los contribuyentes españoles.
"Queridos hijos: estoy en medio de vosotros porque deseo ayudaros a superar las pruebas que este tiempo de purificación pone delante de vosotros. Hijos míos, una de ellas es el no perdonar y el no pedir perdón. Cada pecado ofende el amor y os aleja de Él; ¡el amor es Mi Hijo! Por eso, hijos míos, si deseáis caminar conmigo hacia la paz del amor de Dios, debéis aprender a perdonar y pedir perdón.¡Os doy las gracias!».
La verdad es que no me gusta opinar de según que situaciones, que son en sí mismas tristes y penosas, tanto para quienes las viven desde dentro como para los de fuera, que nunca verán, a este paso, nada atractivo ni en la Iglesia ni en Jesús. Y eso es culpa nuestra. Se nos pedirán cuentas.
Aunque este mensaje corresponde a Octubre del 2008, no ha perdido actualidad como todos los mensajes de nuestra Madre Santísima, por lo que hemos creído muy interesante hacerlo recordar, juntamente con el comentario del Padre Justo Antonio Lofeudo.
"¡Queridos hijos! De manera especial los llamo a todos ustedes para que oren por mis intenciones a fin de que por medio de sus oraciones se detenga el plan de Satanás sobre esta Tierra, que cada día está más lejos de Dios, y en lugar de Dios se pone a sí mismo y destruye todo lo que es hermoso y bueno en el alma de cada uno de ustedes. Por eso hijitos, ármense con la oración y el ayuno para que sean conscientes de cuánto Dios los ama y puedan hacer la voluntad de Dios. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!"

Mensaje de la Santísima Virgen María Reina de la Paz, del 25 de agosto de 2010, Medjugorje, Bosnia Herzegovina.
"¡Queridos hijos! Con gran alegría, también hoy, deseo nuevamente invitarlos: oren, oren, oren. Que este tiempo sea para ustedes tiempo de oración personal. Durante el día busquen un lugar donde, en recogimiento, puedan orar con alegría. Yo los amo y los bendigo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!".
Publiqué recientemente dos "posts" en los que hablaba de Medjugorje y Garabandal, lugares en los que la Virgen ha tenido la Misericordia de aparecerse (en Medjugorje continúa haciéndolo) y, responderé a las objeciones puestas diciendo, como comentó alguien, que para acogerlas, igual que para acoger el Evangelio, hay que abrir el corazón, no tanto la mente. Sólo acercándote a los acontecimientos, a los Mensajes, a los frutos salidos de tales apariciones... con neutralidad, después de haber hecho oración... te darás cuenta de que sólo puede ser la Virgen quien hable allí.
No puede ser el Maligno por la sencilla razón de que los frutos espirituales que se recogen a diario son curaciones, conversiones, vidas que vuelven a Dios, encuentros con la Virgen, almas más devotas... Por tanto, el Maligno no puede dar frutos buenos, precisamente por ser maligno, por mucho que pueda aparecerse disfrazado de lo que le dé la gana. Es de sentido común. Y, además, estaría luchando contra si mismo, lo cual es también impensable, dada su habitual tarea de tentador de almas.
Uno de los comentarios dejados acerca de Garabandal, el que más me sorprendió, fue que los mensajes son "muy escorados políticamente". Francamente, esto no me lo esperaba. Ahora resulta que al Cielo le interesa la política. Por otro lado, es una pena acercarte a lo trascendente desde una óptica política, y más aún cuando dices ser franciscano seglar. Además, como OFS usarás el Diurnal, me imagino. Y verás que en el propio de los santos aparece, cuando menos, Nuestra Señora de Lourdes. De ahí que tampoco entiendo que digas que no es litúrgicamente obligatorio. No lo es, las apariciones ni siquiera son un dogma. O lo tomas o lo dejas. Pero en cada una de ellas María nos marca un camino muy seguro de vida cristiana, en la que la Gracia caerá como lluvia suave y los horizontes espirituales se ensanchan cada vez más.
El comentario de Alfonso supongo que viene de alguien no creyente, de manera que no entraré.
El de Marina poco tiene que ver con las apariciones, dado que no se trata de tener o no, y no se puede generalizar con los sacerdotes: hay muchos muy buenos. En todo caso, debemos callar y rezar por ellos.
Pace Bene.
Medjugorje, Último Mensaje, 25 de agosto de 2010.
“¡Queridos hijos! Con alegría, también hoy, deseo nuevamente invitaros: orad, orad, orad. Que este tiempo sea para vosotros tiempo de oración personal. Durante el día buscad un lugar donde, en recogimiento, podáis orar con alegría. Yo os amo y os bendigo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!”
Os dejo este vídeo - en tres partes - para que conozcáis las apariciones de la Virgen en Garabandal, desde 1961 hasta 1965. Prestad atención sobre todo a los dos Mensajes.
En una situación como la actual, en la que tanto se relativiza la profesión religiosa, desde el mismo seno de muchas comunidades y de muchos religiosos y religiosos, es urgente predicar y gritar a los cuatro vientos que Jesús Crucificado sigue esperando nuestra Fidelidad de Consagrados, puesto que a Él nos consagramos, libremente, y nuestro vínculo con Él - vínculo esponsal - es Sacramento, es presencia viva y real del Hijo en nosotros, de forma que cuando somos infieles a nuestra profesión, le crucificamos de nuevo. Deberíamos pensarnos esto antes de actuar con ligereza, antes de caer, antes de actuar según nuestro parecer y no el Suyo. Como Consagrados debemos tener como centro de nuestra mirada a Aquél que en la Cruz derramó su Sangre... y resucitó.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
El Señor os bendiga y os guarde. Os muestre su faz y tenga misericordia de vosotras. Vuelva su rostro a vosotras y os dé la paz, a vosotras, hermanas e hijas mías, y a todas las otras que han de venir y permanecer en vuestra comunidad, y a todas las demás, tanto presentes como futuras, que perseveren hasta el fin en todos los otros monasterios de Damas Pobres.
Yo, Clara, sierva de Cristo, plantita de nuestro muy bienaventurado padre san Francisco, hermana y madre vuestra y de las demás hermanas pobres, aunque indigna, ruego a nuestro Señor Jesucristo, por su misericordia y por la intercesión de su santísima Madre santa María, y del bienaventurado Miguel arcángel y de todos los santos ángeles de Dios, de nuestro bienaventurado padre Francisco y de todos los santos y santas, que el mismo Padre celestial os dé y os confirme ésta su santísima bendición en el cielo y en la tierra: en la tierra, multiplicándoos en su gracia y en sus virtudes entre sus siervos y siervas en su Iglesia militante; y en el cielo, exaltándoos y glorificándoos en la Iglesia triunfante entre sus santos y santas.
Os bendigo en vida mía y después de mi muerte, como puedo y más de lo que puedo, con todas las bendiciones con las que el Padre de las misericordias ha bendecido y bendecirá a sus hijos e hijas en el cielo y en la tierra, y con las que el padre y la madre espiritual ha bendecido y bendecirá a sus hijos e hijas espirituales. Amén.
Sed siempre amantes de Dios y de vuestras almas y de todas vuestras hermanas, y sed siempre solícitas en observar lo que habéis prometido al Señor.
El Señor esté siempre con vosotras, y ojalá que vosotras estéis siempre con Él. Amén.
Me enseñaron hace tiempo que los Sacramentos no se reducen a los siete de la lista "oficial", los cuales, sin embargo, son esenciales para la vida cristiana. Lo que ocurre es que, si nos atenemos a la definición y a la esencia de lo que es un Sacramento, entonces nos encontramos que no son siete, sino muchos más, tantos como Encarnación de las Gracias que Dios otorga.

LP 84: De las grandezas que obró el Señor en Santa María de los ÁngelesLugar santo, en verdad, entre los lugares santos. Con razón es considerado digno de grandes honores.
Dichoso en su sobrenombre [la Porciúncula]; más dichoso en su nombre [Santa María]; su tercer nombre [de los Ángeles] es ahora augurio de favores.
Los ángeles difunden su luz en él; en él pasan las noches y cantan.
Después de arruinarse por completo esta iglesia, la restauró Francisco; fue una de las tres que reparó el mismo Padre.La eligió cuando cubrió sus miembros de saco. Fue aquí donde domeñó su cuerpo y lo obligó a someterse al alma.
Dentro de este templo nació la Orden de los Menores cuando una multitud de varones se puso a imitar el ejemplo del Padre.
Aquí fue donde Clara, esposa de Dios, se cortó por primera vez su cabellera y, pisoteando las pompas del mundo, se dispuso a seguir a Cristo.
La Madre de Dios tuvo aquí el doble y glorioso alumbramiento de los hermanos y las señoras, por los que volvió a derramar a Cristo por el mundo.Aquí fue estrechado el ancho camino del viejo mundo y dilatada la virtud de la gente por Dios llamada.
Compuesta la Regla, volvió a nacer la pobreza, se abdicó de los honores y volvió a brillar la cruz.
Si Francisco se ve turbado y cansado, aquí recobra el sosiego y su alma se renueva.Aquí se le muestra verdadero aquello de que duda y además se le otorga lo que el mismo Padre demanda.
La desnudez en sí, cuando expresa el despojo de todo - tanto material como espiritualmente - no es sino el derramar el perfume a los pies de Jesús y secarlos con los cabellos. Es ponerse a sus pies, amarlo incondicionalmente, porque sí, volverse loco por Él, hacer de Él el Amado del alma y hasta la obsesión de la vida.
Ningún consagrado debería pasar por este mundo sin haber sido capaz de vivir a la Luz de la Cruz, contemplada por Amor, abrazando el Misterio, entendiéndolo como el Sacrificio que Él hizo por mí, acogerlo y quererlo, respondiendo con fidelidad perenne.
A partir de los textos que he colgado en los dos post anteriores, queda como referente la desnudez de Cristo en la Cruz, expresión del total abandono en el Padre por un lado, y de su total Consagración en el Espíritu, por el otro.
(Mc 15, 24).Le crucifican y se reparten sus vestidos, echando a suertes a ver
qué se llevaba cada uno.
(CtaCla 1, 25-27).Pues creo firmemente que vos sabíais que el Señor no da ni promete el reino de los cielos sino a los pobres (cf. Mt 5,3), porque cuando se ama una cosa temporal, se pierde el fruto de la caridad; que no se puede servir a Dios y al dinero, porque o se ama a uno y se aborrece al otro, o se servirá a uno y se despreciará al otro (cf. Mt 6,24); y que un hombre vestido no puede luchar con otro desnudo, porque es más pronto derribado al suelo el que tiene de donde ser asido; y que no se puede permanecer glorioso en el siglo y luego reinar allá con Cristo...
(TC 20).El varón de Dios se levantó rebosando de alegría y confortado con las palabras del obispo; y, llevando ante él el dinero, le dijo: «Señor, no sólo quiero devolverle con gozo de mi alma el dinero adquirido al vender sus cosas, sino hasta mis propios vestidos». Y, entrando en la recámara del obispo, se desnudó de todos sus vestidos y, colocando el dinero encima de ellos, salió fuera desnudo en presencia del obispo y de su padre y demás presentes y dijo: «Oídme todos y entendedme: hasta ahora he llamado padre mío a Pedro Bernardone; pero como tengo propósito de consagrarme al servicio de Dios, le devuelvo el dinero por el que está tan enojado y todos los vestidos que de sus haberes tengo; y quiero desde ahora decir: Padre nuestro, que estás en los cielos, y no padre Pedro Bernardone». Y entonces se vio que el siervo de Dios llevaba bajo sus vestidos de colores un cilicio a raíz de la carne.
(2 Cel 214).De hecho, al acercarse a los últimos días, en los cuales a la luz temporal que se desvanecía sucedía la luz perpetua, demostró con ejemplo de virtudes que nada tenía de común con el mundo. Acabado, pues, con aquella enfermedad tan grave que puso fin a todos los dolores, hizo que lo pusieran desnudo sobre la desnuda tierra, para que en aquellas horas últimas, en que el enemigo podía todavía desfogar sus iras, pudiese luchar desnudo con el desnudo.
Fray Gil).Cómo fray Gil alababa más la obediencia que la oración
Estaba una vez un fraile en oración en su celda, y enviándole a decir el Guardián que saliese a buscar limosna, fuese inmediatamente a fray Gil y le dijo:
- Padre mío, yo estaba en oración, y el Guardián me ha mandado que vaya a pedir limosna; me parece que sería mejor hacer oración.
- Hijo -le respondió-, ¿no has aprendido ni entendido aún qué cosa es oración? Verdadera oración es hacer la voluntad del Prelado; y es indicio de grande soberbia en el que sometió su cuello al yugo de la obediencia santa el querer sacudirlo con alguna excusa para hacer la propia voluntad, aunque le parezca que obra más perfectamente. El religioso que es perfecto obediente se asemeja al caballero que monta un poderoso caballo, merced al cual pasa intrépido por medio del enemigo; y el religioso desobediente, quejumbroso e indócil, es semejante al que monta un caballo flaco, triste, enfermo y resabiado, al cual los enemigos vencen, matan o prenden con poca fatiga. Dígote que si un hombre tuviese tanta devoción y elevación de espíritu que hablase con los ángeles, y ocupado en eso le llamase su Prelado, debería dejar inmediatamente el coloquio de los ángeles y obedecer al Prelado.
En alabanza de Jesucristo y del pobrecillo Francisco. Amén.

En un pueblecito pequeño de la antigua Yusgoslavia donde la Virgen María se viene apareciendo desde 1981.
No son unas apariciones marianas más, sino una verdadera fuente de paz donde miles de personas se han convertido y se siguen convirtiendo, donde miles de almas han encontrado la paz en sus vidas, en sus familias y en donde la Iglesia está viviendo un renacer espiritual sin precedentes.
¿Cuáles son los puntos claves de la espiritualidad de Medjugorje?
1. La oración
2. El ayuno
3. La lectura de la Biblia
4. La confesión
5. La Eucaristía
Todo enmarcado en una fuerte llamada a la conversión, a un despertar de nuestra fe, a vivirla de corazón y practicarla con nuestros hermanos.
(Fuente: http://es.groups.yahoo.com/group/medjugorje_paz).
Mensaje del 25 de Junio de 2010.
"Queridos hijos! Con alegría los invito a todos a vivir mis mensajes alegremente, sólo así, hijitos, podrán estar más cerca de mi Hijo. Yo deseo conducirlos a todos únicamente a El, y en El encontrarán la verdadera paz y la verdadera alegría del corazón. A todos los bendigo y los amo con inmenso amor. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!"
Hoy veo con pena cómo, una vez más, algunos que dicen amar a la Iglesia no tienen ni idea, en realidad, de lo que es consustancial en Ella: el Carisma.
En una sociedad en la que está a la orden del día el hecho de que las mujeres vayan bastante ligeritas de ropa; en la que el erotismo está cada vez más presente y "normalizado"; en la que es legal la prostitución... resulta que el velo o "hiyab" es concebido como una prenda que oprime a la mujer musulmana.
Vemos en estos días cómo tanto en España como en otros países (v. gr. Francia) se pretende prohibir el uso del velo o del burka en espacios públicos. Una de las razones que se esgrimen es, justamente, que la mujer es oprimida o que se la obliga a llevarlo para complacer al hombre. Este argumento, además de hipócrita por lo que he expuesto antes, expresa un defecto de Occidente: plasmar en culturas distintas nuestras formas de pensar y actuar. Es decir, no sabemos meternos en la piel de la mujer que se cubre la cabeza, o del indio que vive feliz yendo en taparrabos en medio de la selva y con un hueso cruzándole la nariz.
Cosas así nos chocan por distintas, pero el encuentro entre culturas comporta entenderse, buscar el origen de las formas de ser y actuar del otro; entender qué le motiva a taparse la cabeza o contentarse con vivir en plena naturaleza, sin más techo que unas pobres ramas de bambú. Intentar explicar esas situaciones a partir de parámetros o estructuras propias es un error grave. Y una parte del feminismo que se impone hoy, carece de esa capacidad de justificar las cosas por sí mismas. Al contrario, tiene que ver en esas expresiones que no entiende (porque no se ha preocupado de intentarlo siquiera) una agresión a la dignidad de una mujer que, además, tiene que ser una mujer con hechuras occidentales. Se comete una doble agresión: a la cultura que se le pide recato, y a la mujer en cuestión porque se la obliga a comportarse como lo que no es, obviando deliberadamente los legítimos motivos que pueda tener.
¿Le ha preguntado alguien a las mujeres musulmanas que pasean por nuestras calles el por qué del uso del velo? No, al menos no los políticos que hablan llenándose la boca con valores feministas absurdos. Porque resulta que las mujeres llevan el velo porque quieren, toda vez que el mismo lo conciben ellas como expresión externa de una actitud interior que es también de decencia, de moderación, discreción, pudor... virtudes que justamente faltan a la sociedad de hoy, que permite la banalización del cuerpo femenino en favor del placer masculino. ¿Y esto no es una forma de opresión? Las exigencias de belleza, los parámetros a cumplir para poder ser modelo, o los requisitos para poder dedicarse a según qué mundillos... ¿no es eso despojar a la mujer también de todo valor? ¿No supone configurarla a la medida de unos gustos e impulsos que no dejan de ser primarios y básicos?
Creo que, una vez más, se olvidan en nuestra sociedad las propias carencias, y se busca en aquello que no entendemos una excusa para defender los valores que, a sabiendas que deberían defenderse primero en casa, están siendo golpeados una y otra vez.
Pace Bene.
Le preguntó un día Paloma Gómez Borrero a Juan Pablo II si valía la pena tanto viaje, tanto gastar energías para anunciar el Evangelio. Le contestó el Papa que él viajaba para anunciar el Mensaje de Salvación. Y que éste ha costado nada menos que toda la Sangre de Cristo. Por tanto, no hay dinero para pagarlo.
Como cristiano pero, sobre todo, como persona consagrada, mi perspectiva de la vida no puede ni debe ser la del mundo. En todos los campos y en todas las disciplinas - ciencia, artes, deporte, política, sociedad, religión, derechos humanos... - se multiplican las doctrinas, los criterios, las opiniones, las discusiones, los avances y retrocesos.
Le preguntaban al Padre Pío:
¿Qué debemos hacer durante la Santa Misa?
- Compadecernos y amar.
Padre, ¿cómo debemos asistir a la Santa Misa?
- Como asistieron la Santísima Virgen y las piadosas mujeres. Como asistió San Juan al Sacrificio Eucarístico y al Sacrificio cruento de la Cruz.
Padre, ¿por qué llora en el Ofertorio?
- ¿Quieres saber el secreto? Pues bien: porque es el momento en que el alma se separa de las cosas profanas.
Con respuestas así, te preguntas cuántas veces has dejado de vivir la Misa. En mi caso podría tranquilamente decir que en todas. Y entonces es cuando pides perdón a Jesús Crucificado por todas esas veces que has presenciado su Sacrificio y has salido de la Misa tal cual has entrado, sin cambiar un ápice tu vida.
Giorno e notte ho gridato,
Giorno e notte ti ho cercato,
ora guardami, soccorrimi,
che nessuno più mi aiuta.
Nella mia umiliazione,
la mia immensa confusione,
chi con me si rattristasse
invano io cercai,
senza trovare
Io, straniero ai miei fratelli,
pellegrino per mia madre,
ho guardato
ma non cera chi potesse
consolarmi
tu conosci i miei sentieri,
ora veglia in mia difesa,
sono stato calpestato,
che il tuo aiuto
non mi manchi
La mia voce ha gridato,
la mia voce ha supplicato,
nella polvere giacevo
ma tu hai preso la mia mano,
mio Signore!
De hecho, la donación de Jesús viene dada y consagrada por el Espíritu. Este mismo Espíritu, pues, es el que se derrama en la Eucaristía. En efecto, Jesús, en la Cruz, devolvió al Padre el Espíritu, a la vez que lo derramó sobre la Tierra, dando así lugar a la Nueva Creación.
En la Eucaristía, pues, somos testigos de aquel Viernes Santo. Lo revivimos en todos los sentidos, en toda su novedad, en toda su potencialidad carismática. Y el Espíritu, al derramarse sobre la Asamblea, la recrea también. Y ésta, al participar en la comunión del mismo Cuerpo y la misma Sangre, queda integrada y configurada por entero en el mismo Jesús. La unidad es indisoluble, perfecta y total. Es más serio de lo que nos creemos, y con frecuencia salimos de Misa como quien sale del cine. No caemos en la cuenta de cuántos hermanos hemos "ganado".
Ayer celebramos el Corpus Christi. En algunas iglesias de Palma, sin embargo, celebran hoy una Procesión propia. Se trata de tradiciones que, de una forma u otra, se mantienen. Es como un "segundo Corpus".
A estas palabras respondió dama Pobreza con un corazón jubiloso, semblante risueño y dulce voz, diciendo:
«Os confieso, hermanos y amigos queridísimos, que desde que habéis comenzado a hablar me siento inundada de alegría y de contento, observando vuestro fervor, al comprobar ya vuestra santa intención. Vuestras palabras se me han vuelto más apetecibles que el oro y las piedras muy preciosas, más dulces que la miel de un panal que destila. Porque no sois vosotros los que habláis, es el Espíritu Santo quien habla por vuestro medio, y su misma unción os va enseñado todas las cosas que habéis hablado acerca del Rey altísimo, el cual, por pura gracia, me tomó como a su favorita, quitando con ello el oprobio que pesaba sobre mí en la tierra y me elevó a la categoría de los grandes del cielo.
»Quisiera, por tanto, si no os resulta pesado escucharme, entretejeros la historia de mi situación; una historia larga, sí, pero no por eso menos útil. ¡Ojalá aprendáis con ello cómo debéis comportaros y agradar a Dios, guardándoos de incurrir en el reproche de que miráis atrás los que intentáis poner mano al arado!
»No soy ruda e inculta -como muchos se imaginan-, sino muy antigua y llena de número de días, versada en la ordenación de las cosas, en la variedad de las criaturas, en los cambios de los tiempos. Cuán inestable sea el corazón humano, lo sé por la experiencia de los años, por ingenio natural, así como por un don singular de la gracia.
Publica Elvira Lindo en elpais.com un comentario acerca del caso de una monja que, en Phoeinx - EEUU -, una monja - vicepresindenta del centro médico St. Joseph - tuvo la última palabra sobre un caso peliagudo: una mujer embarazada, cuya vida peligraba, por lo que había que escoger entre ella o el feto. La religiosa optó por interrumpir el embarazo. Y fue excomulgada.
...Y así enamorado de tu belleza, el hijo del altísimo Padre se unió solamente contigo en el mundo y te halló fidelísima en todo. En efecto, antes de que Él descendiera a la tierra procedente de la patria luminosa, ya le tenías dispuesto un lugar adecuado, un trono donde sentarse y un lecho en que descansar: la Virgen pobrísima de la que nació, iluminando este mundo. Cierto es que saliste fielmente al encuentro del recién nacido, de suerte que en ti y no entre delicias hallara Él su morada preferida. Fue puesto -dice el evangelista- en un pesebre, porque no había sitio para Él en la posada. Y lo acompañaste siempre, sin separarte jamás de Él durante toda su vida, de modo que -cuando apareció en la tierra y vivió entre los hombres-, mientras las zorras tenían madrigueras y las aves del cielo nidos, Él, en cambio, no tuvo dónde reclinar la cabeza. Después, cuando abrió su boca para enseñar -Él que en otro tiempo había despegado los labios de los profetas-, de entre las muchas cosas que habló, fuiste tú la primera a quien alabó, la primera a quien enalteció al decir: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos (Mt 5,3).
»Además, en el momento de elegir a algunos testigos fidedignos de su santa predicación y gloriosa vida para la salvación del género humano, no escogió, ciertamente, a unos ricos mercaderes, sino a pobres pescadores, dando a entender con semejante predilección cómo deberías tú ser estimada de todos. Finalmente, para que se hiciera patente a todos tu bondad, tu magnificencia, tu fortaleza y dignidad; para dejar en claro que tú aventajas a todas las virtudes, que sin ti no puede haber ninguna y que tu reino no es de este mundo, sino del cielo, fuiste tú la única que permaneciste unida al Rey de la gloria cuando todos sus elegidos y personas queridas lo abandonaron cobardemente. Pero tú, como fidelísima esposa y tiernísima amante, no te separaste ni un solo instante de su compañía; incluso te mantenías más firmemente unida a él cuando veías que era más despreciado de todos. Y en verdad que, si tú no lo hubieras acompañado, nunca habría podido recibir Él un menosprecio tan universal.
»Tú estabas con Él en los improperios de los judíos, en los insultos de los fariseos, en los reproches de los príncipes de los sacerdotes; con Él en las bofetadas, con Él en los esputos, con Él en los azotes. El que debía ser reverenciado por todos, era de todos ultrajado; sólo tú le consolabas. No lo abandonaste hasta la muerte, y una muerte de cruz. Y en la misma cruz - desnudo ya el cuerpo, extendidos los brazos y elevadas las manos y los pies - sufrías juntamente con Él, de suerte que en el Crucificado nada aparecía más glorioso que tú. En fin, cuando subió al cielo, te hizo entrega del sello del Reino de los Cielos para marcar a los elegidos, de modo que cuantos aspiran al reino eterno deban acudir a ti, pedir tu auxilio y entrar por tu medio, porque nadie que no esté sellado con tu distintivo puede ingresar en aquel reino.
»Ea, pues, señora, ten compasión de nosotros y márcanos con la señal de tu gracia. Pues ¿quién será tan necio, quién tan insensato, que de todo corazón no te ame a ti, que de esa forma has sido escogida y preparada por el Altísimo desde toda la eternidad? ¿Quién no te reverenciará y honrará, cuando Aquel a quien adoran todas las virtudes de los cielos te condecoró con tan excelso honor? ¿Quién no venerará de buen grado las huellas de tus pies, cuando el Señor de la majestad se postró tan humildemente a tus plantas, se te unió con tan estrechos lazos y te tomó en su compañía con tan gran amor? Te rogamos, pues, señora, por Él y a causa de Él, no desoigas las súplicas que te presentamos en nuestras necesidades, mas líbranos siempre de todo peligro, ¡oh gloriosa y eternamente bendita!»
Todavía hoy recuerdo aquél día de Julio del 99 en que Juan Pablo II, en Audiencia, expresó su modo de ver el infierno. Lo reproduzco a continuación. La verdad es que, para quien no crea en la realidad del infierno, es mejor que se lo piense, y los que dudan o lo ven como algo relativo, lo tomen en consideración.

Es de sobra conocido el Rosario, la oración mariana por excelencia, a la que tan aficionado era Juan Pablo II, de feliz memoria.

Petición de la alianza
El bienaventurado Francisco y sus compañeros elogian a la Pobreza
Ellos le respondieron: «Sí, venimos a ti, señora nuestra. Te suplicamos nos acojas en paz. Nuestro más ardiente deseo es hacernos siervos del Señor de las virtudes, ya que Él es el Rey de la gloria. Hemos oído decir que tú eras la reina de las virtudes, y de hecho lo comprobamos ahora con nuestros propios ojos. Por eso, postrados a tus plantas, imploramos humildemente que te dignes vivir en nuestra compañía y seas para nosotros el camino que nos conduzca al Rey de la gloria, así como lo fuiste para Él cuando, naciendo de lo alto, se dignó visitar a los que estaban sentados en tinieblas y en sombra de muerte.
»Sabemos, en efecto, que tuyo es el poder, tuyo el reino, que tú te elevas por encima de todas las virtudes, habiendo sido constituida por el Rey de reyes como reina y soberana. Basta que tú nos otorgues la paz y seremos salvos, de suerte que por tu mediación nos reciba el que por ti nos redimió. Si tú decides salvarnos, bien pronto quedaremos libertados. Pues el mismo Rey de reyes y Señor de los señores, el Creador del Cielo y de la tierra, prendado está de tu belleza y hermosura. Nada menos que un rey que se hallaba sentado en su solio, rico y glorioso como era en su reino, abandonó su palacio, dejó su heredad -que había gloria y riquezas en su casa- y, descendiendo de su trono real, tuvo la singular dignación de venir a tu encuentro.
»Grande es, por tanto, tu dignidad, e incomparable tu alteza, pues, dejando todos los coros de ángeles e innumerables virtudes que sobreabundan en el cielo, vino precisamente a buscarte a ti en las regiones más bajas de la tierra; a ti que yacías en la charca fangosa, en lugares tenebrosos y en sombra de muerte. Eras aborrecida, y no poco, de todo ser viviente. Todo el mundo rehuía tu presencia y en lo que podía se apartaba de ti. Y si bien a algunos les resultaba del todo imposible alejarse de tu compañía, no por eso eras para ellos menos odiosa y detestable.
»Mas cuando vino el Señor del señorío, al asumirte a ti en su propia persona, te enalteció sobre las tribus de los pueblos y como a esposa te ciñó con la diadema, elevándote por encima de las nubes. Aunque es cierto que son incontables todavía los que te detestan, ignorando tu virtud y tu gloria, sin embargo, nada te afecta esto, ya que habitas libremente en los montes santos, en el sólido recinto donde mora la gloria de Cristo.
La Pobreza se admira de la facilidad con que escalan el monte
Iban ya avanzando con paso muy ágil hacia la cumbre, cuando de pronto dama Pobreza -que estaba en la cima de la montaña- extendió su mirada por toda la pendiente. Y al divisar a estos hombres que subían con tanto brío, es más, que volaban, sin poder salir de su asombro, se dijo: «Pero ¿quiénes son esos que vuelan como nubes y como palomas a su palomar? Pues hace tiempo que no he visto hombres tales, ni escaladores tan ligeros desprovistos de toda carga. Así que les voy a hablar de las cosas que tanto medito en mi corazón, no sea que se arrepientan -como otros- de haber efectuado una ascensión tan fatigosa, no habiendo reparado en el abismo que se tiende en torno suyo. Bien sé que ellos no pueden posesionarse de mí sin previo consentimiento mío; pero, si les revelo el plan de salvación, me lo recompensará mi Padre celestial».
Oyóse entonces una voz del cielo que le decía: «No temas, hija de Sión, porque ésos son la estirpe que el Señor ha bendecido y elegido con amor sincero».
Y así, reclinándose dama Pobreza en el solio de su desnudez, los previno con bendiciones de dulzura y les dijo: «¿Cuál es la razón de vuestra visita?, decídmelo, hermanos; ¿por qué habéis venido con tanta presteza del valle de los miserables a esta montaña de luz? ¿Acaso me buscáis a mí? Pero ¿no veis que soy una pobrecilla, azotada por la tempestad, privada de todo consuelo?». (SC 14-15).
(SC 12-13).Ascensión de la montaña y encuentro con dama Pobreza.
El bienaventurado Francisco exhorta a sus hermanos.
Siguiendo el consejo de hombres tan ponderados, se fue el bienaventurado Francisco, eligió algunos compañeros que le eran fieles y con ellos llegó presuroso al pie del monte. Allí dijo a sus hermanos: «Venid, subamos al monte del Señor y a la casa de dama Pobreza, para que nos instruya en sus caminos y marchemos por sus sendas».
Pero, al observar lo ardua que se presentaba por cualquier lado la ascensión de la montaña a causa de su extraordinaria altura y aspereza, algunos de ellos comentaban entre sí: «¿Quién puede subir a este monte, quién será capaz de alcanzar su cima?»
Percatándose de ello el bienaventurado Francisco, les dijo: «Estrecho es, hermanos, el camino, y angosta la puerta que lleva a la vida, y son pocos los que dan con ella. Mas confortaos en el Señor y en la fuerza de su poder, porque se nos allanará toda dificultad. Deponed la carga de la propia voluntad, echad por tierra el peso de los pecados y ceñíos de valor como hombres valientes. Olvidando lo que queda atrás, lanzaos, en la medida de vuestras fuerzas, hacia lo que está delante. Os aseguro que todo lugar donde pongáis el pie pasará a ser vuestro. Mirad, hay uno que va delante de vosotros infundiéndoos aliento: Cristo el Señor, el cual os atraerá hasta la cumbre de la montaña con los lazos de la caridad. Es maravilloso, hermanos, el plan salvífico que se nos ofrece en la pobreza; con todo, no nos va a resultar difícil gozar de sus abrazos, porque como una viuda se ha quedado la señora de las naciones, vil y despreciable para todos la reina de las virtudes. No hay en la región nadie que se atreva a alzar la voz, nadie que se nos oponga, nadie que con derecho pueda impedirnos realizar esta alianza de salvación. Todos sus amigos la han despreciado y se han vuelto enemigos suyos».
Dichas estas palabras, comenzaron a caminar todos juntos en pos de San Francisco.
Mientras queden jóvenes así... hay que alegrarse.
(2 Cel 70)El Santo repetía, a veces, los avisos siguientes: «En la medida en que los hermanos se alejan de la pobreza, se alejará también de ellos el mundo; buscarán y no hallarán. Pero, si permanecieren abrazados a mi señora la pobreza, el mundo los nutrirá, porque han sido dados al mundo para salvarlo». Y éste: «Hay un contrato entre el mundo y los hermanos: éstos deben al mundo el buen ejemplo; el mundo debe a los hermanos la provisión necesaria. Si los hermanos, faltando a la palabra, niegan el buen ejemplo, el mundo, en justa correspondencia, niega el sostenimiento».
Francisco ruega que se le indique dónde mora la Pobreza
Acercándose a ellos el bienaventurado Francisco, les dijo: «Indicadme -por favor- dónde mora dama Pobreza, dónde pastorea, dónde sestea al mediodía, porque desfallezco de amor por ella».
«Oh buen hermano -le contestaron-, nosotros llevamos aquí sentados un tiempo, y tiempos, y medio tiempo, y con frecuencia la hemos visto pasar, dado que mucha gente andaba en su busca. A veces iba muy acompañada, pero a menudo volvía sola y desnuda, sin adorno de joyas, sin comitiva que la realzase, sin vestir ropa alguna. Lloraba a lágrima viva y decía: "Los hijos de mi madre se han airado contra mí". Nosotros, empero, la consolábamos diciendo: "Ten paciencia, que los buenos te aman".
»Mira, hermano, ahora está subiendo a la montaña grande y elevada, donde Dios la ha establecido. Ella habita en los montes santos, porque el Señor la prefiere a todas las moradas de Jacob. No hay gigante que haya sido capaz de seguir las huellas de sus pies, ni águila que haya logrado volar a la altura de su cuello. Es algo singular la Pobreza: todo el mundo la desprecia por eso de que no se la encuentra en medio de los que viven entre delicias; por lo mismo, queda oculta a sus ojos; aun a las aves del cielo se les esconde. Sólo Dios conoce su camino. Él sabe el lugar de su morada.
»Así, pues, hermano, si quisieres llegar hasta ella, quítate los vestidos de fiesta y deja todo peso y el pecado que te asedia, porque, si no te hallares despojado del todo, te será imposible subir hasta la presencia de aquella que se ha recogido en una altura tan elevada. Sin embargo, como es tan benigna, se deja ver fácilmente de los que la aman, y es hallada de los que la buscan. Pensar en ella, hermano, es prudencia consumada, y quien vela por ella, pronto se verá sin afanes. Toma, pues, contigo unos compañeros fieles, a fin de que en la ascensión de la montaña te sirvas de sus consejos y te apoyes en su ayuda, porque ¡ay del solo!, que, si cae, no tiene quien lo levante; mas si uno que va acompañado fuere a caer, lo sostendrá el otro».
El Hijo de Dios es, por decirlo en términos humanos que nunca alcanzan ni a balbucir la Eternidad, el Consagrado Perfecto, es la Consagración misma. "... lleno de Gracia y de Verdad" (Jn 1, 14); "... y de su Plenitud hemos recibido todos, Gracia por Gracia" (Jn 1, 16). No son frases bonitas, sino una profunda reflexión teológica, teleológica y óntica, no referida a Jesús como ente, sino como "la Palabra" (Jn 1, 1).
De aquí se desprende la necesidad de contemplar la vida de Jesús en la Tierra como la de Aquél que hizo de su cuerpo una morada perfecta del Espíritu, identificando su Voluntad con la del Padre.
La Pobreza, pues, de Jesús, no es una renuncia meramente sacrificada a todo bien, posesión o seguridad. Ni siquiera se puede asimilar a los esenios. Es una expresión encarnada, una Encarnación, de hecho, de la Vida Trinitaria, en la que la Donación es Continua, sin la cual el mismo Dios no podría existir.
Búsqueda de la Pobreza
El bienaventurado Francisco pregunta por la Pobreza.
5. Diligente -como un curioso explorador-, se puso a recorrer con interés las calles y plazas de la ciudad buscando apasionadamente al amor de su alma. Preguntaba a los que estaban en las calles y plazas, interrogaba a cuantos se le cruzaban en el camino, diciéndoles: «¿Por ventura habéis visto a la amada de mi alma?» Pero este lenguaje resultaba para ellos un enigma y como un idioma extranjero. Al no poder entenderse con él, le decían: «Hombre, no sabemos de qué hablas. Exprésate en nuestra propia lengua, y sabremos responderte».
Los hijos de Adán no tenían en aquel tiempo ni voz ni sentido para querer conversar sobre la pobreza, ni siquiera para mencionarla. La aborrecían con ardor al igual que la aborrecen hoy, y a quien venía preguntando por ella no le podían responder nada con palabra de paz. Así es que le contestan como a desconocido y le aseguran que no tienen ni la más remota idea de lo que se les pregunta.
«Iré -dijo entonces el bienaventurado Francisco- a los magnates y sabios y les hablaré, pues ellos conocen el camino del Señor y el juicio de su Dios. Ésos, por el contrario, son tal vez unos pobretones e ignorantes que desconocen el camino del Señor y el juicio de su Dios».
Y así lo hizo. Mas éstos le respondieron aún con mayor aspereza, diciendo: «¿Qué nueva doctrina es la que propones a nuestros oídos? ¡Esa pobreza que tú buscas sea enhorabuena por siempre para ti, para tus hijos y para tu futura descendencia! Lo que cuenta para nosotros es disfrutar de los placeres y abundar en riquezas, porque corto y triste es el tiempo de nuestra vida y no hay remedio en el fin del hombre. Así que no conocemos nada mejor que alegrarnos, comer y beber mientras vivimos».
Quedó profundamente asombrado el bienaventurado Francisco al oír tales desatinos, y, dando gracias a Dios, decía: «¡Bendito seas, Señor Dios, que has escondido estas cosas a los sabios y prudentes y se las has revelado a la gente sencilla! Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Señor, Padre y Dueño de mi vida, no me abandones al consejo de ellos ni permitas que recaiga sobre mí semejante reproche, antes bien haz que -con la ayuda de tu gracia- logre encontrar lo que busco, ya que siervo tuyo soy, hijo de tu esclava».
Y así, saliendo con paso rápido de la ciudad el bienaventurado Francisco, vino a parar en un campo, donde divisó a lo lejos a dos ancianos que estaban sentados y sumidos en profunda tristeza. Uno de ellos se expresaba de esta forma: «¿En quién pondré mis ojos sino en el pobrecillo y abatido que se estremece ante mis palabras?» El otro, a su vez, decía: «Nada trajimos al mundo, como nada podremos llevarnos; así que, teniendo qué comer y con qué vestirnos, podemos estar contentos».
Cuando, con frecuencia, tu pequeñez te hace ver que es mejor callar, entonces hay que escuchar a los que sí supieron amar a Jesús por encima de todo.
Pace Bene.
Prólogo
1. En el conjunto de las preclaras y nobles virtudes que preparan en el hombre un lugar para morada de Dios e indican el camino más adecuado y expedito para llegar hasta Él, hay una que por especial prerrogativa destaca sobre todas las demás y por gracia singular las aventaja en títulos: ¡la santa Pobreza! Ella, en efecto, es el fundamento y salvaguardia de todas las virtudes, y, aun entre las señaladas virtudes evangélicas, goza justamente de la primacía en cuanto al lugar que ocupa su mención. Las demás virtudes -si están bien afianzadas sobre esta base- no tienen por qué temer las lluvias torrenciales, ni la crecida de los ríos, ni los vientos huracanados que se desencadenen, amenazando ruina.
2. No sin razón se atribuye todo esto a la pobreza, cuando el mismo Hijo de Dios, el Señor de las virtudes y el Rey de la gloria, sintió por ella una predilección especial, la buscó y la encontró cuando realizaba la salvación en medio de la tierra. Fue la pobreza a la que en el comienzo de su predicación puso como lámpara en manos de los que entran por la puerta de la fe y como roca en la cimentación de la casa. Es más, el reino de los cielos que Él concede en promesa a las otras virtudes, a la pobreza se lo confiere inmediatamente sin dilación alguna. Dichosos -dice- los pobres en el espíritu porque de ellos es el reino de los cielos (Mt 5,3).
3. Es del todo justo que el reino de los cielos pertenezca a los que nada poseen en la tierra por propia voluntad, por una intención espiritual y por el deseo de los bienes eternos. Es menester que vivan de las cosas del cielo quienes tienen en menos las de la tierra, y que cuantos renuncian a todo lo que es de este mundo, considerándolo como basura, saboreen con fruición, ya en el presente destierro, las dulces migajas que caen de la mesa de los santos ángeles y merezcan gustar cuán dulce y suave es el Señor. La pobreza es la verdadera investidura del reino de los cielos, la seguridad de su posesión y como una santa pregustación de la futura bienaventuranza.
4. Por eso, el bienaventurado Francisco -cual auténtico imitador y discípulo del Salvador-, en el comienzo mismo de su conversión, se entregó con todo celo, con todo afán y con toda deliberación a buscar, encontrar y retener la santa pobreza, sin vacilar ante ninguna adversidad ni arredrarse frente a contratiempo alguno; sin rehuir trabajo ni escatimar fatiga corporal de ninguna clase, con tal de conseguir el poder llegar hasta aquella a quien el Señor confió las llaves del Reino de los Cielos.
Digo que Francisco la amó antes incluso de buscarla, porque amó a Cristo desde que empezó a conocerle. Se ha dicho repetidamente que Francisco invirtió, por Gracia de Dios, el orden místico: pasó de la vía unitiva a la purgativa, al contrario del orden corriente: purgativa, iluminativa, unitiva. Si bien hay que señalar que no se trata de momentos o etapas, sino de un dinamismo carismático en que se imbrican las tres dimensiones.
Signos de unidad, y portadores de la Cruz de Cristo hasta los rincones más cotidianos de nuestra existencia: desde la vida en familia hasta el trabajo, pasando por nuestras amistades y vida social. ¿Cómo? Pues volviendo al punto con el que empezaba a "postear" ayer: guardando el Santo Evangelio, teniendo como centro e inspiración a Jesús.

"La Regla y la vida de los Franciscanos seglares es ésta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, que hizo de Cristo el inspirador y centro de su vida con Dios y con los hombres". Así reza la Regla de la OFS en su punto 4, cap. II. Y, a mi modo de ver, hoy cobran una importancia central estas indicaciones: "guardar el Evangelio" y "el inspirador y centro" que es Jesús.
Francisco de Asís es famoso y muy querido en todo el mundo por muchos y variados motivos. Sin embargo, todo se reduce a uno solo: encarnó "a la letra, sin glosa" la vida de Jesús, contada y expresada en los Evangelios.
Si buscáramos un "gemelo" de Jesús, lo encontraríamos en el poverello, sin duda. Y es que Jesús derramó hasta la última gota de sangre. Y Francisco dió hasta su último esfuerzo y su entrega en el Amor a Dios y a los demás. Sobre todo, Caridad. Y de la Caridad se desprendió lo demás:
- Caridad hacia Dios, no entendida desde luego como Misericordia, sino como Amor, enamoramiento sin condiciones, total. Un enamoramiento incubado en la noche de Espoleto y llevado al extremo en la Verna, donde dos años antes de su muerte se unió para siempre, "por incendio espiritual", con el Amado de su Alma.
- Caridad hacia los demás, consecuencia de su Amor a Dios, de forma que nada se reservaba tampoco para sus hermanos, o para todo aquel que se le acercaba a pedirle consejo o una simple Bendición.
Y, claro, una figura así,a la vez que sencilla, alegre y cautivada por la Creación, atrae, casi sin querer. El Testimonio arrastra almas hacia Dios. El antitestimonio es tan perjudicial que puede hacer que muchas almas se alejen de Dios y anden perdidas.
Al Papa le crecen los enanos, un día sí y otro también. No es suficiente con recibir de fuera, que le tiene que llover dentro de casa. Ciertamente, el Papa es un ser humano y puede que cometa errores, pero si nos llamamos católicos y nos decimos Hijos de la Iglesia, deberíamos empezar por prestarle nuestro apoyo incondicional, aun cuando las cosas se pongan feas.
Decía el Padre Pío que "en los libros se busca a Dios; en la oración se le encuentra". Y podemos recordar también cómo Francisco ponía en guardia ante los peligros de cultivar la ciencia Teológica separándola de la vida de oración, a la vez que enseñaba que el deseo de adquirir sabiduría puede separar de Dios.
El Evangelio de Juan se caracteriza por narrar las cosas tal y como ocurrieron, pero dando cuenta y resaltando los Signos de Jesús, mostrando la interpretación que hace de ellos, para sacar de los mismos una enseñanza.
He leído en la sección "Tribuna" de elpais.com la opinión que da Sinead O'Connor, irlandesa, católica según ella misma dice, de la carta que Benedicto XVI escribió a los católicos de ese país saliendo al paso de los casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes y religiosos a niños y niñas.
Los discípulos que iban a Emaús no se lo esperaban, y se lo encontraron. Lo daban por muerto, y estaba vivo. Y no sabían quién era cuando se lo encontraron. Muchas veces pienso que la oración auténtica no es fácil: requiere mucha Pureza y un contemplar a Jesús por Él mismo, y no en base a nuestro parecer. Ahora le podemos encontrar por los caminos, en cualquier parte. Está vivo. Francisco lo tenía siempre presente, tanto que a veces hasta se olvidaba de comer y se absorbía tanto en la contemplación que no sabía ni por dónde se encontraba. Que esta Pascua nuestra oración sea de veras, y más que nunca, ENCUENTRO.
Pace Bene.

El centurión romano reconoció a Jesús como Hijo de Dios cuando murió en la Cruz y las tinieblas envolvieron la tierra. Precisó de signos claros para reconocerle. Le había visto, seguramente hasta el momento, sufrir el juicio, la flagelación, las vejaciones, la crucifixión... pero no había bastado.
Por otro lado, los evangelios, sobre todo Juan, nos presentan a Judas como alguien que ya mantiene una actitud, digámoslo así, de pecado. En el Evangelio de ayer podíamos leer que se quedaba con lo recogido en la bolsa (Jn 12). Y, más tarde, leíamos hoy en Misa, entrega a Jesús cuando Éste le da de comulgar (Jn 13): el diablo entró en él, y "era de noche". Es decir, Judas personifica y condensa la actitud opuesta del mundo a Dios. En él se canaliza "la hora de las tinieblas", alcanzando su esplendor en el apresamiento, torturas, condena y Crucifixión del Hijo de Dios.
Y es precisamente la Crucifixión la que nos da respuesta a la pregunta planteada. Nos recuerda Francisco que somos nosotros los que crucificamos y seguimos crucificando a Jesús con nuestros "vicios y pecados". Por tanto, no somos distintos ni mejores que los fariseos, los sumos sacerdotes, Pilato, los soldados del templo, o Judas. Estamos todos "metidos en el ajo". Jesús murió por los pecados de todos, por los que ya hemos cometido y por los que seguimos cometiendo. Si tuviéramos presente que cada pecado nuestro mete los clavos un poco más en la carne de Jesús, nos lo pensaríamos dos veces. Y la carga que soportó es infinitamente pesada. Sólo un Amor Total y Eterno como el suyo podía soportarlo y, lo que es más, querer soportarlo, tomando la iniciativa, saliéndonos al encuentro.
En definitiva, que cada cual piense lo que quiera. Porque si la salvación o no de Judas no es en sí mismo un tema acuciante, sí lo es la verdad que ilustra. Yo no sé si se condenó o no. Tiendo a pensar que pudo salvarse, sólo Dios lo sabe, y por ahí me inclino más. Una persona que se desespera es porque se ha arrepentido. Ahora bien, lo que no le cambiaría a Judas es el encontrarse solo, sin perdón, sin saber qué hacer ni a quién acudir, abocado sólo a su propia muerte, humillante y terrible por demás. No somos nadie para decir que se condenó, puesto que todos pecamos, y, como recuerda San Pedro "cargado con NUESTROS pecados, subió al leño". Decir que Judas era pecador, es olvidar que nosotros lo somos también, y que le seguimos entregando con nuestras infidelidades. No podemos juzgar. Como mucho, dejarlo en manos de Dios y tomar buena nota, ahora que vamos a entrar de lleno en la Celebración de la Pasión del Señor.
Pace Bene.
Es una de las preguntas que, sobre todo en la piedad popular, adquiere una más pronta respuesta. La mayoría apuesta por el "sí", juzgando así a una persona que, por extraño que pueda parecer, cumplió con su papel.

El Evangelio que hemos leído hoy en Misa de Ramos, el que precede a la Procesión, nos recuerda cómo Jesús fue aclamado por los discípulos (en general, no sólo los Apóstoles). Fue entronizado, se le proclamó Rey, en la línea davídica.
Este vídeo responderá bien a la pregunta que formuló un lector el otro día: ¿cómo es el daiblo? En mi opinión, exagera en algunos puntos, pero por lo general es muy ecuánime.
Pace Bene.
Ríos de tinta han corrido estas últimas semanas a propósito de la pederastia en la Iglesia. Y mucho se ha dicho también, a favor y en contra, acerca de la respuesta en forma de carta que Benedicto XVI dió el viernes.
Últimamente la Iglesia está muy revuelta. Aquí y allá aparecen nuevos casos de pederastia por parte de sacerdotes y/o religiosos, otros que cuelgan los hábitos y disputas teológicas y de autoafirmación en doctrinas u opiniones.
Que nadie se ensoberbezca, sino que se gloríe en la Cruz del Señor.
Considera, oh hombre, en cuán grande excelencia te ha puesto el Señor Dios, porque te creó y formó a imagen de su amado Hijo según el cuerpo, y a su semejanza según el espíritu. Y todas las criaturas que hay bajo el cielo, de por sí, sirven, conocen y obedecen a su Creador mejor que tú. Y aun los demonios no lo crucificaron, sino que tú, con ellos, lo crucificaste y todavía lo crucificas deleitándote en vicios y pecados. ¿De qué, por consiguiente, puedes gloriarte? Pues, aunque fueras tan sutil y sabio que tuvieras toda la ciencia y supieras interpretar todo género de lenguas e investigar sutilmente las cosas celestiales, de ninguna de estas cosas puedes gloriarte; porque un solo demonio supo de las cosas celestiales y ahora sabe de las terrenas más que todos los hombres, aunque hubiera alguno que hubiese recibido del Señor un conocimiento especial de la suma sabiduría. De igual manera, aunque fueras más hermoso y más rico que todos, y aunque también hicieras maravillas, de modo que ahuyentaras a los demonios, todas estas cosas te son perjudiciales, y nada te pertenece, y no puedes en absoluto gloriarte en ellas; por el contrario, en esto podemos gloriarnos: en nuestras enfermedades y en llevar a cuestas a diario la santa cruz de nuestro Señor Jesucristo (Adm 5)

Estamos en una sociedad muy dada a la ética. Y me refiero a la ética como conjunto de mínimos, es decir, de "yo te respeto y tú me respetas, y si hacemos algo que no perjudique o moleste a nadie, entonces está bien" y de "lo que está bien resulta que es bueno en sí mismo".
El Diablo ha sido una realidad muy discutida desde antiguo en la cristiandad. No así en el mundo judío, donde la fe veterotestamentaria en un "satán" es firme, desde el relato del Paraíso hasta la formulación de la fe escatológica del Pueblo Escogido.
Estamos ya en el III Domingo de Cuaresma. Es, como sabemos, un tiempo muy propicio para los ayunos, la oración, la meditación y sobre todo para hacer algún sacrificio, o sea, abstenernos de algo o hacer algo que no nos guste (mortificación) para de esta forma dar paso al Espíritu. Pero me pregunto si lo ideal no sería ya no ofrecer algo para luego en Pascua de jar de hacerlo, si no ofrecer algo de verdad, entregárselo a Dios y que no sea "de Huelva". Es lo que dice M. Expósito en su libro "Conocer y Celebrar la Eucaristía": una ofrenda que se recupera ya no es ofrenda. Sería bueno, pues, pensar en hacer algo pero para cambiar de veras, y no volver sobre nuestros pasos una vez resucite el Señor.
Pace Bene.
Estas palabras dijo Francisco cuando, en el Monte Alvernia, el Señor le distinguió con las Sagradas Llagas:
Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas.
Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo, rey del cielo y de la tierra.
Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses, tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero.
Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia, tú eres belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción.
Tú eres belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector, tú eres custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza, tú eres refrigerio.
Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador.
Quizá en una época como la que estamos viviendo a nivel tanto nacional, eclesial o internacional necesitemos más que nunca aprender a rezar y a alabar a Dios en mitad de todos los desvaríos, desastres naturales, polémicas y abusos. Que no perdamos de vista al Dios que lo es todo, y al que Francisco entona este bello canto, sabiendo que Dios es Todo en Todos.
Pace Bene.

Ruego también en el Señor a todos mis hermanos sacerdotes, los que son y serán y desean ser sacerdotes del Altísimo, que siempre que quieran celebrar la misa, puros y puramente hagan con reverencia el verdadero sacrificio del santísimo cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo, con intención santa y limpia, y no por cosa alguna terrena ni por temor o amor de hombre alguno, como para agradar a los hombres; sino que toda la voluntad, en cuanto la gracia la ayude, se dirija a Dios, deseando agradar al solo sumo Señor en persona, porque allí solo él mismo obra como le place; porque, como él mismo dice: Haced esto en memoria mía (Lc 22,19; 1 Cor 11,24); si alguno lo hace de otra manera, se convierte en Judas el traidor, y se hace reo del cuerpo y de la sangre del Señor (cf. 1 Cor 11,27).
Recordad, hermanos míos sacerdotes, lo que está escrito de la ley de Moisés, cuyo transgresor, aun en cosas materiales, moría sin misericordia alguna por sentencia del Señor. ¡Cuánto mayores y peores suplicios merecerá padecer quien pisotee al Hijo de Dios y profane la sangre de la alianza, en la que fue santificado, y ultraje al Espíritu de la gracia! (Heb 10,28-29). Pues el hombre desprecia, profana y pisotea al Cordero de Dios cuando, como dice el Apóstol (1 Cor 11,29), no distingue ni discierne el santo pan de Cristo de los otros alimentos y obras, y o bien lo come siendo indigno, o bien, aunque sea digno, lo come vana e indignamente, siendo así que el Señor dice por el profeta: Maldito el hombre que hace la obra de Dios fraudulentamente (cf. Jer 48,10). Y a los sacerdotes que no quieren poner esto en su corazón de veras los condena diciendo: Maldeciré vuestras bendiciones (Mal 2,2).
Oídme, hermanos míos: Si la bienaventurada Virgen es de tal suerte honrada, como es digno, porque lo llevó en su santísimo seno; si el Bautista bienaventurado se estremeció y no se atreve a tocar la cabeza santa de Dios; si el sepulcro, en el que yació por algún tiempo, es venerado, ¡cuán santo, justo y digno debe ser quien toca con sus manos, toma en su corazón y en su boca y da a los demás para que lo tomen, al que ya no ha de morir, sino que ha de vivir eternamente y ha sido glorificado, a quien los ángeles desean contemplar!
Ved vuestra dignidad, hermanos sacerdotes, y sed santos, porque Él es santo. Y así como el Señor Dios os ha honrado a vosotros sobre todos por causa de este ministerio, así también vosotros, sobre todos, amadlo, reverenciadlo y honradlo. Gran miseria y miserable debilidad, que cuando lo tenéis tan presente a Él en persona, vosotros os preocupéis de cualquier otra cosa en todo el mundo. ¡Tiemble el hombre entero, que se estremezca el mundo entero, y que el cielo exulte, cuando sobre el altar, en las manos del sacerdote, está Cristo, el Hijo del Dios vivo! ¡Oh admirable celsitud y asombrosa condescendencia! ¡Oh humildad sublime! ¡Oh sublimidad humilde, pues el Señor del universo, Dios e Hijo de Dios, de tal manera se humilla, que por nuestra Salvación se esconde bajo una pequeña forma de pan! Ved, hermanos, la humildad de Dios y derramad ante él vuestros corazones; humillaos también vosotros para que seáis ensalzados por Él. Por consiguiente, nada de vosotros retengáis para vosotros, a fin de que os reciba todo enteros el que se os ofrece todo entero.
Amonesto por eso y exhorto en el Señor que, en los lugares en que moran los hermanos, se celebre solamente una misa por día, según la forma de la santa Iglesia. Y si en un lugar hubiera muchos sacerdotes, que el uno se contente, por amor de la caridad, con oír la celebración del otro sacerdote; porque el Señor Jesucristo colma a los presentes y a los ausentes que son dignos de Él. El cual, aunque se vea que está en muchos lugares, permanece, sin embargo, indivisible y no conoce detrimento alguno, sino que, siendo uno en todas partes, obra como le place con el Señor Dios Padre y el Espíritu Santo Paráclito por los siglos de los siglos. Amén.
...un estado cuya esencia está en la profesión de los consejos evangélicos, aunque no pertenezca a la estructura jerárquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, de una manera indiscutible, a su vida y a su santidad (LG 44).
XI La celebración del sacramento de la Penitencia
1480 Como todos los sacramentos, la Penitencia es una acción litúrgica. Ordinariamente los elementos de su celebración son: saludo y bendición del sacerdote, lectura de la Palabra de Dios para iluminar la conciencia y suscitar la contrición, y exhortación al arrepentimiento; la confesión que reconoce los pecados y los manifiesta al sacerdote; la imposición y la aceptación de la penitencia; la absolución del sacerdote; alabanza de acción de gracias y despedida con la bendición del sacerdote.
1481 La liturgia bizantina posee expresiones diversas de absolución, en forma deprecativa, que expresan admirablemente el misterio del perdón: "Que el Dios que por el profeta Natán perdonó a David cuando confesó sus pecados, y a Pedro cuando lloró amargamente y a la pecadora cuando derramó lágrimas sobre sus pies, y al publicano, y al pródigo, que este mismo Dios, por medio de mí, pecador, os perdone en esta vida y en la otra y que os haga comparecer sin condenaros en su temible tribunal. El que es bendito por los siglos de los siglos. Amén.".
1482 El sacramento de la penitencia puede también celebrarse en el marco de una celebración comunitaria, en la que los penitentes se preparan a la confesión y juntos dan gracias por el perdón recibido. Así la confesión personal de los pecados y la absolución individual están insertadas en una liturgia de la Palabra de Dios, con lecturas y homilía, examen de conciencia dirigido en común, petición comunitaria del perdón, rezo del Padrenuestro y acción de gracias en común. Esta celebración comunitaria expresa más claramente el carácter eclesial de la penitencia. En todo caso, cualquiera que sea la manera de su celebración, el sacramento de la Penitencia es siempre, por su naturaleza misma, una acción litúrgica, por tanto, eclesial y pública (cf SC 26-27).
1483 En casos de necesidad grave se puede recurrir a la celebración comunitaria de la reconciliación con confesión general y absolución general. Semejante necesidad grave puede presentarse cuando hay un peligro inminente de muerte sin que el sacerdote o los sacerdotes tengan tiempo suficiente para oír la confesión de cada penitente. La necesidad grave puede existir también cuando, teniendo en cuenta el número de penitentes, no hay bastantes confesores para oír debidamente las confesiones individuales en un tiempo razonable, de manera que los penitentes, sin culpa suya, se verían privados durante largo tiempo de la gracia sacramental o de la sagrada comunión. En este caso, los fieles deben tener, para la validez de la absolución, el propósito de confesar individualmente sus pecados graves en su debido tiempo (⇒ CIC can. 962,1). Al obispo diocesano corresponde juzgar s i existen las condiciones requeridas para la absolución general (⇒ CIC can. 961,2). Una gran concurrencia de fieles con ocasión de grandes fiestas o de peregrinaciones no constituyen por su naturaleza ocasión de la referida necesidad grave.
1484 "La confesión individual e íntegra y la absolución continúan siendo el único modo ordinario para que los fieles se reconcilien con Dios y la Iglesia, a no ser que una imposibilidad física o moral excuse de este modo de confesión" (OP 31). Y esto se establece así por razones profundas. Cristo actúa en cada uno de los sacramentos. Se dirige personalmente a cada uno de los pecadores: "Hijo, tus pecados están perdonados" (Mc 2,5); es el médico que se inclina sobre cada uno de los enfermos que tienen necesidad de él (cf Mc 2,17) para curarlos; los restaura y los devuelve a la comunión fraterna. Por tanto, la confesión personal es la forma más significativa de la reconciliación con Dios y con la Iglesia. (Catecismo de la Iglesia Católica)
Miércoles de Ceniza: ayuno, abstinencia, Misa, imposición de la ceniza, conversión, Cuaresma...
Antes que nada: he corregido el enlace que dejé puesto ayer. Ya se puede acceder a la encuesta.
Bueno, el tema de las vocaciones religiosas no es menos complejo que otros que hayamos tratado aquí. Y hablo en plural, porque si bien la Teología del Carisma engloba cualquier llamada a cualquiera de los Caminos de Dios, también es cierto que para cada persona, en cada circunstancia y en cada momento las formas y los tiempos son distintos.
Y no hay que olvidar que en Misa pedimos siempre por "las Vocaciones". Es decir, hoy día se trata de un problema de número. Sin embargo, en el vídeo que dejé colgado ayer, el Padre Carballo, Superior General OFM, dice que el problema no es tanto la cantidad como la calidad. Como si de unos buenos religiosos pudieran nacer más... Pues sí, y de eso hablaremos.
Pace Bene.
También quisiera hablar y compartir con vosotros el tema de las vocaciones religiosas, abarcando también el tema del número, y de la aparente decadencia del mismo.
He colgado también una encuesta "introductoria" en http://maseo.blogspot.com/
Pace Bene.
Por su parte, Clara no vivió menos intensamente esta dimensión esponsal. Si bien Francisco, en la Forma de Vida para Santa Clara, dice:
Ya que por divina inspiración os habéis hecho hijas y siervas del altísimo y sumo Rey, el Padre celestial, y os habéis desposado con el Espíritu Santo, eligiendo vivir según la perfección del santo Evangelio, quiero y prometo tener siempre, por mí mismo y por mis hermanos, un cuidado amoroso y una solicitud especial de vosotras como de ellos.
Por su parte, Clara habla de Jesús como su Esposo, tal y como se puede ver en las Cartas a Santa Inés de Praga. De hecho, desde el principio de su vocación, tuvo claro ella a quién se había entregado. ¿Hay pues, contradicción entre lo que le dice Francisco y lo que ella siente y expresa con tanta claridad? Mas bien no, sino que, por el contrario, Francisco sabe que cuando te unes a Dios te unes por el Espíritu, es decir, te unes al Espíritu Santo. Y eso no quita que, viviendo esta esponsalidad con la Tercera Persona de la Trinidad, Clara viera y hasta deseara como a su Esposo a Jesús, quien se unió al hombre en una condición, sobre todo, Esponsal.
Ojalá, pues, todos los Consagrados y Religiosos de hoy tomáramos como fundamental esta dimensión esponsal, por la que Cristo Crucificado fuera nuestra aspiración, nuestro modelo, nuestro deseo... nuestro AMADO.
Francisco no inventó nada, sino que acogió el Don Esponsal que, como continuación de la Cruz, el Señor le otorgó vivir.
La Alianza del Calvario unió Cielo y Tierra. Y, trasladando eso al plano personal del que se entrega a Dios, la Unión con el Crucificado se hace cada día más plena, más fuerte, más real, y eso se ve, se nota... y contagia.
Sin embargo, no hemos mencionado aún qué es lo que constituye el leit motiv de la espiritualidad esponsal de Francisco y, posteriormente, de Clara:
Reproduzco aquí las Cartas de Santa Clara a Inés de Praga (fuente: franciscanos.org).
Ante tal resolución, convencido el padre de que no podía disuadir al hijo del camino comenzado, pone toda su alma en arrancarle el dinero. El varón de Dios deseaba emplearlo todo en ayuda de los pobres y en restaurar la capilla; pero, como no amaba el dinero, no sufrió engaño alguno bajo apariencia de bien, y quien no se sentía atado por él, no sé turbó lo más mínimo al perderlo. Por esto, habiéndose ya encontrado el dinero que el gran despreciador de las cosas terrenas y ávido buscador de las riquezas celestiales había arrojado entre el polvo de la ventana, se apaciguó un tanto el furor del padre y se mitigó algo la sed de su avaricia con el vaho del hallazgo. Después de todo esto, el padre lo emplazó a comparecer ante el obispo de la ciudad, para que, renunciando en sus manos a todos los bienes, le entregara cuanto poseía. A nada de esto se opuso; al contrario, gozoso en extremo, se dio prisa con toda su alma para hacer cuanto se le reclamaba.
Una vez en la presencia del obispo, no sufre demora ni vacila por nada; más bien, sin esperar palabra ni decirla, inmediatamente, quitándose y tirando todos sus vestidos, se los restituye al padre. Ni siquiera retiene los calzones, quedando ante todos del todo desnudo. Percatándose el obispo de su espíritu y admirado de su fervor y constancia, se levantó al momento y, acogiéndolo entre sus brazos, lo cubrió con su propio manto. Comprendió claramente que se trataba de un designio divino y que los hechos del varón de Dios que habían presenciado sus ojos encerraban un misterio. Estas son las razones por que en adelante será su protector. Y, animándolo y confortándolo, lo abrazó con entrañas de caridad (1 Cel 14).
Había cerca de la ciudad una gruta, a la que se llegaban muchas veces, platicando mutuamente sobre el tesoro. Entraba en ella el varón de Dios, santo ya por su santa resolución, mientras su compañero le aguardaba fuera. Lleno de un nuevo y singular espíritu, oraba en lo íntimo a su Padre. Tenía sumo interés en que nadie supiera lo que sucedía dentro, y, ocultando sabiamente lo que con ocasión de algo bueno le acaecía de mejor, sólo con su Dios deliberaba sobre sus santas determinaciones. Con la mayor devoción oraba para que Dios, eterno y verdadero, le dirigiese en sus pasos y le enseñase a poner en práctica su voluntad. Sostenía en su alma tremenda lucha, y, mientras no llevaba a la práctica lo que había concebido en su corazón, no hallaba descanso; uno tras otro se sucedían en su mente los más varios pensamientos, y con tal insistencia que lo conturbaban duramente. Se abrasaba de fuego divino en su interior y no podía ocultar al exterior el ardor de su espíritu. Dolíase de haber pecado tan gravemente y de haber ofendido los ojos de la divina Majestad; no le deleitaban ya los pecados pasados ni los presentes; mas no había recibido todavía la plena seguridad de verse libre de los futuros. He aquí por qué cuando salía fuera, donde su compañero, se encontraba tan agotado por el esfuerzo, que uno era el que entraba y parecía otro el que salía.
Es muy ilustrativo el texto que citábamos ayer:
(TC 7).Como los amigos miraran atrás y le vieran bastante alejado de ellos, se volvieron hasta él; atemorizados, lo contemplaban como hombre cambiado en otro. Uno de ellos le preguntó, diciéndole: «¿En qué pensabas, que no venías con nosotros? ¿Es que piensan, acaso, casarte?». A lo cual respondió vivazmente: «Decís verdad, porque estoy pensando en tomar una esposa tan noble, rica y hermosa como nunca habéis visto otra». Pero ellos lo tomaron a chacota. Él, sin embargo, no lo dijo por si, sino inspirado por Dios; porque la dicha esposa fue la verdadera religión que abrazó, entre todas la más noble, la más rica y la más hermosa en su pobreza

Si hay un tema del que quizá no se habla en toda su extensión en la Vida Consagrada es justamente la Dimensión Esponsal que le es inherente y que pertenece a su más íntima esencia, a la vez que la constituye como un estado de vida diferente al resto.
Y quisiera fijarme particularmente en la Dimensión Esponsal de Francisco y Clara o, dicho de otro modo, cómo encarnaron ellos esta Consagración total a Dios, cada uno en su propio estado de vida.
Hablamos mucho del Desposorio de Francisco con "Dama Pobreza" y, sin embargo, diciendo esto corremos el peligro de quedarnos en la superficie, rascando el cascarón de algo más profundo de modo que pudiéramos decir que "Dama Pobreza" es "Jesús Pobre y Crucificado" quien, se le presenta en lo más íntimo como una esposa "tan noble, rica y hermosa" (TC 7) que cautivó toda su existencia, desde el tuétano.
De modo no menos pasional lo vivió Clara. Sólo hay que leer sus cartas a Inés de Praga para darse cuenta del amor cautivador y profundamente esponsal que sentía la Plantita de Francisco por Jesús, a quien abrazó como se abraza a aquel cuyo "poder es más fuerte, su generosidad más excelsa, su aspecto más hermoso, su amor más suave y toda su gracia más elegante" (CtaCla1, 8).
(Cta Cla3, 28).Además, contemplando sus indecibles delicias, sus riquezas y honores perpetuos, 29y suspirando a causa del deseo y amor extremos de tu corazón, grita: 30¡Llévame en pos de ti, correremos al olor de tus perfumes (Cant 1,3), oh esposo celestial! 31Correré, y no desfalleceré, hasta que me introduzcas en la bodega (cf. Cant 2,4), 32hasta que tu izquierda esté debajo de mi cabeza y tu diestra me abrace felizmente (cf. Cant 2,6), hasta que me beses con el ósculo felicísimo de tu boca (cf. Cant 1,1).
El sábado tuve la ocasión de ir a ver Avatar, la archifamosa y archimillonaria película de James Cameron, el mismo que contó cómo se hundió el Titanic.
- Así y todo, no es la mera profesión de votos la que diferencia ambos estados de vida, sino la Dimensión Esponsal de la Vida Consagrada. Un sacerdote se entrega a Dios, pero no necesariamente implica ello en su vida una esponsalidad, que ya explicaremos mejor, y de la que Francisco y Clara son grandes exponentes.
- Y es como se nos presenta la figura del sacerdote: persona que se da a Dios y a los demás, con la peculiaridad de administrar los sacramentos, que es lo que le diferencia del resto. Actúa "in persona Christi", y ello sólo en virtud del Sacramento del Orden. De ahí se debe derivar una coherencia de vida: frecuentar gimnasios, bares, karaokes... quizá no es malo en si mismo, pero como dice Pablo "mas no todo me conviene" (1 Cor 6, 12). Es decir, que un alma predispuesta a la oración y la vida espiritual de forma más exigente y diferenciada que los laicos, difícilmente frecuentará ambientes o lugares a los que, como me dijeron una vez, "Jesús iría". Me comentaban el otro día que nadie se puede imaginar en verdad a Francisco recibiendo las llagas y mascando chicle. Se trata de la predisposición interior, no tanto de lo externo. Y, así y todo, es difícil juzgar.
- Si un sacerdote guarda o no el celibato es cosa suya, ahora bien, debe tener cuidado de caer en el escándalo, porque eso hace mucho daño y aleja de Dios a muchas almas. Es muy delicado. Por lo demás, deberá revisar su vida espiritual y su vocación, lo mismo que un consagrado, un fraile o un casado.
- En resumen: ¿se podría restablecer el celibato opcional?: no veo por qué no; ¿se hará?: no creo, por ahora; ¿soy partidario?: sí, pero dependiendo de las circunstancias. Hay que tener en cuenta la estima de la que gozaba el celibato, y aventurar que restaurar la opcionalidad arreglaría el tema vocacional es, cuando menos, superficial y oportunista. Hace 2.000 años que sacerdotes y sacerdotes optan por el celibato, y unos lo han llevado bien y otros no, pero eso no habla ni en favor ni en contra. Dios llama, no es que no lo haga. Lo que ocurre es que, los que somos Iglesia, debemos dar TESTIMONIO, con la Vida y la Palabra, como hicieran los primeros cristianos, con ese entusiasmo que ha perdido sitio en favor de una cristiandad que, en muchos casos, parece de Misa Dominical y poco (o nada) más. En cuestiones de pederastia no entraré, porque, salvo el escándalo, lo demás se puede aplicar al resto de los mortales. Creo que no hace falta decir por qué.
- Una vida familiar para un sacerdote ¿perjudicaría su misión? Depende, sin duda, de las necesidades de la Iglesia particular y de su Obispo y, en consecuencia, del lugar al que sea eventualmente. El celibato opcional no es necesario, porque tampoco viene a solucionar nada. El debate está en si se puede considerar inherente al sacerdocio o debe ser ratificado como algo que no debe darse por el bien del mismo. Insisto, no es necesario, quizá, pero tampoco es algo aberrante, ni mucho menos. De todas formas, el día que sea de Dios, volverá. De momento, llevamos casi 2.000 años sin él por los motivos que sea, y no ha pasado nada. Crisis vocacionales las hemos tenido siempre. Darle la culpa al celibato es partidista y equivocado. Antes bien, deberíamos mirar qué hacemos nosotros para que nuestros amigos, vecinos, colegas... se sientan atraídos por Cristo.
Pace Bene.
Sin embargo, tras la desaparición de los Apóstoles y demás testigos directos, la Iglesia ya aparece estrucurada jerárquicamente, como herencia de aquéllos. De ella dan testimonio los primeros Padres.
Tras unos días en que se han vertido opiniones sobre el tema, quisiera ponerme a hablar por fin del tema. El motivo de la espera no ha sido otro que calibrar qué es lo que se considera importante y esencial, es decir, en qué se piensa cuando se aborda la cuestión de si un sacerdote debe poder casarse o no.
Habiendo visto los comentarios que habéis dejado, quisiera dejar unas cuestiones a modo de introducción al tema:
- ¿Qué es lo verdaderamente esencial de la cuestión: el celibato en sí, o la identidad del sacerdocio como Sacramento?
- ¿Cuándo y por qué se introdujo el celibato para los sacerdotes? ¿Es cuestión de conveniencia, de tradición o podría ser que el Espíritu Santo hubiera iluminado a la Iglesia en este aspecto?
- ¿Por qué se suscita esta cuestión? ¿Por qué insisten tanto en ella algunos que no son sacerdotes? ¿Por qué los mismos sacerdotes la reivindican? ¿Estaría bien que hicieran lo mismo los religiosos? ¿Qué diferencia hay?
P.S.: los comentarios que dejáis están muy bien. Sólo os pediría que tratárais de no cruzar la delgada línea del respeto al otro, por diversas que sean las opiniones.
Pace Bene!
Antes de escribir lo que pienso acerca del celibato opcional, creo que sería útil que, en http://maseo.blogspot.com respondiérais a la encuesta, para conocer vuestras opiniones.
Pace Bene.

"Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió en medio de sus hermanos. Y a partir de entonces, vino sobre David el espíritu de Yahveh. Samuel se levantó y se fue a Ramá" (1 Sam 16, 13).
Haití está ahora sembrado de muerte, dolor y destrucción. Parece mentira, pero siempre les toca a los mismos, a los pobres, a los que no tienen nada ni para prever estos desastres ni para salir luego del pozo en que se ven hundidos. Desde aquí poco podemos hacer, si acaso rezar para que el Señor les dé consuelo y fuerzas, dentro de lo que cabe, para sobrellevar lo mejor posible tanta desolación. Que el Señor les bendiga.
Si volvéis a él de todo corazón
y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a vosotros
y no os ocultará su rostro.

Me dio pena ver la semana pasada cómo mucha gente daba ya por terminadas las fiestas de Navidad, y retiraba el árbol, haciendo de tal gesto el símbolo inequívoco de que una vez más se acabaron las fiestas.
Ciertamente, los días "fuertes" se habían acabado con el paso de los Reyes, pero, sobre todo para los católicos, es una pena dar por concluido el Tiempo de Navidad con la Solemnidad de la Epifanía. Ayer celebramos la Fiesta del Bautismo del Señor, con la que sí termina este Tiempo Litúrgico, pues con dicha Fiesta recordamos cómo Juan Bautista, el último profeta del AT, bautiza al Mesías, convirtiéndose dicho Bautismo en Unción, y, así, el conjunto del relato expresa que Jesús - Mesías - Hijo de Dios empieza su Misión y da por terminado el periodo de profecías, anuncios y esperas. Él ya se ha encarnado.
Lo Nuevo ya está aquí. Jesús no se bautizó para que le fueran perdonados los pecados, ni siquiera, en mi opinión, para "darnos ejemplo". Se trata de algo más profundo, que llega al tuétano de la Historia de la Salvación: Juan Bautiza a Jesús, pero hace algo más: lo unge, lo proclama Hijo, y es el Padre quien reafirma esta realidad al manifestarse sobre el Río Jordán por el Espíritu.
Lo importante es que escuchemos esta Voz, y hagamos de Jesús el centro de nuestras vidas, tal como el Padre quiso que lo hiciera Israel. Además, no deja de ser significativo el hecho de que en esta Teofanía, las palabras usadas sean las mismas que en la Transfiguración, cuando Jesús fue envuelto en la Gloria que tenía "antes de la constitución del mundo" (Jn 17). En ambos momentos, el Padre interviene en favor de su Hijo. En el Bautismo, para ungirlo y marcarle así el comienzo de su Misión. En el Tabor, para consolarlo, para hacer patente su Amor Intratrinitario y Eterno para con Él.Bajó el Espíritu Santo sobre él en forma e paloma, y vino un voz del cielo: - “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.”
Es un buen momento para que iniciemos un camino de conversión, de búsqueda de Dios y de oración, tal como hiciera Jesús.
Pace Bene.
Aunque todavía queda por celebrar, el próximo Domingo, la Fiesta del Bautismo del Señor, ya podemos ir haciendo una reflexión acerca de cómo hemos vivido, espiritualmente, esta Navidad.
Y en torno a la figura de Jesús configuró Francisco su espiritualidad.
De hecho, la Pobreza la vivía desde el Jesús Crucificado, que allá, clavado en Cruz y con el cuerpo deshecho, nada pidió ni nada reclamó para si. O desde el Niño Jesús, que tuvo a bien ponerse en manos del hombre para redimirnos, no teniendo para su nacimiento ni un techo decente, ni una cama mullida, ni protección, ni lo necesario si quiera.
La oración del Poverello no era mera contemplación, sino inmersión en los Misterios de Cristo, de su Vida y de su Crucifixión-Resurrección. Adoptó las mismas actitudes y gestos del Hijo de Dios, de modo que así pudo, también, rezar como Él, llegando a las profundidades de la Trinidad, como un verdadero HIJO.
La Caridad de Francisco se expresaba como la de Jesús, que en Cruz nos amó tanto que no dudó en darse, en sufrir torturas, desprecios y muerte ignominiosa.
Jueves, 16 de febrero
Miguel Blanes Coll
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Religión Digital
José Arregi
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Vicente Luis García
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Manuel Mandianes