"Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo". [...] Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios. Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis.
Así, en el capítulo 5 de Juan, y en medio de una polémica con los judíos, se nos muestra una declaración de Jesús que no puede pasarnos desapercibida, ahora que acabamos un año, un periodo más de nuestras vidas.
Jesús sigue trabajando, y el Padre también. Ambos siguen, por el Espíritu, la tarea que iniciaron con la Creación, cuando dieron a luz el tiempo y el mundo. El Engendrar y Ser Engendrado, Misiones propias del Padre y del Hijo por el Espíritu, continuan, y lo harán por toda la eternidad. Sólo nos queda a nosotros, pobres criaturas, tratar de incorporarnos a esta realidad divina de la que, por otra parte, Jesús quiso hacernos partícipes cuando, en Jn 17, dice: "porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado". Que este año que empieza sepamos, como Francisco, discernir lo que es de Dios e, imitando sus actitudes, viviendo como Él - como pide también Juan en su Primera Carta -, sepamos dar testimonio de que el mundo pasa, pero Él ES ETERNO. ¡FELIZ AÑO 2.010!
(Cta O, 50-52).Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros, miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre querer lo que te place, para que, interiormente purificados, interiormente iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en simple Unidad, vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén.
(TC 13-14).A los pocos días, cuando se paseaba junto a la iglesia de San Damián, percibió en espíritu que le decían que entrara a orar en ella. Luego que entró se puso a orar fervorosamente ante una imagen del Crucificado, que piadosa y benignamente le habló así: «Francisco, ¿no ves que mi casa se derrumba? Anda, pues, y repárala». Y él, con gran temblor y estupor, contestó: «De muy buena gana lo haré, Señor». Entendió que se le hablaba de aquella iglesia de San Damián, que, por su vetusta antigüedad, amenazaba inminente ruina. Con estas palabras fue lleno de tan gran gozo e iluminado de tanta claridad, que sintió realmente en su alma que había sido Cristo crucificado el que le había hablado. Saliendo de la iglesia, encontró a un sacerdote sentado junto a ella, y, metiendo la mano en su bolsa, le ofreció cierta cantidad de dinero, diciéndole: «Te ruego, señor, que compres aceite y cuides de que luzca continuamente una lámpara ante este crucifijo. Y, cuando se acabe este dinero, yo te daré de nuevo lo que fuere necesario para lo mismo». Desde aquel momento quedó su corazón llagado y derretido de amor ante el recuerdo de la Pasión del Señor Jesús, de modo que mientras vivió llevó en su corazón las llagas del Señor Jesús, como después apareció con toda claridad en la renovación de las mismas llagas admirablemente impresas en su cuerpo y comprobadas con absoluta certeza.
(2 Cel 10).Ya cambiado perfectamente en su corazón, a punto de cambiar también en su cuerpo, anda un día cerca de la iglesia de San Damián, que estaba casi derruida y abandonada de todos. Entra en ella, guiándole el Espíritu, a orar, se postra suplicante y devoto ante el crucifijo, y, visitado con toques no acostumbrados en el alma, se reconoce luego distinto de cuando había entrado. Y en este trance, la imagen de Cristo crucificado -cosa nunca oída-, desplegando los labios, habla desde el cuadro a Francisco. Llamándolo por su nombre: «Francisco -le dice-, vete, repara mi casa, que, como ves, se viene del todo al suelo». Presa de temblor, Francisco se pasma y como que pierde el sentido por lo que ha oído. Se apronta a obedecer, se reconcentra todo él en la orden recibida. Pero... nos es mejor callar, pues experimentó tan inefable cambio, que ni él mismo ha acertado a describirlo. Desde entonces se le clava en el alma santa la compasión por el Crucificado, y, como puede creerse piadosamente, se le imprimen profundamente en el corazón, bien que no todavía en la carne, las venerandas llagas de la Pasión.
No es de extrañar, pues, la Noche de Greccio, en que Francisco sentía derretírsele el corazón, y en la que el Niño Jesús se hizo visiblemente presente. Desde la alocución de San Damián, casi veinte años antes, Francisco tenía el corazón llagado, y el alma traspasada de Amor Compasivo por Jesús Crucificado.
El encuentro en aquella iglesita derruida tuvo que ser, pues, tan profundo e íntimo, que la figura del Crucificado no se borró jamás de los afectos y del recuerdo del Poverello. Podríamos decir que el Espíritu abrasó y traspasó el corazón de Francisco. Todo lo demás, y lo sucedido en Greccio después, sería consecuencia de este Amor del santo de Asís para con Jesús, que tanto se da y tanto se nos ha dado.
La Tumba del Santo es, con diferencia, lo que menos me gustó. No tanto por el diseño como por la ostentación que luce. Pero eso no quita, desde luego, que allí pasé un rato agradable rezando y meditando. Me gustó por otra parte la visita al museo. Dado que el Padre Pío murió hace 40 años, los capuchinos han conservado prácticamente todo lo que han podido. Por guardar, guardan hasta una taza con el poso aún visible del último café que se bebió el Santo. Se puede ver su celda, tal cual estaba cuando dejó este mundo, con su sillón, su cama, sus bombonas de oxígeno, su mesita... Una de las cosas que más me impresionó fue el elevadísimo número de cartas que recibió y que se guardan - todas - en unas estanterías. Hay miles. Y lo mejor es que parece ser que contestó a todas. Ornamentos y vestiduras litúrgicas forman parte del elenco de reliquias. También hay conservado un camisón con manchas de la sangre del costado y, lo que es todavía mejor, una bolsita con ¡tiritas! usadas por él. No vi uñas, pero alguna tendrán, seguro, como se cogían también de San Francisco.
En estos casos, siempre me llama la atención poderosamente el celo quizá excesivo, pero comprensible, por conservar la memoria del Santo. Para los que vivieron con él tuvo que ser un testimonio vivo, que no podía sino interpelarles constantemente, a la vez que le fueron cogiendo cariño, segurmamente. Nos dijo el conserje del hotel, en Asís, que el Padre Pío no fue muy querido en vida, sobre todo por sus paisanos. Pero, al morir, se descubrieron muchos motivos por los que tenerle gran estima y devoción.
Ayer noche llegué a casa, tras pasar unos muy buenos cuatro días en Assisi.
Mi primera parada, como os conté, fue Greccio. Antes de la Misa de Nochebuena estaba prevista, como cada año, una representación de aquel primer pesebre viviente de 1223. Pero la lluvia lo impidió, si bien no pudo deslucir lo bonito e impresionante de aquel santuario franciscano asentado sobre la roca de la montaña. La Misa empezó a las 00,00 h. y contó con la presencia de varias autoridades locales. Al final, se trasladó la figura del Niño Jesús a la gruta donde tuvo lugar el milagro de aquella noche gloriosa en que Francisco revivió la Navidad. Los frailes se esmeraron en acogernos a todos los que allí acudimos, y para ello nos invitaron a panettone y champagne, de forma que se trató de crear un ambiente verdaderamente familiar.
Los otros días los he pasado en Assisi, salvo el día 26, en que fuimos a San Giovanni Rotondo, a visitar al Padre Pío.

En Mallorca, en la Misa del Gallo, es tradición el canto de la "sibil.la". La web del "Consell de Mallorca" la explica así:
"El cant de la Sibil·la (canto de la Sibila) fue una de las dramatizaciones medievales del ciclo de Navidad que más arraigaron en la península y, sobre todo, en Cataluña, desde donde llegó a Mallorca tras la Conquista de Jaime I. Este canto, del que se conservan diferentes manuscritos del siglo X (Ripoll, Córdoba) pertenecientes a la liturgia mozárabe, se representó por toda la península con más o menos continuidad hasta las prohibiciones surgidas del Concilio de Trento.
Después de estas prohibiciones, el canto de la Sibila sólo ha pervivido, por su gran popularidad, en Mallorca y en la seo de Alguer, y se ha convertido en uno de los pocos ejemplos aún vivos de las expresiones folclórico-religiosas de origen medieval".
Sólo quiero dejar hoy un brevísimo esbozo sobre algo que ronda mi cabeza y trato de orar estos días de preparación navideña: el Serafín que se apareció a Francisco en la Verna ilustra el Amor de Dios (desde Israel hasta hoy) y el significado verdadero de lo que es la Consagración. Y ello en varias líneas:
- Eucaristía.
- Encarnación.
- Pasión.
- Resurrección.
- Vida Consagrada.
- Caridad (a lo que debe conducir esta meditación. Si no, mejor que no la haga).
Tendrés tiempo para meditarlo estos días, ya os explicaré por qué. Va más allá de unas meras vacaciones navideñas.
Pace Bene.
No me gusta entrar en estos "fregados", pero esta vez no quisiera dejar de hacerlo. Me refiero a la reacción que, según he podido leer, han tenido los curas de Guipúzcoa ante el nombramiento de Monseñor Munilla como Obispo de San Sebastián. Se permiten opinar y valorar dicho nombramiento. Por otro lado, parece imperar en ellos más el nacionalismo que el cuidado y la atención en lo que es de veras importante en el cuidado pastoral. No dudo de sus buenas intenciones, Dios me libre. Pero creo que todo presbítero y todo consagrado debe revisar sus conductas y actos (sobre todo si son públicos) en base a la concordancia que tengan con sus promesas (caso de los sacerdotes) o votos (religiosos y consagrados). Se trata de ser fieles. Insisto, es urgente que cultivemos ante todo la vida de oración y la vida sacramental. Sólo así nuestra vida tendrá más luz.
Pace Bene.
He leído en los medios de comunicación la carta que los obispos españoles han dirigido a los sacerdotes. En ella, se les anima a un apostolado activo, tanto por su condición de sacerdotes, como por necesidad, prácticamente, debida la inquietante situación de nuestra Iglesia Española.
Pienso también que son un regalo, puesto que sólo ellos pueden administrar el Sacramento de la Eucaristía y los demás Sacramentos. Pero les diferencia, por encima de todo - y así lo veía Francisco - el Don que les ha concedido el Altísimo de poder consagrar, de tener en sus manos el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Por eso, el Poverello los veneraba, no tanto por ellos mismos, sino más bien en razón de su Ministerio.
En efecto, sin ellos nuestra vida espiritual y cristiana carecería de lo más esencial. Cierto que Dios siempre provee, pero no quisiera verme en la tesitura de "a ver cómo comulgamos" puesto que ya no quedan sacerdotes. Desde luego, a tal situación no se llegará. Pero sí es cierto que, hoy por hoy, muchos sacerdotes necesitan ayuda, puesto que suelen llevar dos o tres parroquias a la vez. Por tanto, los laicos debemos jugar nuestro papel, ayudando en lo que podamos. Y de aquí se puede desprender una mayor comunión con ellos, siendo también deseable y necesaria una unión entre los mismos sacerdotes, entre ellos y con su Obispo. La unión es Signo, y los Signos son los que atraen, a los que estamos dentro y a los que están fuera y quieren (o aún no) entrar.
Son un Don, si bien tienen sus funciones, que no se pueden ni se deben confundir con las de los laicos y consagrados. Cada cual lo suyo. Pero eso no quita que debamos apoyarnos y colaborar, en lugar de tirarnos piedras unos a otros, criticando ahora a este sacerdote o a este obispo, ayudando así a disgregarnos. Creo que lo importante, la esencia para que recuperemos la unidad es la Oración y la Vida Sacramental. Un contacto, pues, sincero con Dios. Y, desde ahí, lo demás irá brotanto, poco a poco. Dios es Providencia. El problema es que queremos serlo nosotros, muchas veces. Y no es posible.
Pace Bene.
LP 14:
Era la tarde del sábado anterior a la noche en que el bienaventurado Francisco pasó al Señor; después de las vísperas vino una bandada de pájaros llamados alondras, que, a poca altura sobre el techo de la casa en que él yacía, volaban y revoloteaban cantando.
Nosotros que hemos vivido con el bienaventurado Francisco y hemos escrito estas cosas sobre él, damos testimonio de que muchas veces le oímos decir: "Si yo hablase al emperador, le suplicaría que, por amor de Dios y en atención a mi ruego, firmara un decreto ordenando que ningún hombre capture a las hermanas alondras ni les haga daño alguno; que todas las autoridades de las ciudades y los señores de los castros y de las villas deban obligar a que, en la Navidad del Señor de cada año, los hombres derramen trigo y otros granos por los caminos fuera de las ciudades y castillos, para que, en día de tanta solemnidad, todas las aves, y particularmente las hermanas alondras, tengan qué comer; que, por respeto al Hijo de Dios, a quien tal noche la bienaventurada Virgen María, su madre, reclinó en un pesebre entre el asno y el buey, estén obligados todos a dar esa noche a nuestros hermanos bueyes y asnos abundante pienso; y, por último, que en este día de Navidad todos los pobres sean saciados por los ricos".
Y todavía dicen que las Navidades de este año serán de las más austeras... ¿No será que ya no sabe nuestra sociedad qué significa de verdad "Navidad"?
Pace Bene.
"Encontraréis hombres fieles, mansos y benignos, que os recibirán con alegría y acogerán vuestras palabras; y otros muchos infieles, soberbios y blasfemos, que con sarcasmo os resistirán, como también a vuestras palabras. Formad en lo más hondo del corazón el propósito de soportarlo todo con paciencia y humildad". (TC 36).

Así se refiere Francisco a María, haciéndose eco de las palabras del Ángel. Y, desde entonces, la Historia ha sido testigo de disputas teológicas - y no tan teológicas, todo hay que decirlo - acerca de si María es Inmaculada desde su Concepción, o llevaba en si el Pecado Original, como todo mortal.
No quería dejar de hacer una referencia al caso de Aminatu Haidar. Es sabido que, desde hace unos días, mantiene en jaque al Gobierno de España, incapaz de dar una salida al problema, a la vez que Marruecos hace gala de un pasotismo absoluto.
"En cierta ocasión escuché a un viejo, razonable, bueno, perfecto y santo hermano decir:
Si oyes la llamada del Espíritu, escúchala y trata de ser SANTO con toda tu alma, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas.
Pero si, por humana debilidad, no consigues ser santo, procura entonces ser PERFECTO con toda tu alma, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas.
Si, a pesar de todo, no consigues ser perfecto, por culpa de la vanidad de tu vida, intenta entonces ser bueno con toda tu alma, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas.
Si, con todo, no consigues ser bueno, debido a las insidias del Maligno, trata entonces de ser razonable con toda tu alma, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas.
Si, al final, no consigues ser santo, ni perfecto, ni bueno, ni razonable, a causa del peso de tus pecados, procura entonces llevar esta carga delante de Dios y entrega tu vida a la divina misericordia.
Si haces esto sin amargura, con toda humildad y jovialidad de Espíritu, movido por la ternura de Dios que ama a los ingratos y a los malos, entonces comenzarás a sentir qué es ser razonable, aprenderás en qué consiste ser bueno, lentamente aspirarás a ser perfecto, y, por fin, suspirarás por ser santo.
Si haces esto día a día, con toda tu alma, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas, entonces, hermano, te aseguro que estarás en el camino de San Francisco y no te hallarás lejos
del Reino de Dios".
(Leonardo Boff, San Francisco de Asís: Ternura y vigor).
Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca, si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el Sacramento, en los lugares donde la Conferencia de Obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, se le debe administrar la sagrada hostia. Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano. (Redemptionis Sacramentum, 92).
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni