Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

Talentos

18.11.09 | 15:45. Archivado en Evangelio
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Como la gente seguía escuchando, añadió una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro. El les dijo: "Un hombre de familia noble fue a un país lejano para recibir la investidura real y regresar en seguida. Llamó a diez de sus servidores y les entregó cien monedas de plata a cada uno, diciéndoles: 'Háganlas producir hasta que yo vuelva'. Pero sus conciudadanos lo odiaban y enviaron detrás de él una embajada encargada de decir: 'No queremos que este sea nuestro rey'. Al regresar, investido de la dignidad real, hizo llamar a los servidores a quienes había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido diez veces más'. 'Está bien, buen servidor, le respondió, ya que has sido fiel en tan poca cosa, recibe el gobierno de diez ciudades'. Llegó el segundo y le dijo: 'Señor, tus cien monedas de plata han producido cinco veces más'. A él también le dijo: 'Tú estarás al frente de cinco ciudades'. Llegó el otro y le dijo: 'Señor, aquí tienes tus cien monedas de plata, que guardé envueltas en un pañuelo.
Porque tuve miedo de ti, que eres un hombre exigente, que quieres percibir lo que no has depositado y cosechar lo que no has sembrado'. El le respondió: 'Yo te juzgo por tus propias palabras, mal servidor. Si sabías que soy un hombre exigentes, que quiero percibir lo que no deposité y cosechar lo que no sembré, ¿por qué no entregaste mi dinero en préstamo? A mi regreso yo lo hubiera recuperado con intereses'. Y dijo a los que estaban allí: 'Quítenle las cien monedas y dénselas al que tiene diez veces más'. '¡Pero, señor, le respondieron, ya tiene mil!'. Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene. En cuanto a mis enemigos, que no me han querido por rey, tráiganlos aquí y mátenlos en mi presencia". Después de haber dicho esto, Jesús siguió adelante, subiendo a Jerusalén.

Jesús nos da un toque de atención en este Evangelio. Creo que es deber nuestro meditar y darnos cuenta de los dones que Dios nos ha dado, y pensar en serio cómo ponerlos al servicio de los demás. No es algo opcional, sino una obligación. No desarrollarlos o no ponerlos a disposición y beneficio de otros es lo mismo que decirle a Dios que sus dones no nos interesan.

No podemos, pues, pretender pedirle luego más dones, más beneficios, al menos con honradez. Uno tiene que conocerse, saber cuáles son sus dones y sus defectos, saber hasta dónde puede llegar y hasta dónde no puede llegar. Pero lo que tenemos de bueno no está ahí para adornar, o "darnos gloria" a nosotros mismos. Están para que los demás puedan beneficiarse, pudiendo practicar con ellos, de esta manera, una forma de Caridad. Nos hacemos así más cercanos a los demás, y les podemos hablar así de Dios, puesto que Él nos los ha dado, nosotros no hemos hecho nada para tenerlos.

Y fructificarlos es como multiplicarlos, haciéndolos crecer de forma que otros reciban sus efectos, por así decirlo, y ser animados a ser testigos de los suyos. De lo contrario, los dejaríamos morir, y hasta nos serían quitados, de forma que otros los pudieran aprovechar.


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