"Convertía todo su tiempo en ocio santo": o dicho de otro modo, su ocio, sus ratos de recreación y solaz eran los que estaban llenos de oración. Francisco trabajaba con sus manos, y enseñaba a los demás que así debían hacerlo. Pero su "hobbie" era la oración, o sea, estar con Dios o, como dice Celano más abajo, en el texto: "respondía al Juez, oraba al Padre, conversaba con el Amigo, se deleitaba con el Esposo".
He aquí que la oración de Francisco era Trinitaria. Una oración abierta y profunda con la Trinidad Económica, que no es otra que la inmanente abierta a nuestra Salvación, como bien referirá Rahner. Por tanto, la oración y la vida de Francisco se dirigían y vivían de Dios Padre "creador, redentor y consolador", a Dios Hijo "Oh cuán santo, consolador, bello y admirable, tener un esposo! ¡Oh cuán santo y cuán amado, placentero, humilde, pacífico, dulce, amable y sobre todas las cosas deseable, tener un tal hermano y un tal hijo!", y a Dios Espíritu Santo, que para el Santo era la fuerza y el consuelo de Dios.
¿En qué ocupamos nuestro tiempo los consagrados? ¿Es la oración - entendida como un "estar con" y un "hablar con" Dios, a quien le hemos entregado nuestra vida - nuestra prioridad? ¿O siempre tenemos algo mejor que hacer? ¿Es un momento lleno de Amor, radicalmente dedicado a Él? Ciertamente, hay diversidad de carismas, y en unos impera más que en otros la oración, o hay por el contrario más espacios para el trabajo pastoral o del cariz que sea. Pero para ser sarmiento hay que permanecer unido a la vid, y eso sólo es posible mediante la oración, llevada después a la práctica coherencia en la vida fraterna o comunitaria.
Es decir, la oración del corazón (doy por supuesta la litúrgica) es la que dará cuenta de la talla espiritual del consagrado. Debe ser una oración en la que se procure el equilibrio entre cantidad y calidad. En "Tentación y discernimiento" Segundo Galilea explica que en ocasiones uno puede tener la tentación de pensar que cuánta más oración, mejor. Sí, dice él, siempre y cuando no sea en detrimento de la calidad. Es decir, estar con Jesús es algo que por si no es tangible ni material, y escapa a todo sistema de medición. De hecho, no tiene nada que ver. Pero tendemos a pensar que si estamos dos horas rezando, será siempre mejor que diez minutos: depende. Porque quizá reces bien los primeros 30 minutos, y luego te disperses en más de mil cosas ("moscas" las llamaba Francisco). Y de cuánta profundidad tenga esta oración y de cuánto tenga de verdadero coloquio y encuentro con Cristo dependerá la autenticidad y calado de la Vida Consagrada. Y, como cerrando un círculo virtuoso, más y mejor será la oración cuanta más caridad y más testimonio dé el Consagrado con su vida.
Francisco no tenía una oración así sólo porque Dios se lo regalara, que también (todo Don viene de Él) sino porque escuchó las Palabras del Hijo y, por tanto, "Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él...".
Viernes, 17 de febrero
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