El Tribunal de Estrasburgo ha sentenciado, tras un recurso presentado por una madre italiana, que los crucifijos en las aulas vulneran los derechos fundamentales de libertad religiosa, y condena al Estado italiano a pagar 5.000 € a la dicha madre por daños morales.
Siguiendo la línea marcada por el Cardenal Lombardi, no voy a opinar ahora, sino que esperaré a que se comenten las argumentaciones del tribunal. Sin embargo, creo que el problema de fondo está en la disposición de las personas en cuanto a lo religioso en si, no importa la religión en concreto. Si es un Crucifijo, una Media Luna o la Estrella de David es lo de menos. Lo preocupante, lo verdaderamente llamativo, es que alguien (y no son pocos) pueda sentirse realmente agredido por un símbolo religioso y, además, aprovechar dicha "ofensa" para lucrarse.
Sí, es preocupante, porque esta señora seguramente sufrirá mucho paseando por las calles de su ciudad, en las que abundarán, seguramente como en la mayor parte de Europa, las iglesias y, de un tiempo para acá, mezquitas y sinagogas. Sus paseos serán auténticos "via crucis" (!) en los que cada templo religioso socavará sus opciones más fundamentales. Y, al llegar a su casa, se sentirá vapuleada porque unos símbolos parecen querer insinuarle en qué debe creer, como si hablaran o se impusieran a las conciencias porque sí. Francamente, roza lo absurdo. Si un Estado decide que no haya símbolos religiosos en los espacios públicos que están bajo su tutela, pues bien. Pero que no trasladen sus miedos o sentimientos de victimismo religioso a aquellos símbolos que durante siglos y hasta milenios han forjado el país, la sociedad y las formas de ser y actuar de si mismos y de las personas con las que conviven. Y es que "La persona sin un conocimiento de su historia pasada, sus orígenes y su cultura es como un árbol sin raíces". (Anónimo).
Sábado, 18 de febrero
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Religión Digital
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Asoc. Humanismo sin Credos