Os recomiendo "El Padre Pío. La Película", del año 2000. Hace muy poco que la he visto y, francamente, me ha encantado. Observar la vida de este Santo de nuestra época, meditarla y tratar de aplicarla en la vida propia es algo que no se puede dejar de intentar.
Los Santos son modelos, y para eso los canoniza la Iglesia, para que nos fijemos en ellos, veamos que son tan mortales como nosotros y aprendamos a ser fieles "a pesar" de nuestras limitaciones. Jesús es siempre "Sí", y la radicalidad que vivió Él en su Vida Terrena es la que vivieron los Santos. Se trata de querer o no querer, y no tanto de poder o no poder.
Una de las escenas que más me han llamado la atención es aquella en la que el Padre Pío es reprendido por decir Misas de 3 horas de duración, en la que la Consagración duraba 30 minutos e incluso más. Le dicen que con 30 o 35 minutos de Misa es suficiente, como la mayoría de los sacerdotes. Y es cuando él les contesta: "¿Es que ahora van a poner relojes en el Calvario?".
Me pregunto cuántas Misas hemos vivido con prisas, con más ganas de salir para ir a no sé qué sitio que de profundizar en lo que se supone es el centro de nuestra vida cristiana. Un Jesús que muere en Cruz, que se entrega al Padre e inclina la cabeza no nos puede pasar desapercibido, como "una cosa más". Comulgar es dar sentido al Sacrificio de Cristo, y es llevar dentro, realmente, la Carne y la Sangre del Hijo de Dios. Y eso debería cambiarnos.
No quiero hacer aquí una especie de alegato apologético, destacando lo malo sin apuntar lo bueno. Pero creo que el Padre Pío, como buen hijo de Francisco, supo ver y entender de corazón lo que "se cuece" en la Eucaristía. Ritos hay muchos y en muchas religiones, pero un Calvario que se hace presente, un Calvario de Resurrección... sólo hay uno.
Pace Bene.
Viernes, 17 de febrero
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