
(TC 25).Cuando el bienaventurado Francisco acabó la obra de la iglesia de San Damián, vestía hábito de ermitaño, llevaba bastón y calzado y se ceñía con una correa. Habiendo escuchado un día en la celebración de la misa lo que dice Cristo a sus discípulos cuando los envía a predicar, es a saber, que no lleven para el camino ni oro ni plata, ni alforja o zurrón, ni pan ni bastón, y que no usen calzado ni dos túnicas; y como comprendiera esto más claro por la explicación del sacerdote, dijo transportado de indecible júbilo: «Esto es lo que ansío cumplir con todas mis fuerzas».
Y, grabadas en la memoria cuantas cosas había escuchado, se esforzó en cumplirlas con alegría: se despojó al momento de los objetos duplicados y no usó en adelante de bastón, calzado, zurrón o alforja; y, haciéndose él una túnica muy basta y rústica, abandonó la correa y se ciñó con una cuerda. Adhiriéndose de todo corazón a las palabras de nueva gracia y pensando en cómo llevarlas a la practica, empezó, por impulso divino, a anunciar la perfección del Evangelio y a predicar en público con sencillez la penitencia. Sus palabras no eran vanas ni de risa, sino llenas de la virtud del Espíritu Santo, que penetraban hasta lo más hondo del corazón y con vehemencia sumían a los oyentes en estupor.
(1ª Cta F 1-13).Todos los que aman al Señor con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente, con todas las fuerzas, y aman a sus prójimos como a sí mismos, y odian a sus cuerpos con sus vicios y pecados, y reciben el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, y hacen frutos dignos de penitencia: ¡Oh cuán bienaventurados y benditos son ellos y ellas, mientras hacen tales cosas y en tales cosas perseveran!, porque descansará sobre ellos el espíritu del Señor y hará en ellos habitación y morada, y son hijos del Padre celestial, cuyas obras hacen, y son esposos, hermanos y madres de nuestro Señor Jesucristo. Somos esposos cuando, por el Espíritu Santo, el alma fiel se une a nuestro Señor Jesucristo. Somos para él hermanos cuando hacemos la voluntad del Padre que está en los cielos; madres, cuando lo llevamos en nuestro corazón y en nuestro cuerpo, por el amor divino y por una conciencia pura y sincera; y lo damos a luz por medio de obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo.
Ayer veíamos la conversión de Francisco, entendiéndola como un cambio interior, de manera que la persona tiende, en sus actos, pensamientos y deseos, a Dios, en lugar de a lo terreno, lo egoísta, lo de este mundo. Y el camino que emprendió el varón de Dios no fue otro que este: "vestía hábito de ermitaño, llevaba bastón y calzado y se ceñía con una correa". Es decir, vivía como un ermitaño de la época, pero no sabía aún para qué le quería el Señor. Había dejado el hogar paterno y se había entregado a Dios, es cierto. Pero aún no había emprendido el camino que Dios quería para él. Francisco, con todo, seguía buscando. Y encuentra la respuesta en el Evangelio. Y decide hacer del Evangelio su forma de vida: "se despojó al momento de los objetos duplicados y no usó en adelante de bastón, calzado, zurrón o alforja; y, haciéndose él una túnica muy basta y rústica, abandonó la correa y se ciñó con una cuerda. Adhiriéndose de todo corazón a las palabras de nueva gracia y pensando en cómo llevarlas a la practica, empezó, por impulso divino, a anunciar la perfección del Evangelio y a predicar en público con sencillez la penitencia". Es decir, empezó a vivir como un verdadero Apóstol, un hombre evangélico.
(TC 27). Francisco aún permaneció dos años solo. Pero sus palabras y su obrar, y esto es muy importante, las dos cosas a la vez, empezaron a atraer, poco a poco, a personas que querían vivir como él: "y lo damos a luz por medio de obras santas, que deben iluminar a los otros como ejemplo". Así, la Fundación de los Hermanos Menores, debe entenderse como la concreción de esta atracción espiritual ejercida sobre varones de Asís, y que se nos cuenta así:Cuando fueron conociendo ya muchos la verdad tanto de la doctrina sencilla
cuanto de la vida del bienaventurado Francisco, hubo algunos que, al cabo de dos años de su conversión, comenzaron a animarse a seguir su ejemplo de penitencia, y, despojados de todos sus bienes, se adhirieron a él con el mismo hábito y en el mismo género de vida. El primero de todos fue el hermano Bernardo, de santo recuerdo.
El alumbramiento espiritual de Francisco se produce pues, desde una vida evangélica y a través del mismo, de una forma no muy usual pero no por ello extraña: una triple lectura. Tres lecturas al azar, una por cada Persona de la Trinidad. "La suerte de los santos" la usaron ya los mismos Once cuando escogieron al sustituto de Judas; y le sirvió también a San Agustín en su conversión. Incluso, en el AT, ya se mencionan el "urim" y el "tummim", usados para echar las suertes y leer el oráculo de Yahveh. Pues bien, a Francisco y a Bernardo, no sólo a Francisco, se les revela el camino que, ahora en comunidad-fraternidad, deberán seguir. Francisco ya no andaría solo. Necesitaban, pues, una expresión común del carisma que Francisco había recibido. Nace pues la Orden de Hermanos Menores, asentada "sólo" sobre el Evangelio, y con un telón de fondo dibujado sobre las Palabras de Jesús: "Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos". La minoridad, el servicio mutuo por Amor al Crucificado será la esencia de la Nueva Orden.«Yo quisiera, hermano, distribuir todos mis bienes temporales, por amor de mi Señor que me los ha dado, como mejor a ti te parezca». A lo cual replicó el Santo: «Mañana muy temprano iremos a la iglesia y conoceremos por el libro de los Evangelios lo que el Señor enseñó a sus discípulos». Se levantaron, pues, muy de mañana y con otro señor llamado Pedro, que también
quería hacerse hermano, fueron a la iglesia de San Nicolás, junto a la plaza de la ciudad de Asís. Entraron en ella para hacer oración; y como eran simples y no sabían encontrar el lugar donde habla el Evangelio de la renuncia del siglo, suplicaron al Señor devotamente que, a la primera vez que abrieran el libro, se dignara manifestarles su voluntad. Terminada la oración, el bienaventurado Francisco tomó el libro cerrado y, puesto de rodillas delante del altar, lo abrió, y a la primera vez le salió este consejo del Señor: Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo (Mt 19,21). Descubierto esto, el bienaventurado Francisco se alegró íntimamente y dio gracias a Dios. Pero, como era muy devoto de la Santísima Trinidad, se quiso confirmar con un triple testimonio, abriendo el libro segunda y tercera vez. La segunda vez le salió esto: Nada llevéis en el camino, etc. (Lc 9,3). Y en la tercera: Aquel que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, etc. (Lc 9,23).
Pero, además, Francisco encarnaba, por así decirlo, tres carismas: la vida consagrada dedicada a la predicación y a la vida evangélica itinerante, "en obediencia, en castidad
y sin nada propio"; la vida consagrada contemplativa, por la que gustaba de lugares solitarios y apartados, buscando a su Señor, y que tuvo su expresión en Clara; y la vida seglar, en medio del mundo, para transformarlo desde dentro, no huyendo de él, sino insertos como cualquier otro, pero impregnándolo de Evangelio. Como dijo alguien hace poco, Francisco antes que nada fue seglar.
El seguimiento a la letra (cf. EP 1) del Evangelio abarca estas tres dimensiones, como las abarcaba Jesús: Jesús itinerante y servidor de todos, sin nada propio, Obediente y Consagrado al Padre; Jesús que ora al Padre, que lo busca de noche en la soledad del monte; Jesús que viene a salvar al mundo desde el mundo, dando su Vida en la Cruz, haciéndose signo distintivo de Amor Verdadero.
(Leyenda de Santa Clara, 5).La visita, pues, Francisco; y más aún Clara a él; aunque moderan la frecuencia de sus entrevistas para evitar que aquella divina amistad pueda ser conocida de los hombres e interpretada maliciosamente por públicas habladurías; por eso, acompañada solamente de una íntima familiar y dejando el hogar paterno, la doncella menudeaba sus secretos encuentros con el varón de Dios, cuyas palabras le parecían llameantes y las acciones sobrehumanas. El padre Francisco la exhorta al desprecio del mundo; demostrándole con vivas expresiones la vanidad de la esperanza y el engaño de los atractivos del siglo, destila en su oído la dulzura de su desposorio con Cristo, persuadiéndola a reservar la joya de la pureza virginal para aquel bienaventurado Esposo a quien el amor hizo hombre.
(Leyenda de Santa Clara, 7).Llegó el Domingo de Ramos. La joven, vestida con sus mejores galas, espléndida de belleza entre el grupo de las damas, entró en la iglesia con todos. Al acudir los demás a recibir los ramos, Clara, con humildad y rubor, se quedó quieta en su puesto. Entonces, el obispo se llegó a ella y puso la palma en sus manos. A la noche, disponiéndose a cumplir las instrucciones del santo, emprende la ansiada fuga con discreta compañía. Y como no le pareció bien salir por la puerta de costumbre, franqueó con sus propias manos, con una fuerza que a ella misma le pareció extraordinaria, otra puerta que estaba obstruida por pesados maderos y piedras. Y así, abandonados el hogar, la ciudad y los familiares, corrió a Santa María de Porciúncula, donde los frailes, que ante el pequeño altar velaban la sagrada vigilia, recibieron con antorchas a la virgen Clara. De inmediato, despojándose de las basuras de Babilonia, dio al mundo «libelo de repudio»; cortada su cabellera por manos de los frailes, abandonó sus variadas galas.
Clara abraza la forma de Vida Evangélica de Francisco, y se consagra al Señor en perpetuo desposorio, si bien adopta una forma de vida contemplativa, aunque no por ello vivió desde el principio en clausura.
(Flor 16).Tomó como compañeros a los hermanos Maseo y Ángel, dos hombres santos, y se lanzó con ellos a campo traviesa, a impulsos del espíritu. Llegaron a una aldea llamada Cannara; San Francisco se puso a predicar, mandando antes a las golondrinas que, cesando en sus chirridos, guardasen silencio hasta que él hubiera terminado de hablar. Las golondrinas obedecieron. Y predicó con tanto fervor, que todos los del pueblo, hombres y mujeres, querían irse tras él movidos de devoción, abandonando el pueblo. Pero San Francisco no se lo consintió, sino que les dijo:
-- No tengáis prisa, no os vayáis de aquí; ya os indicaré lo que debéis hacer para la salvación de vuestras almas.
Entonces le vino la idea de fundar la Orden Tercera para la salvación universal de todos. Y, dejándolos así muy consolados y bien dispuestos para la vida de penitencia, marchó de allí y prosiguió entre Cannara y Bevagna.
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Pace Bene, Antonio. Escríbeme cuando quieras. Mi e-mail está en el apartado "autor", arriba a la izquierda. Un saludo.
Pace Bene, Ricardo. Ciertamente, la reflexión del Hermano Raniero no tiene desperdicio. Y la anotación de la no clericalidad de Francisco no puede ser más acertada: antes que fraile, Francisco fue seglar. Y respecto al estado clerical, Francisco se consideró indingo, y mostró siempre rechazo a que sus hermanos fueran elevados a puestos de honor en la Iglesia. Sacerdotes sí, pero "Menores". La vocación a la que son llamados es el Evangelio.
el titulo de la reflexion " OBservemos la regla que hemos prometido ."
no viene en estos momentos al caso pero os pederia como hermano profeso y consagrado a quien profeda que lo recalquen muchos nos hascen la vida imposible a los que queremos observar la Regla .
me gustaria poder escribirte particular sobre uns temas y el motivo muchas vecespor que ABANDONAN LOS HERMANOS LOS QUE LES INTERESAN LA CALIDAD Y NO NUMERO . UN SALUDO MUY ESPECIAL EN ESTE AÑO y feliz dia de san francisco me huno al hermano ricardo el sabe de mi existencia paz y bien
Muchas felicidades por el día de ntro. p. San Francisco, hermano Miguel.
Por cierto, ¿te has leído la reflexión que hace el p. Rainiero Cantalamessa sobre la regla?
En especial esa frase de:
"El gran historiador Joseph Lortz afirmó con fuerza
“El centro más intimo de la piedad del santo católico,Francisco de Asís, no es el clerical “.
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