Es uno de los sitios más encantadores que se puedan visitar. Ubicado en Santa María de los Ángeles (pueblo que recibe de ella su nombre), a 3 km. de Assisi, está resguardada por una gran basílica, acabada en el s. XVII. Se levanta, imponente, a la entrada del pueblo, a la vera de la carretera que, serpenteando entre campos sembrados de girasoles, olivos y todo tipo de cultivos sube hasta Assisi, mientras se puede contemplar la ciudad.

En esta capillita experimentó Francisco la presencia de María y sus Ángeles. Fue la segunda iglesita que restauró (después de San Damiano) y la primera que habitó con sus hermanos. Algunos piensan que la primera que habitó fue Rivo Torto. Sin embargo, las fuentes son unánimes al señalar que fue la Porciunculita la primera preferida como morada por el Santo, además de convertirse, con el tiempo, en el centro carismático y hasta neurálgico de la Orden.

Capillita de muy antiguo, pertenecía a los benedictinos del Monte Subasio, que le cedieron el uso al santo y este, a cambio, les obsequiaba cada año con aceite y un cesto de pescado.
En ella entró Clara de Asís, abandonando el siglo, y trasladándose, tiempo después, a vivir definitivamente a San Damiano.

Pero más allá de lo histórico, cabe destacar que Francisco halló en ella una fuente especial de Gracia y de Presencia de María Santísima. Tanto, que llegó a recomendar a sus hermanos:
(1 Cel 106).Pues, aunque sabía que en todo rincón de la tierra se encuentra el Reino de los cielos y creía que en todo lugar se otorga la gracia divina a los elegidos de Dios, él había experimentado que el lugar de la iglesia de Santa María de la Porciúncula estaba henchido de gracia más abundante y que lo visitaban con frecuencia los espíritus celestiales. Por eso solía decir muchas veces a los hermanos: «Mirad, hijos míos, que nunca abandonéis este lugar. Si os expulsan por un lado, volved a entrar por el otro, porque este lugar es verdaderamente santo y morada de Dios. Fue aquí donde, siendo todavía pocos, nos multiplicó el Altísimo; aquí iluminó el corazón de sus pobres con la luz de su sabiduría; aquí encendió nuestras voluntades en el fuego de su amor. Aquí el que ore con corazón devoto obtendrá lo que pida y el que profane este lugar será castigado con mucho rigor. Por tanto, hijos míos, mantened
muy digno de todo honor este lugar en que habita Dios y cantad al Señor de todo corazón con voces de júbilo y alabanza».
Así que muy claro lo tenía Francesco. En ella moraban, y en ella cuidaban a los leprosos, oraban y daban ejemplo de vida:
(2 Cel 18-19).El siervo de Dios Francisco, pequeño de talla, humilde de alma, menor por profesión, estando en el siglo, escogió para sí y para los suyos una porcioncilla del mundo, ya que no pudo servir de otro modo a Cristo sin tener algo del mundo. Pues no sin presagio divino se había llamado de antiguo Porciúncula este lugar que debía caberles en suerte a los que nada querían tener del mundo.
Es de saber que había en el lugar una iglesia levantada en honor de la Virgen Madre, que por su singular humildad mereció ser, después de su Hijo, cabeza de todos los santos. La Orden de los Menores tuvo su origen en ella, y en ella, creciendo el número, se alzó, como sobre cimiento estable, su noble edificio.
El Santo amó este lugar sobre todos los demás, y mandó que los hermanos tuviesen veneración especial por él (cf. 1 Cel 106), y quiso que se conservase siempre como espejo de la Religión en humildad y pobreza altísima, reservada a otros su propiedad, teniendo el Santo y los suyos el simple uso.
Se observaba en él la más estrecha disciplina en todo, tanto en el silencio y en el trabajo como en las demás prescripciones regulares. No se admitían en él sino hermanos especialmente escogidos, llamados de diversas partes, a quienes el Santo quería devotos de veras para con Dios y del todo perfectos. Estaba también absolutamente prohibida la entrada de seglares. No quería el Santo que los hermanos que moraban en él, y cuyo número era limitado, buscasen, por ansia de novedades, el trato con los seglares, no fuera que, abandonando la contemplación de las cosas del cielo, vinieran, por influencia de charlatanes, a aficionarse a las de aquí abajo. A nadie se le permitía decir palabras ociosas ni contar las que había oído. Y si alguna vez ocurría esto por culpa de algún hermano, aprendiendo en el castigo, bien se precavía en adelante para que no volviera a suceder lo mismo. Los moradores de aquel lugar estaban entregados sin cesar a las alabanzas divinas día y noche y llevaban vida de ángeles, que difundía en torno maravillosa fragancia.
Y con toda razón. Porque, según atestiguan antiguos moradores, el lugar se llamaba también Santa María de los Angeles. El dichoso Padre solía decir que por revelación de Dios sabía que la Virgen Santísima amaba con especial amor aquella iglesia entre todas las construidas en su honor a lo ancho del mundo, y por eso el Santo la amaba más que a todas.
Así pues, espejo de la Orden, fuente de Gracia, tesoro de todo el que se llame franciscano, perla preciosa para todos aquellos que buscan a Dios y a su Madre María Santísima. Ciertamente, la Basílica en sí, construida para resguardar a la pequeñita, no está exenta, en su mencionada construcción, de buenas intenciones. Sin embargo, me pregunto si el Santo de Asís, cerrando los ojos por última vez en aquel bosquecillo humilde y sencillo, con su cuerpo desnudo pegado a la desnuda tierra, habría soñado con tamaña edificación o, mejor, habría preferido por techo sencillamente el cielo y como custodia para su capillita los frailes dedicados a la oración y una vida "sólo" evangélica.
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Lo cierto es que la Basílica como tal no me desagrada, pero interesarme me interesan la Porciúncula, la Capilla del Tránsito, el Rosetto...
Pace Bene Acolito: Sucedió en Rivotorto, en el año 1209. El 25 de diciembre de ese año cayó en viernes y los hermanos, en su ignorancia, se preguntaban si había que ayunar o no. Entonces fray Morico, uno de los primeros compañeros, se lo planteó a San Francisco y obtuvo esta respuesta: "Pecas llamando ´día de Venus´ (eso significa la palabra viernes) al día en que nos ha nacido el Niño. Ese día hasta las paredes deberían comer carne; y, si no pueden, habría que untarlas por fuera con ella". Era una forma que tenía Francisco de expresar la importancia y solemnidad de la Natividad. No comer carne era para él una cuestión de austeridad.
Andrea como admiro a esa santa. A la compa;era de Francisco en el camino del evangelio. Que puro era su corazon en todo lo relacionado con Cristo. Si Francisco me gusta Clara me inspira ternura.
Un saludo.
Le voy a hacer una pequeña pregunta.¿es cierto que S.Francisco rociaba de sangre las paredes de su convento el dia de navidad? en caso afirmativo ¿por que lo hacia?
hace un par de años me propuse visitar los lugares donde había estado Santa Clara. Perparando el viaje no quise ver ninguna foto de los luegares que iba a visitar.
Cuando mi tren paro mas lejos que cerca de Asis, me dirigí en primer lugar a esta capillita. Al llegar a la plaza y encontrar esa gran basilica, me entristeci un poco. y surgio una pregunta en mi, ¿Que pensaria S. Francisco de esta gran basilica? Solo en san Damian encontre el espiritu de pobreza.
interesante relato.paz y bien.-
Pace Bene, Pablo! ¿Cómo va? Te aconsejo no pierdas la oportunidad, si puedes, de ir allá. Rezarás como en ningún sitio. Una semanita allá, entre avión (si vives en Europa es más barato, claro) y alojamiento, no te puede salir muy cara, y la recompensa es grande. Francesco se palpa por todas partes.
Pace Bene!
Interesante relato amigo Miguel. Que bueno es tener a la Madre nuestra como amiga, y llama la atencion como Francisco recibe esa revelacion de aquel lugar. La Virgen ama esa peque;a iglesia, solo saber eso debe de llenarnos de alegria y expectacion visitarlo.
Un saludo.
Sábado, 18 de febrero
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