Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. Si yo no hubiera venido y no les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa de su pecado. El que me odia, odia también a mi Padre. Si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mí y a mi Padre. Pero es para que se cumpla lo que está escrito en la Ley: "Me han odiado sin motivo". Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio.Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. No os dije esto desde el principio porque estaba yo con vosotros. (Jn 15, 18 - 16, 4).
Pocas diferencias hay entre los primeros cristianos y nosotros. Al menos en cuanto a persecución se refiere. Los Apóstoles, los primeros discípulos, los que iban posteriormente abrazando la Fe, tuvieron que afrontar una de las formas más duras de persecución, que fue si acaso la primera (léase "persecución" como oposición del mundo a Jesús y su Palabra). Me refiero a la exclusión de las sinagogas. Ello comportaba, no sólo una exclusión de una serie de ritos, sino una auténtica expropiación de toda identidad judía. El que abrazaba la Fe de Cristo quedaba separado automáticamente del Pueblo, de sus hermanos, de su familia. Eran apartados y señalados. Rompían, a la fuerza, con su historia particular, con todo aquello que les identificaba, individualmente y como miembros de un Pueblo, el Pueblo Escogido. Y Jesús lo sabía.
Luego fueron perseguidos también por Roma: cárcel y tortura precedían a menudo a las formas más crueles y variopintas de muerte, bien en el circo romano a manos de fieras, bien quemados, bien crucificados, o bien al criterio aleatorio del emperador de turno. Pero Jesús lo sabía.
También, pareja a la segunda, hubo una persecución y confrontación intelectual: Celso, Porfirio... atacaban intelecutalmente los fundamentos de la nueva religión, con tal de mostrarla perversa y digna de ser perseguida y sofocada. Nacía así la apologética (Clemente, Ireneo, Policarpo...). A ello se sumaban las calumnias de los paganos: antropofagia (decían comer el Cuerpo de Jesús), incesto (el Amor al Hermano se interpretaba de otra manera), ateísmo (por no creer en el Divino Emperador y en los dioses paganos de Roma). Pero Jesús también lo sabía.
El Señor sabía, en efecto, que la confrontación con el mundo no sería fácil, puesto que a Él lo crucificaron, y no iban a ser menos con ellos. Cuando uno quiere ser ciego, la Luz molesta, y mucho. "Vino a su casa, y los suyos no la recibieron" (Jn 1, 11).
De ahí que no nos tengamos que escandalizar ni sorprender por la actitud que parece generalizarse en la sociedad en contra de todo lo que suene ya no a Jesús, sino a Dios - como concepto que expresa una personalidad divina -, valores, moral o moralidad, sacrificio... No creo que la sociedad esté en contra de la Iglesia. Se trata de algo que va más allá: hay un vacío de Trascendencia, que se llena con ídolos de barro (deportistas, cantantes, actores...), con placeres inmediatos, con el "todo vale", con una ética minimalista. Preocupa más el cómo estoy y me siento yo, que el de al lado. De ahí quizá la creciente tendencia a las religiones de Oriente, que cultivan más la interioridad, y no comportan ningún compromiso de cara al prójimo, ni un dogmatismo concreto.
Desde la Iglesia, a veces nos lamentamos, nos quejamos. Tachamos de injusta la situación. Desde luego, a nadie le gusta ser perseguido. Pero es que es inherente a nuestra condición de cristianos. No es extraño, no es raro: lo decía Jesús mismo. Es la historia de siempre: Luz contra Tinieblas. Los que pretendemos estar del lado de la Luz, de Dios, de Jesús, deberíamos hacernos una reflexión: el laicismo imperante, ¿es una catástrofe, un desastre que debería arreglarse ya y ante el que nos podemos lamentar "in aeternum", o es más bien una situación para nada nueva, que nos da la oportunidad de hablar más alto y más claro de Dios y el Evangelio? El laicismo, de hecho, puede que hasta tenga cosas aprovechables, como es, por ejemplo, la libertad frente a las opciones religiosas: nadie debe ser religioso si no quiere. Pero, como decía, hay un vacío, y como tal, debe ser llenado. Tenemos la ocasión de ayudar a los que no han oído hablar de Dios o se han separado de Él, para que le conozcan o se reconcilien. Ayudarles a encontrar su camino, su realización. No es tanto ayudarles como a nosotros nos gustaría que fueran, sino hablar de Dios, sembrar la semilla. Tenemos mucho trabajo, y es una gran ocasión.
El No a Dios, no es sino, en el fondo, un "no me digas lo que he de hacer", o "no me impongas una moral". Quizá hemos equivocado la forma de presentar a Jesús. Tenemos tiempo de rectificarlo, y ser verdaderos testigos.
Pace Bene.
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En grandes rasgos no hemos errado la forma de presentar a Jesús, la Iglesia ha sido fiel presentando su mensaje. Sencillamente el drama humano es que los hombres llenos de soberbia reniegan de Dios y prefieren los placeres mundanos, y por eso persiguen a la Iglesia.
Jesús lo advirtió. Mientras seamos perseguidos es que somos meridianamente fieles en nuestro trabajo.
Esto es España, y es la Tierra de María, y Santiago nos protege como en los siglos pasados.
http://www.youtube.com/watch?v=x6vwggmhCUU
Sábado, 18 de febrero
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