Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

Carlo Carretto: La elocuencia de los signos

22.07.09 | 15:33. Archivado en Iglesia
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En mi entusiasmo un poco infantil, a menudo he soñado con vender el Vaticano para darlo a los pobres y poder decir a la Igleia que necesitaria comenzar a tomarse las cosas en serio, poniendo hechos al anuncio del Verbo. Ahora también yo he madurado y asi como no me preocupo
delante de un gran convento, lo mismo puedo dar la vuelta a todo el Vaticano sin enojarme.

Sin embargo, convencido como hace ocho siglos de los signos que he puesto ante mis hermanos y de su eficacia debo aun deciros algo. Y también aquí sin polémica. Imaginaos que os unís en Roma a los peregrinos con la dicha de orar en las basílicas tan bellas y de ver al Papa para
oir su voz como si fuera Jesús.

Y bien...

¿Os gustaría encontrar al otro lado de la puerta de la campana, al otro lado de la puert de bronce, al otro lado de la puerta de Santa Ana, al otro lado de la entrada a los museos, una pequeña puerta sobre la cual esté escrito: "Venid a mi todos los que estais cansados y agobiados, y yo os aliviaré"?

Y entrar y hallar un lugar simple, pobre pero acogedor, donde el encuentro con un hombre o una mujer viva les dé el sentido de una Iglesia viva y abierta al pobre. Oh, no es que en el Vaticano o en sus obras falte la caridad.

Diré que todo es un hecho de caridad, sin embargo lo que falta a menudo es el signo. O si está, es un signo tan grande, tan vistoso, tan eficiente,que los pobres no pueden comprender, como un nuncio apostólico, como una estación de radio, como una catedral, como el departamento de un cardenal de una vez.

Hoy la humanidad es sensible a los signos pequeños, pero concretos, inteligentes y, sobre todo, frutos de un acto de amor, inmediato y vivido con fuerza y constancia, hoy.

El papa Wojtyla que alza a un niño en la asamblea, que se inclina para besar la tierra, que llora ante una escena dolorosa, que entra en una cabaña africana o en una favela sudamericana
pone signos que hablan de por si y que lo ponen en comunión con los pobres.

¿Acaso no es así?

Y es por eso que os digo que si voy a Roma, escondido en alguna peregrinación, buscaré ver si en los famosos muros se ha abierto una puerta pequeña y adecuada para mí, Francisco de Asís.

"Yo, Francesco", de Carlo Carretto.


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