
Llega el momento de comulgar, pero no sin antes hacer una profesión clara e inequívoca de Fe, que luego tendrá su continuidad y concreción a la hora de recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Esta mostración del Pan debe hacerse con dicho Pan partido, tal como está. Es así signo de la entrega total de Cristo en la Cruz por Amor. Y es ante este Cristo y por este Cristo, roto y despedazado en la Cruz, ante quien profesamos nuestra Fe, de forma solemne y, a la vez humilde. El sacerdote dice "dichosos los invitados a la Mesa del Señor", recordando las palabras del Apocalipsis 19, 9: "Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero".
Por tanto, la mostración del Pan es anuncio y afirmación, secundada por el Pueblo, y es una llamada de atención a los fieles para que recordemos que ir a Misa y, sobre todo, comulgar, no es un rito sin más, o un precepto que cumplir: es un Banquete, el Banquete y es, por tanto, Fiesta, que nos lleva al regocijo y a la alegría interior y exterior. Es un encontrarnos con Cristo, que vivimos como el Centurión cuyo criado curó Jesús. Os recuerdo la cita evangélica completa:
(Mt 8, 5-13).Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos». Dícele Jesús: «Yo iré a curarle». Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: "Vete", y va; y a otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace». Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes». Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído». Y en aquella hora sanó el criado.
Es un relato precioso en su contenido y en su forma. Además, cuenta con un dato revelador: Jesús toma la iniciativa para ir a curar al siervo del centurión. Es algo poco usual porque, normalmente, Jesús espera que le pidan. Así lo podemos ver en todas las escenas de curaciones o signos en general, obrados por Jesús. Aquí no, ni siquiera deja que le pidan. Con exponerle la causa, se apresura a ir a curarlo. Como si quisiera provocar en el centurión una respuesta de Fe que, por otra parte, se dio. Y tan acertada, por así decirlo, fue, que la repetimos cada día millones de personas delante del mismo Jesús, que se nos muestra, como al centurión, y se nos quiere dar, como a aquél. Como el romano, reconocemos a Cristo, y nos mostramos humildes: no somos dignos de recibirle, pero sabemos que con que Él quiera, nos puede santificar, incorporarnos a su Cuerpo Místico.
(Admonición 1)....De donde todos los que vieron al Señor Jesús según la humanidad, y no vieron y creyeron según el espíritu y la divinidad que él era el verdadero Hijo de Dios, se condenaron. 9Así también ahora, todos los que ven el sacramento, que se consagra por las palabras del Señor sobre el altar por mano del sacerdote en forma de pan y vino, y no ven y creen, según el espíritu y la divinidad, que sea verdaderamente el santísimo cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo, se condenan, 10como lo atestigua el mismo Altísimo, que dice: Esto es mi cuerpo y mi sangre del nuevo testamento, [que será derramada por muchos] (cf. Mc 14,22.24); 11y: Quien come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna (cf. Jn 6,55). 12De donde el espíritu del Señor, que habita en sus fieles, es el que recibe el santísimo cuerpo y sangre del Señor. 13Todos los otros que no participan del mismo espíritu y se atreven a recibirlo, comen y beben su condenación (cf. 1 Cor 11,29). 14De donde: Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo seréis de pesado corazón? (Sal 4,3). 15¿Por qué no reconocéis la verdad y creéis en el Hijo de Dios? (cf. Jn 9,35). 16Ved que diariamente se humilla (cf. Fil 2,8), como cuando desde el trono real (Sab 18,15) vino al útero de la Virgen; 17diariamente viene a nosotros él mismo apareciendo humilde; 18diariamente desciende del seno del Padre (cf. Jn 1,18) sobre el altar en las manos del sacerdote. 19Y como se mostró a los santos apóstoles en carne verdadera, así también ahora se nos muestra a nosotros en el pan sagrado. 20Y como ellos, con la mirada de su carne, sólo veían la carne de él, pero, contemplándolo con ojos espirituales, creían que él era Dios, 21así también nosotros, viendo el pan y el vino con los ojos corporales, veamos y creamos firmemente que es su santísimo cuerpo y sangre vivo y verdadero. 22Y de este modo siempre está el Señor con sus fieles, como él mismo dice: Ved que yo estoy con vosotros hasta la consumación del siglo (cf. Mt 28,20).
Domingo, 19 de febrero
Miguel Blanes Coll
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Salvador García Bardón
Alejandro Córdoba
Movimiento Rural Cristiano
Vicente Haya
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Jose Gallardo Alberni