Modelos rotos
29.06.09 @ 15:51:59. Archivado en Actualidad
Me dio que pensar la muerte de Michael Jackson acerca de un aspecto de nuestra sociedad que creo se pasa mucho por alto, y sin embargo refleja el calado humano y espiritual de la misma. Me refiero a los ídolos, es decir, aquellas personas que han adquirido una relevancia tal por sus aptitudes, sus obras, sus palabras, sus apellidos... que se convierten en iconos, en modelos, en figuras a las que mucha gente desearía parecerse.
Y Michael Jackson ha sido, sin duda, uno de ellos. Lo que ocurre es que pensé qué mal tiene que estar la sociedad para alabar, seguir e incluso apegarse a personas que, quitadas sus aptitudes -indiscutibles en el caso de Jackson- no ofrecen nada en absoluto. No son referencia ni en estabilidad, ni en coherencia, ni en sus formas de obrar en lo cotidiano. Al revés, con frecuencia muchos de estos iconos son personas con las que, seguramente, no podríamos estar conviviendo ni 5 minutos, por sus excentricidades, desequilibrios, insatisfacciones, egocentrismos. M. Jackson fue un claro ejemplo: un genio en lo musical, pero con los bolsillos vacíos a la hora de atraer con virtudes humanas. Incapaz de aceptarse tal cual era, hipocondríaco, ególatra, rozando lo criminal con los niños. Y resulta que la gente se apegaba a él. Se confundía lo estrictamente musical -repito, un genio- con lo demás. Ver a gente llorando delante de su casa, echándole de menos cuando no le conocían -ninguno le conocíamos-; ver a adultos llorando y saltando cuando aparecía en público y lo tenían a 100 metros. Todo eso me hizo pensar en lo enferma y vacía que está la sociedad, que busca modelos -eso está muy bien, es necesario- pero que coge como referencia aquellos cuyas vidas están más rotas, casi siempre por actitudes autodestructivas.
Ayer vi, en diferido, el programa "Cara a cara" de CNN+ que se transmite los viernes. El invitado era Enrique Rojas, psiquiatra. Y me dije "¡qué casualidad!" cuando el presentador le preguntó por Michael Jackson. El Dr. Rojas contestó que Michael padecía casi con toda seguridad, por lo que se sabía de él, un trastorno de personalidad grave, agudo y crónico: inestable, ególatra, cambiante... Todo ello, sumado a otros aspectos, le llevaba a esta conclusión. Lo malo, decía, es que la gente lo toma como referencia, como aquello a lo que aspira. Puso como ejemplo que las revistas de corazón triunfan porque atraen aquellas vidas de gente famosa (no prestigiosa, famosa) siempre y cuando estén rotas: separaciones, divorcios, infidelidades, escándalos... Es lo que atrae.
La sociedad está enferma, y, como decía el Dr. Rojas, precisa de testigos, personas cuya vida es una enseñanza, una referencia, un libro abierto. Urge evangelizar, ser testigos de Jesús, porque hoy día parece que lo más grande, lo que más llena, lo que más persona te hace, es ser como Belén Esteban, Jesulín de Ubrique o la Duquesa de Alba, cuyas personas merecen un respeto, pero cuyas vidas no son siempre las que uno querría para si. Claro que hay excepciones, personas que destacan igual, pero que transmiten algo, mucho o poco, pero algo.
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Miguel Blanes Coll
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