Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

La Anámnesis (II)

21.06.09 | 19:17. Archivado en Eucaristía
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Una cosa que no señalé ayer y no es poco importante es la función explicativa y de profundización que la Anámnesis tiene y desarrolla.

"Anunciamos tu Muerte, Proclamamos tu Resurrección, ¡Ven Señor Jesús!". Es la aclamación que sigue a la Consagración, y que responde a la invitación del celebrante: "Este es el Misterio de Nuestra Fe". Dicha invitación resume, a la perfección, la Fe Cristiana: Creer en Jesús, Hijo de Dios, que se ha entregado por nosotros en Cruz y ha resucitado, dejándonos un memorial perfecto de su Amor. Y contestamos con una oración al Hijo, que tiene un triple movimiento:

- Anunciar su Muerte: dar Testimonio, de Palabra y de Obra, del Amor Infinito de Dios, que tanto nos ha amado, que ha muerto en la Cruz por nosotros. El Silencio de Dios que tanto acucia al hombre de hoy se resuelve, en esencia, con la Redención.

- Proclamar su Resurrección: el Sacrificio de Cristo no es su fin, sino un inicio de Vida Nueva, que eclosiona en la Resurrección, dejando el sepulcro vacio, rompiendo todo temor a la muerte, dejando abiertas para siempre las Puertas de la Vida.

- "¡Ven, Señor Jesús!": el "Maran Atha" escatológico, la Gran Esperanza que mueve al Cristianismo desde los primeros tiempos. La espera de la Vuelta del Señor, que no debe descentrarnos de la vida real, pero que nos anima a esperar, a creer, a tener y dar esperanza.

En efecto, al recordar la Historia de la Salvación traida por Cristo, la Iglesia expone y explica el por qué de la Celebración Eucarística. Esencialmente, señala que recordamos la Pasión y Muerte del Señor. Pero es que, además, ahora lo hacemos en su Presencia en el Altar, de manera que la Oración ahora sí la hacemos al Padre, porque el Hijo nos ha hecho Hermanos suyos, por su Sacrificio Amoroso. Es una Acción de Gracias teñida de intimidad con Dios, bruñida de afecto al Padre, llena de Admiración por la Obra del Hijo.

Y porque este Hijo se ha entregado y resucitado, podemos ahora pedir al Padre por la Asamblea, por los difuntos, por la Unión del Pueblo de Dios. El Sacrificio Eucarístico nos hace uno en Cristo, porque nos hace participar de un mismo Espíritu Encarnatorio y Redentor.


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