Vicente Ferrer, in memoriam
19.06.09 @ 20:04:26. Archivado en Actualidad
Ocurre con frecuencia que para que nos fijemos en alguien, éste debe morir. Es decir, que en vida no le prestamos demasiada atención, pero cuando muere nos da por fijarnos y buscar información sobre dicha persona porque, de una forma u otra, nos atrae lo que ha hecho o dicho.
Es lo que me ha pasado a mí con Vicente Ferrer, que ha pasado ya de este mundo al Padre. He tratado de buscar información sobre él, pero dada por él mismo: entrevistas, comentarios suyos, vídeos... He querido hacerme una idea, aunque fuera aproximada, de quién fue, cómo pensó y actuó, qué le movía a ello. He dado con dos entrevistas. De la primera me ha llamado la atención lo que dice cuando se refiere a la Batalla del Ebro que vivió en sus propias carnes:
• ¿Qué le enseñó en aquél entonces? (La Guerra Civil).
- A salvar la vida propia y la de los demás. Cuando disparaba mi fusil, siempre apuntaba hacia el cielo. Y además reflexionaba. Fue en la guerra, en la oscuridad de la noche a orillas del Ebro, donde vi una pequeña luz que me descubrió que Dios es. Jamás he vuelto a dudar.
Y de la segunda:
-Actualmente, el mundo vive una grave crisis económica. ¿Cómo les afecta?
- (Me mira fijamente, esboza una sonrisa que va ampliándose hasta llegar a la carcajada). La crisis actual es la mayor tragicomedia a la que he asistido en mi vida, y demuestra que lo que prevalecerá es el Plan de Dios, y no el de los hombres, que se vendrá abajo como la Torre de Babel –Pausa. Desvía la mirada hacia el libro con los detalles de sus beneficiarios, y recorre con sus dedos varias páginas.- En cualquier caso, ya hay más de 2.000 pueblos en Anantapur que son autosuficientes y que pueden subsistir durante cierto tiempo, hasta que acabe la crisis.
- Critica a menudo a los científicos y sus logros.
- (Corta la pregunta). ¡Como locos buscan nuevos planetas y la forma de llegar a ellos! ¿Para qué? ¿Para enviar allí a la gente y dejar que se mueran de hambre? –Se ríe.- Nadie dice la verdad. Los científicos son analfabetos del espíritu. Tienen vergüenza de confesar que los misterios del mundo no están hechos para sus telescopios. Es todo un engaño para que la gente no piense en su propia vida, que es finita. Queremos sentirnos inmortales, y olvidamos que ser inmortales no es tan importante como hacer el bien.
Lo cierto es que estas palabras traslucen una forma distinta de ver las cosas. A diferencia del mundo, que todo lo evalúa y sopesa en función del dinero, del capital, de la producción, del marketing... la concreción del Evangelio despliega otro criterio, fundamental y poco oido en nuestra sociedad: el ágape, la igualdad plena y efectiva, o si se prefiere, la equiparación de todos los hombres y mujeres, en torno a una misma Mesa, enfrente de un mismo Señor.
Y no es mera teoría: los sitemas económicos que ha conocido la Historia siempre, siempre, dejan a un lado, sin voz ni oportunidades, a los que no tienen nada. Personas como Vicente Ferrer muestran la forma de cambiar eso desde el Mensaje de Jesús: buscar el bien común, del que tengo al lado. La codicia de nuestro sistema, que ampara barbaridades como las que se dan en el mundo del fútbol (desde los 94 millones de Florentino hasta los 10 que se paguen por un jugador menos "válido", da igual) está lejos de garantizarnos que los deseos, necesidades y aspiraciones más profundas del hombre podrán ser llenados. Se trata de la persona, no de su cuenta bancaria. Y, repito, no es un ideal o una teoría sentimental. Es la respuesta a la crisis, a las desigualdades e injusticias. Lo que pasa es que siempre dependemos de los mismos, a quienes votamos. Pero todo caerá, como la Torre de Babel, Vicente Ferrer dixit. Debemos dar Gracias a Dios de tales Testimonios Evangélicos en nuestros días. E.P.D.
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Miguel Blanes Coll
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