Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

Revelación vs. Canon

12.06.09 | 18:41. Archivado en Biblia
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He titulado así este post porque creo que de alguna forma condensa la respuesta a una pregunta que se me planteó ayer, que se puede resumir así: ¿no acaba la Revelación con el Apocalipsis? Lo cierto es que tal cuestión me pareció bastante atinada y me ha motivado a tratar de distinguir, en la medida de lo posible, lo que conocemos como Revelación y lo que recoge esta Revelación: el Canon.

Dice la Dei Verbum:

LA REVELACIÓN EN SÍ MISMA

Naturaleza y objeto de la Revelación.

2. Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a Sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina. En consecuencia, por esta revelación, Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía. Este plan de la revelación se realiza con hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí, de forma que las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y los hechos significados por las palabras, y las palabras, por su parte, proclaman las obras y esclarecen el misterio contenido en ellas. Pero la verdad íntima acerca de Dios y acerca de la salvación humana se nos manifiesta por la revelación en Cristo, que es a un tiempo mediador y plenitud de toda la Revelación.

Así, vemos que el Concilio define, perfectamente, qué es la Revelación y, más aún, qué supone para el hombre: "Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran Amor y mora con ellos, para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía". Por tanto, Dios habla y mora. Dios se revela y se queda con nosotros para conducirnos a Él. "Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu" (1 Pe 3, 18).

Dios permanece invisible, hasta que se encarna. Se ha revelado, se ha dado a conocer. Y aquí es donde entra el canon, porque el hombre, inspirado por Dios mismo, ha ido recogiendo estos "hechos y palabras intrínsecamente conexos entre sí", y los ha puesto por escrito, después de un largo proceso de tradición oral. Así, conocemos una Biblia, que va desde la Creación, Génesis 1,1 hasta Ap 22, 21. Pero la Biblia no ES la Revelación, sino que CONTIENE la Revelación. Porque ésta no es un canon o colección de libros, sino que es todo aquello que Dios hace y dice. Y eso no termina, no puede terminar. Sobre todo, porque Dios Es Creación: "Pero Jesús les replicó: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo». (Jn 5, 17). La Creación no se ha detenido en el Séptimo día, sino que continúa. Y su Palabra no ha dejado de pronunciarse, sino que sigue resonando. Y sus obras y también sus prodigios no han cesado, sino que continúan. Porque sino, el mundo habría dejado de experimentar nacimiento; en la Eucaristía no oiríamos su Palabra, ni tampoco en la oración; y no experimentaríamos su protección, su Misericordia, su Justicia, su Llamada, sus Signos, sus Milagros.

No, Dios no se detiene. Lo que es "limitado" y concreto es el canon o la colección de libros seleccionados, primero en el Concilio de Hipona (393) y luego en el de Trento (1546) como verdaderamente inspirados en base a una serie de criterios (K.H. Ohlig):

1. Criterios externos: Se basa en la antigüedad de un escrito, su aprobación apostólica, la ortodoxia doctrinal, su concordancia con el AT y otras partes del NT, su sentido, o el no contener fantasías imaginativas,... y sobre todo su apostolicidad. Este criterio de apostolicidad no significa que necesariamente lo haya escrito un apóstol, no se producía una recepción automática cuando el título era de un apóstol; sino que significa que el libro es genuinamente eclesial, que el libro va al encuentro de lo específicamente cristiano. Que tiene una raíz de autenticidad para la Fe.
2. Criterios internos: La Iglesia aceptó aquellos que consideró inspirados. Forman parte de la experiencia pneumática de la iglesia. Fue la Iglesia la que los experimentó y leyó.
3. Criterios eclesiales. Su utilización en la Liturgia y su reconocimiento por parte de la mayoría de las comunidades primitivas de la Iglesia definen la mayoría de estos libros Son libros que fueron recibidos y usados por un gran número de iglesias. El criterio partía del sentido de los fieles, los usaron, los elaboraron y los leyeron públicamente en sus asambleas.

Por tanto, primero fue la Revelación, que aún hoy continúa, luego los libros inspirados en diversas épocas y a diversos autores y en diversas situaciones, y finalmente el Canon, el "Catálogo" que, como tal, no ha variado.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por jose de maria 15.06.09 | 18:20

    Gracias, comprendido. Muy amable

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