
Esta noche se celebran en muchas partes Vigilias de Pentecostés, la gran fiesta que mañana recordamos. No es una fiesta más, sino que marca un antes y un después en la Historia de la Iglesia:
- Por el Espíritu, los Apóstoles en particular y los que habían creido en Jesús en general empiezan a tomar verdadera conciencia de quién fue aquel Maestro al que siguieron durante tres años, y al que vieron morir, pero que según decían algunos había resucitado. Todas las crisis que tales noticias habrían generado en esos verdaderos israelitas se empezaron a resolver: Jesús era Dios, era Hijo de Dios.
- Por el Espíritu, superaron el miedo. Empezaron a salir de esas habitaciones cerradas en las que oraban y se escondían, e iniciaron el Testimonio, la Predicación. Empezaron a ser verdaderos testigos, según la promesa de Jesús (Hch 1, 5-8):
Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días». Los que estaban reunidos le preguntaron: «Señor, ¿es en este momento cuando vas a restablecer el Reino de Israel?» El les contestó: «A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra».
- Por el Espíritu, empezaron a tomar conciencia de lo que había significado la Fracción del Pan. Comenzaron a ser algo más que un grupo que se reunía para orar, y esconderse luego, por temor. Empezaron a ser Comunidad, Grupo de Creyentes, no sólo de palabra o sólo de idea, sino de corazón y, sobre todo, de obra.
- Empezaron, como Jesús, a realizar signos. Es lo que distingue una etapa de la otra. Jesús se había encarnado por el Espíritu, había sido ungido por este mismo Espíritu, y toda su vida fue asistida por el Espíritu que su Padre le daba, continuamente, plenamente, profundamente. Y la Iglesia empezó a andar sólo con el Espíritu: predicando, como Jesús; curando enfermos, como Jesús; dando a conocer a Dios, como Jesús; dando a conocer a Jesús, como Él hizo consigo mismo, como Hijo, Palabra Encarnada; hicieron visible el Reino, como Jesús.
Es mucho lo que celebramos con esta fiesta, porque es la que marcó el inicio de lo que hoy somos, en cuanto creyentes fundados en una Promesa, dada por un Dios, que no para de darse, de actuar, de amarnos.
Viernes, 17 de febrero
Miguel Blanes Coll
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Pedro Tarquis
Juan Antonio Espinosa
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos
Religión Digital
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Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes