...sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Esta cita de Romanos 6, 9-11 nos hace proclamar ¡¡Aleluya!! Cristo ha Resucitado. La Vida se ha desplegado sobre la tierra, creándola de nuevo. Cristo vive, y nosotros podemos, y debemos, consierarnos vivos con Él.
La Semana Santa ha pasado, y hemos podido meditar la Pasión del Señor, su Crucifixión y su Entrega del Espíritu. Pero hoy, somos urgidos a exclamar lo que Jerusalén contempló: la Vida invade la Creación, la Alegría vuelve a los corazones de aquellos que, desesperados, habían visto morir a Jesús. Pero el Señor no muere, vive porque Él es la Vida.
Todas las esperanzas y toda la Escatologia Israelita ha visto colmadas sus esperanzas, y los que así lo vieron y siguieron al Señor, debieron meditar, como hacemos hoy, cómo Yahveh les fue dando muestras de su poder Universal y Eterno. Cómo les sacó de Egipto y les llevó a una tierra que mana leche y miel. Cómo les amó y perdonó siempre todos sus pecados e idolatrías. Cómo los protegió y devolvió a casa en el destierro. Y cómo ahora, justo cuando nadie esperaba la Salvación, Yahveh les trae la Salvación, la Vida, la Eternidad, la Alegría y la Paz Verdaderas.
Pedro, Juan, Santiago... que acompañaron al Señor en el Tabor y en el Calvario, le contemplan ahora Vivo, resplandeciente, que se presenta ante ellos como Kyrios. A partir de ahora podrán ir comprendiendo quién era su Maestro, si bien todavía no se les ha dado el Espíritu Santo. Ahora, reflexionando sobre la vida terrena de su Maestro, sus Palabras, sus Gestos, los Signos que instauraba, su Pasión y el Primer Dia de la Semana... irán comprendiendo que Jesús es Dios, Palabra del Padre, Encarnada de una vez para siempre, y que siembra en nuestros corazones aquella alegría plena y total por la que podemos gritar Abbá, ¡Padre!
«Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y él Dios - con - ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado». Entonces dijo el que está sentado en el trono: «Mira que hago un mundo nuevo.» Y añadió: «Escribe: estas son palabras ciertas y verdaderas». Me dijo también: «Hecho está: yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin; al que tenga sed, yo le daré del manantial del agua de la vida gratis. Esta será la herencia del vencedor: yo seré Dios para él, y él será hijo para mí».
Viernes, 17 de febrero
Miguel Blanes Coll
Religión Digital
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
FCJE
Josemari Lorenzo Amelibia
Manuel Mandianes