Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo
y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez,y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu
palabra». Y el ángel dejándola se fue.
Esta narración lucana de la Anunciación me encanta por muchos motivos, y es muy ilustrativo y de una profundidad teológica incuestionable. Pero siempre hay algo que me ha llamado la atención, y que desde luego se ha tomado siempre en la Teología Católica para afirmar y defender la Virginidad Perpetua de María, es decir, antes de concebir a Jesús y después de darlo a luz.
Se trata del versículo 34: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». A diferencia de Zacarías, María no duda de la Palabra de Dios. Sólo pregunta cómo podrá concebir un niño, puesto que ni ha conocido varón, ni lo conocerá jamás. Si tenía pensado casarse y conocer - γιγνώσκω - a un hombre (José) la pregunta no hubiera tenido sentido: habría concebido a Jesús en el curso natural de su matrimonio, ya próximo. De ahí que su Virginidad se defienda siempre como perpetua, por ser esta la intención de María.
Pero hay un segundo motivo, que se desprende de esto, y que es más profundo y significativo: María no quería acostarse con ningún hombre por ser consagrada a Dios. Pero, además, la Concepción de Jesús la convertía en Esposa de Dios. ¿Cómo concebir entonces que pudiera acostarse con José? Y ¿cómo entender su matrimonio? Pues hay que verlo en la línea de la "justicia" bíblica, de la que José es puesto como paradigma. En efecto, José, hombre fiel, es escogido por Dios para cuidar a su Hijo. Por tanto, Jesús nace en una familia en principio normal, y será educado como todo niño necesita: con padre y madre, en un ambiente de amor y de vida familiar estrecha. Digo "en principio normal" porque salta a la vista que la ya mera concepción en el Seno de María es algo extraordinario.
Quizá María quiso ser siempre Virgen - hablo de su vida antes de la Anunciación, como una muchacha más -, porque así su alma, limpia y sin mancha alguna, lo deseaba. El alma pura desea (y esto es una constante en la Historia de la Mística) unirse cada vez más perfectamente a Dios. Y María es, como Inmaculada, quizá la criatura más pura que jamás se verá en la Tierra (Francisco aparte, puesto que fue otro Cristo, o mejor, el mismo Cristo). María vivió siempre cerca de Dios, porque desde siempre fue pura, no tuvo pecado y, por ende, estuvo unida a Él. Desde siempre, Esposa suya, porque jamás quiso otra cosa.
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Albo: ciertamente, el papel de José es de los más difíciles que te puedes encontrar en la Biblia: aceptar que tu prometida es virgen, a pesar de estar embarazada... y que, encima, el hijo que espera lo es por obra del Espíritu Santo... es muy difícil, por mucho que te lo diga un ángel. Es difícil, y es vital la opción personal.
Hola, Pablo. Sí, tienes razón. Muy grande fue María, y su intercesión, valiosa.
Maravillosos son los planes de Dios. Con razon Maria exclamo que El hace maravillas.
Un saludo.
El mérito de San José tampoco es manco.
Sábado, 18 de febrero
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