Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

Entender para responder.

24.03.09 | 15:46. Archivado en Iglesia
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En nuestra sociedad actual, todo lo que suene a Dios, a religioso o a trascendente tiende a ser apartado, considerado un reducto de un pasado que hay que superar, con miras a un futuro mejor, en el que la ciencia parece va a tener la última palabra, y en que el hombre quiere autorrealizarse, en una aspiración nunca acabada de autogestión, autocumplimiento y autosuperación.

Por tanto, la religión es algo que hay que relegar al ámbito privado, como un añadido a la cultura, o simplemente un resto de una cultura pasada que ponía sus esperanzas en Dios, alguien o algo visto como subjetivo, fruto de una ilusión o como consuelo del hombre. Ahora la ciencia tiene el mando, y podemos y debemos superarnos a nosotros mismos, ser dueños de nuestro propio futuro, sin dejar que nadie lo trunque, y mucho menos Dios, a quien no se puede verificar, y que tampoco parece responder a los problemas del hombre, puesto que la guerra y las injusticias en general siguen campando a sus anchas. De manera que la culpa es de Dios o, mejor, de las esperanzas que el hombre, ingenuamente, ha puesto en Él.

Tales son algunos de los postulados de nuestra sociedad de hoy. Y cabe añadir que de la Iglesia, desde luego, no se quiere oir ni hablar. Uno de los motivos por los que esto sucede es, a mi juicio, la herencia que recoge esta generación de un pasado todavía muy vivo, muy fresco. Y esta herencia trae consigo el recuerdo de una Iglesia muy unida a un poder civil (Franco) represor para muchos, fascista y, por supuesto, dictatorial. Aspectos estos que chocan frontalmente con el sistema democrático de hoy, y con sus valores. La Iglesia, como digo, estaba muy unida al Régimen, y de hecho sabemos que bendijo la "Gloriosa Cruzada".

En mi opinión, no se puede ni se debe negar el error que ello supuso, aunque también es cierto que supuso una adherencia hasta cierto punto. Pero durante esos 40 años, la Iglesia escribió su propia Historia, en España, y esta Historia es, hoy día, como he dicho, muy reciente. Y en la sociedad se ha ido conformando una idea de la Iglesia bastante alejada de la realidad, por culpa de estos trajines civiles y de poder, en los que tantas veces se ha caido, y que tan ajenos son a la sustancia del Pueblo de Dios. Pero en parte, se han dado motivos.

La consecuencia es, pues, que hoy día se identifica a "aquel cura que me pegaba", o "aquella monja que tal y que cual", o a aquellos obispos que bendijeron a Franco... con la Iglesia, Pueblo de Dios. Es un error pretender que hoy día los católicos sigamos siendo (ciertamente, una minoría sí) tan franquistas, tan gustosos de represión y de imposición de la Fe. Pero se generaliza, como se hace tantas veces en tantos campos de la sociedad y la cultura, de manera que la Iglesia jamás cambiará, por mucho que de facto sí lo haga, a los ojos de los que tienen de ella un mal recuerdo, y muchas veces no sin razón.

Por eso, no nos vale defendernos sin más de esta sociedad. Hay que buscarla, dialogar con ella, pedir perdón y mirar al futuro, buscando con ella puntos comunes, que los hay, y muchos, aunque ello no signifique renunciar a la Fidelidad al Evangelio y su autenticidad, buscada siempre desde la Vida Cristiana en Fidelidad. Hay que entender por qué se rechaza tanto a la Iglesia y lo religioso: muchas veces, en muchos lugares y durante mucho tiempo, la dimensión trascendente ha sido cultivada de modo forzoso y, con los cambios históricos, políticos y sociales la gente se ha podido distanciar, y vaya si lo ha hecho.

Por tanto, hay que atraer con la Palabra, pero sobre todo con el ejemplo. Descubrir a Dios y cultivar una religión no es dado a todos por igual, y hay que saber transmitirlo, una vez nos ha sido regalado por Dios a través de una familia que nos ha educado así, a través del testimonio de otros, de la oración, de los Sacramentos...

Valga a propósito de todo esto el "Testamento de Siena" de Francisco:

Escribe cómo bendigo a todos mis hermanos, los que están en nuestra religión y los que vendrán a ella hasta el fin del siglo... Puesto que, a causa de la debilidad y dolores de la enfermedad, no tengo fuerzas para hablar, brevemente declaro a mis hermanos mi voluntad en estas tres palabras, a saber:

que, en señal del recuerdo de mi bendición y de mi testamento, siempre se amen mutuamente,

siempre amen y guarden la Santa Pobreza, nuestra señora,

y que siempre se muestren fieles y sumisos a los prelados y todos los clérigos de la Santa

Madre Iglesia.


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