Así se podría definir, a grandes rasgos, Javier, el niño nacido para curar a su hermano. Tal cual: No por ser deseado por si mismo, sino para sanar a otro. Quiero pensar, desde luego, que a sus padres sí les apetecía tener un segundo hijo, pero parece que el único motivo de su llegada al mundo ha sido salvar la vida de otro.
La técnica usada viene a ser algo así como un aborto reelaborado, premeditado y sistematizado: se obtienen embiones y se descartan los que porten la misma enfermedad que se quiere curar en, por ejemplo, Andrés, el caso que nos ocupa. En un segundo paso, además, se vuelven a descartar aquellos no compatibles con el "usuario" final. Así que, durante el camino, se han destruido "x" embiones, por tanto, "x" vidas humanas.
Decía el padre de Andrés que los obispos no podían entender su situación porque no son padres. Hasta cierto punto, vale. Pero ¿qué clase de padre deja morir uan cantidad indeterminada de potenciales hijos suyos sólo para salvar a uno cuya única razón de existir es curar a otro? Seguramente jamás estaré en la piel de este matrimonio, y no niego que la técnica, desde el punto de vista técnico y científico, es, hablando coloquialmente, una pasada. Pero volvemos a la misma pregunta que nos hacemos con el tema del aborto: ¿qué pasa con los embriones muertos o congelados? ¿No son vida? ¿Es que si no soy más que un pequeño conjunto de células no soy nadie (nadie en sentido antropológico)?
Además, decía ayer la ministra Garmendia que "las ideologías deben mantenerse al margen de la ciencia". Perdone, ¿por qué? ¿Por qué no puedo decir y expresar los interrogantes éticos y morales que estas técnicas tan darwinistas (pura selección, aunque no natural) me suscitan? ¿Por qué, en una sociedad que se las da de democrática y "progre" no podemos expresarnos e inquirir los que creemos que la ciencia no es, ni mucho menos, la directora de nuestras vidas? ¿Por qué debemos hacer caso de su "directriz"? ¿Quién es usted como ministra, o el Gobierno, para mandarnos callar? Es una cuestión de conciencia, de cultura, de visión del mundo y, por supuesto, de religión, de ideas, de valores... que la ciencia ni puede ni debe obviar. Valga sino el ejemplo de la energía nuclear: ¿no debe haber debate o voz ideológica en el uso que se le dio en Hiroshima o Nagasaki?
La ciencia quiere entender y controlar la naturaleza, y eso es, en buena medida, loable y legítimo. Pero no puede negar que sus actuaciones tienen repercusiones, directas o indirectas, en la vida humana. Por tanto, no hay silencio ideológico o ético que valga. Todo experimento o avance científico está intrínsecamente ligado y orientado a mejorar o salvar vidas humanas. Justamente por eso, hay debate ético, implícito o explícito, pero no se puede obviar que siempre hay valoraciones morales, incluso involuntarias. Si se experimenta habitualmente en animales antes que en humanos es justamente por motivos éticos, morales y, desde luego, legales.
Se supone, además, que toda democracia debe acoger todas las voces, inquietudes y tendencias del pueblo, más allá de si gustan o no, y siempre que estén en el marco de la ética, el civismo y los derechos humanos. Por eso no entiendo que la Sra. Garmendia se desautorice a si misma, cuando lo que debería es procurar que las comités de bioética que hay en todo hospital no queden, de golpe, reducidos a la nada, sino que justamente en estos casos cobren su mayor expresión y operatividad.
Así, creo que todo grupo Pro-Vida, movimiento eclesial y todo cristiano, creyente, o incluso no creyentes que de verdad se interesan por la vida como valor supremo, debemos ser signo de que el Positivismo no es regulador de nuestras libertades, de que la sociedad no es reductible a ciencia, y de que ésta no tiene la última palabra, puesto que nos atañe a todos. ¿De verdad la Sra. Garmendia no se haría preguntas si le tocara a ella?
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Será instrumento.... pero ni de lejos tanto como lo son la mayoría de los hijos por otros motivos más innobles.Ego de los padres, ansias de perpetuarse, afán de dominar a alguien, etc...
Con todo esto el caso de este niño se convierte en una pulga en la playa. Del resto no se habla. Ellos son también instrumentos espurios, y mucho peores.
saludos
Viernes, 17 de febrero
Miguel Blanes Coll
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
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Vicente Haya
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