Hoy empezamos Cuaresma, con un día tan significativo como es el Miércoles de Ceniza. Año tras año, al empezar este Tiempo Litúrgico de Penitencia, Oración y Meditación, la Iglesia marca el principio del camino con un día de ayuno y abstinencia.
Sin embargo, a veces nos detenemos en si es importante o no abstenerse de comer carne, en si realmente le cuesta a alguien, o en si no tendría más valor abstenerse de cualquier otra cosa. Normas canónicas aparte, creo que a la gran mayoría le gusta la carne, pero privarse un día de ella no implica mucho sacrificio, porque se sustituye por algo que sí gusta, como verdura, legumbre o pescado. Personalmente, creo que cuesta más el ayuno, entendido como no picar entre horas y hacer tres comidas normales, tirando si se puede a austeras.
Pero si no es lo primero pensar en cuánto me cuesta, sí es imprescindible pensar por qué lo hago: ¿Por Dios? ¿Por la Iglesia? Cada cual lo sabrá. Pero vivir de veras el Miércoles de Ceniza en cuanto al ayuno y la abstinencia, es un signo para el mundo: me privo de carne y de picar, porque tengo motivos para ello: Dios, Iglesia, los demás... Y, aunque, sea una nimiedad, es una pequeña ofrenda a Dios.
De todas formas, cuando veo a tanta gente que no lleva el ayuno o la abstinencia, pienso en lo grande que es la libertad: no tienes que hacer algo si no lo sientes, o si no tienes motivos que te induzcan a ello. No todo el mundo es católico y, por tanto, hoy comerá lo que quiera y cuanto quiera, sin pensar demasiado. Y es bonito pensar que cada cual busca la verdad a su manera, y a veces puede que inconscientemente.
Habrá gente que se gloríe de hacer hoy un pequeño gesto, pero que el resto del año no es capaz de regalar a Dios ni lo más pequeña parte de su existencia. La hay, y también la hay que juzga y considera equivocados a todos los que este mediodía comerán un buen filete o un solomillo. Es Cuaresma, y debemos mirar a nuestro interior, reflexionar y pensar en cuánta gente quizá no oirá jamás el nombre de Cristo debido a nuestras infidelidades, a nuestra falta de testimonio, a nuestra incapacidad para transmitir al mundo que hemos hallado un tesoro precioso, por el que vale la pena venderlo todo y comprarlo.
Es el principio de un camino que debe conducirnos, jaleado por pequeños sacrificios y mortificaciones (espirituales o materiales), oración, Caridad... al "primer día de la semana". Dios espera de nosotros que nos gocemos de veras el día de Pascua, y que al igual que los Doce nuestra vida se transforme, de veras, de una vez para siempre. Que veamos a un nuevo Jesús; que lo contemplemos como el Hijo sentado a la Derecha del Padre, y que es su Palabra, que pide ser escuchada y vivida. Que ese día pasemos del miedo a la Predicación, de perder el tiempo encerrados a dar Testimonio de que Cristo Vive, de la incredulidad a la Fe, de la tristeza al agradecimiento.
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Hola, Pablo, ¿cómo va? Pues mira, creo que cada cual tiene el don o los dones que Dios le da, pero en cuanto a testimoniar a Cristo, no es tanto el hablar como el hacer, o sea, el dar testimonio con nuestra propia vida de que Jesús es Nuestro Señor. Las palabras son eso, palabras. Como dice Francisco en Hermano Sol, Hermana Luna: "palabras, Bernardo, palabras, hubo un tiempo en que yo también creía en las palabras". Un saludo, Pace Bene.
Crees que todos los cristianos estan dotados para testimoniar de Cristo o solo algunos tienen ese don de poder hablar de El?
Miguel creo que la actitud que muestras aqui en tu post es la correcta. TE refieres a la libertad para el ayuno de cada uno. Y no juzgar a los demas sino lo hacen. Porque el amor es mas alto que el sacrificio. Y ya sabemos que piensa Dios sobre el sacrificio y la misericordia.
Y que razon tienes en cuanto al cambio de vida, es lo que mas debemos desear para dar gloria y amor a Jesus. Sin embargo que dificil es cambiar, cuanta frustracion en el camino, cuanta impotencia, cuantas lagrimas por los pecados repetidos y que se pegan a nosotros. Y la oracion parece insuficiente. Y te acuerdas de que Cristo basta y por fe sigues aunque no veas nada claro. Esperando como dice San Pablo que nuestra mortalidad sea absorbida por la inmortalidad de CRisto.
Un saludo.
Oración, ayuno y limosna, entendidos como diálogo con Dios, vaciarnos de nosotros mismos y compartir con los demás.
Sábado, 18 de febrero
Miguel Blanes Coll
Jose Gallardo Alberni
Guillermo Gazanini Espinoza
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
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Juan Fernandez Krohn
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Vicente Haya