...y no han buscado a Yahveh; así no obraron cuerdamente, y toda su grey fue dispersada. ¡Se oye un rumor! ¡ya llega!: un gran estrépito del país del norte, para trocar las ciudades de Judá en desolación, guarida de chacales. Yo sé, Yahveh, que el hombre no controla su conducta, que el que anda no decide la rectitud de sus pasos. Corrígeme, Yahveh, pero con tino, oues tu ira acabaría conmigo. Vierte tu cólera sobre las naciones que te desconocen, sobre los linajes que no invocan tu Nombre. Porque han devorado a Jacob hasta dejarlo consumido, lo han devorado, su mansión han desolado. (Jer 10, 21-25).
Con esta invocación pedía Jeremías el perdón de los pecados de Israel y ser salvados de la invasión extranjera. La justicia distributiva de Yahveh - tsedaqah - es el leit motiv del Antiguo Testamento. La retribución terrena pasa, a través de un proceso de maduración marcado por los destierros sufridos por Israel, a una retribución ultraterrena: los justos serán recompensados en el más allá, y los pecadores serán castigados.
De todas formas, para Jeremías aun es válida la retribución en la temporalidad. Cuando Israel ha pecado de idolatría (Jer 10), es castigado. Es así siempre: el pecador, tanto si es un individuo como si es el pueblo, es castigado. Y, en el caso de pecado colectivo, el castigo toma tintes bélicos y hasta políticos. Jeremías vivió las deportaciones y, por tanto, su obra era de restauración de la identidad judía, sobre todo en la Fidelidad a Yahveh.
Lo que es late en el fondo de este texto es:
- Yahveh otorga dones a los que ama, por Misericordia.
- Cuando somos depositarios de los mismos, no siempre somos agradecidos, y no siempre se los devolvemos. A veces hacemos como aquel siervo que enterró el telento.
- Cuando nos apropiamos el Don, si bien Dios nos espera con Misericordia, tampoco deja de ser cierto que, de alguna manera, nos cerramos a su Amor, es decir, pecamos. Y entonces, nos alejamos de Él, quedando expuestos a los enemigos del alma. Y cada cual, según su personalidad, historia y psicología, tenemos los nuestros.
- Es entonces cuando erramos nuestros pasos, y, al igual que sucede en el Paraíso (Gn 3), la realidad se desfigura. Israel era una monarquía y, en cuanto tal, estaba expuesta a peligros de invasiones extranjeras, a declaraciones de guerra que casi nunca podía ganar. Israel se expuso a sus propios peligros en la infidelidad a Yahveh y Éste, en su Infinita Sabiduría, se lo permitió, esperando a que aprendiera a volver por el camino de la Fidelidad.
No es que Dios nos castigue, es que nosotros nos alejamos, tomamos el camino equivocado y nos exponemos a nuestra propia destrucción. Es la gran enseñanza que esconde el dinamismo Alianza-Fidelidad-Prosperidad y Alianza-Infidelidad-Ruina.
Viernes, 17 de febrero
Miguel Blanes Coll
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