Juan, el Evangelista del Reino
27.12.08 @ 13:01:34. Archivado en Santos
La Iglesia recuerda hoy al Cuarto Evangelista, Juan. Aunque esta denominación es relativa, pues se sabe que fueron varios los autores y varias las fases de escritura del Cuarto Evangelio, si bien siempre con la inspiración del Discípulo Amado.
Para mí es, con diferencia, el Evangelio que a priori resulta más complejo de entender. Si bien lo que más me llama la atención del mismo es su comprensión del Reino. Para Juan, ya ha llegado con Jesús. No cabe una espera de cumplimiento más allá de la muerte. Ni siquiera es imprescindible esperar a la Parusía para ver colmadas las expectativas de cumplimiento y plenitud.
Sin embargo, con una lectura seria y atenta de los 4 Evangelios e incluso de los Hechos, no es difícil darse cuenta de que Juan, como todo mortal, tuvo que pasar un tiempo de asimilación, comprensión y adaptación de su ser-judío al Mensaje de Jesús. En efecto, en Lc 9, 51-56 leemos: Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, Él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén, y envió mensajeros delante de sí, que fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle posada; pero no le recibieron porque tenía intención de ir a Jerusalén. Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: «Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?» Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo. Aquí Juan no es el Discípulo que ha comprendido qué es lo que ha venido Jesús a hacer: instaurar el Reino del Perdón y la Misericordia, constatado en el Lavatorio de los Pies, en el Ágape, en su entrega voluntaria en la Cruz, que tan bien observa el Cuarto Evangelista.
Y en Hch 2, 46: Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Aún no había comprendido que Jesús era el Nuevo Templo (Jn 2, 13-21), o la Vid de la que dependemos nosotros, los sarmientos (Jn 15), o el Buen Pastor (Jn 10).
Pero eso no le quita el mérito de haber comprendido, a través de la evolución natural de la vida y de los acontecimientos, iluminados por el Espíritu, que Jesús sembró el Amor, el Ágape, que nos hace a todos hermanos alrededor de su Mesa, y nos hace partícipe de su Vida Divina. Y es justamente esta la Realidad del Reino.
Es el único que comprendió hasta dónde alcanzaba el Amor de Dios por nosotros, entregándonos a su Hijo Único, para la Salvación o Condenación, según si lo acogemos o no (Jn 1; 3; 8, 15-16). Vino a llevar a Plenitud la Ley, transformándola en Misericordia (Jn 8, 1-11). Se declaró superior a Abraham, a Moisés, a Jacob (Jn 4; 5, 46; 8, 56). De este Evangelio se dice que es paradigma de la Escatología Realizada.
En fin, mucho podríamos decir de este santo varón, pero me quedo con esta escena:
Cuando dijo estas palabras, Jesús se turbó en su interior y declaró: «En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará». Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús.
Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando>>. El, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?». Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.» Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote. Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dice: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto». Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo decía. Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o que diera algo a los pobres. En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche. Juan, recostando su cabeza contra el Pecho de Jesús, en medio de tanta tiniebla, qué suerte. Ah, os aconsejo el libro "Para que tengáis vida, a solas con Juan Evangelista", de Raymon E. Brown. Es una pasada.
PACE BENE.
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Miguel Blanes Coll
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