Franciscanos seglares hoy (OFS Palma de Mallorca)

Los Santos no hacen milagros

26.12.08 | 18:58. Archivado en San Francisco de Asís, Biografías
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El amante de toda humildad se trasladó de Gubbio a los leprosos, y convivió con ellos, prestándoles con suma diligencia sus servicios por Dios. Les lavaba los pies, vendaba sus heridas, extraía el pus de las úlceras y limpiaba la materia hedionda, y hasta besaba con admirable devoción las llagas ulcerosas el que había de ser después el médico evangélico. Por lo cual consiguió del Señor el extraordinario poder curar prodigiosamente las enfermedades espirituales y corporales.

Referiré tan sólo uno de los muchos hechos prodigiosos acaecidos cuando la fama del Santo se había ya divulgado.

Una horrible enfermedad iba de tal modo devorando y corroyendo la boca y la mejilla de un hombre del condado de Espoleto, que no había medicina alguna para curarla. Ante esta situación apurada, se fue a visitar el sepulcro de los santos apóstoles para impetrar por sus méritos la gracia de la curación; y cuando regresaba de su peregrinación, he aquí que se encuentra con el siervo de Dios. El enfermo, movido por su devoción, quiso besarle los pies, pero el humilde varón no se lo consintió; más aún, él mismo le dio un ósculo en la boca al que quería besar las plantas de sus pies. Y al tiempo que Francisco, el siervo de los leprosos, en un rasgo maravilloso de piedad, tocaba con sus labios aquella horrible llaga, desapareció al punto la enfermedad y aquel hombre recobró la salud deseada. No sé qué se ha de admirar más en esto: si la profunda humildad en un beso tan cariñoso o la portentosa virtud en milagro tan estupendo. (LM 2, 6).

En este relato, San Buenaventura expone cómo llegó Francisco a realizar milagros. Da a entender, a las claras, que fue consecuencia directa del ejercicio de la Caridad con los enfermos y los pobres. Sin embargo, hay que aclarar qué significa "el poder de curar" a que se refiere el biógrafo.

Antes que nada, creo que hay que aclarar, en contra de la creencia tradicional, que los santos no hacen milagros, jamás. Y la explicación es sencilla: sólo Dios puede obrarlos, porque es el único que puede intervenir y modificar el curso natural de la Creación. Entonces, ¿por qué Francisco y tantos santos obraban prodigios en lo material y lo espiritual? Pues porque, como dice Buenaventura, antes habían obrado la Caridad. Es decir, la Fidelidad en la Misericordia les había llevado a una unión con Dios tan íntima, que Dios mismo obraba a través de ellos. Es decir, eran vehículos o instrumentos dóciles de la Gracia.

Oí decir un día que Pedro caminó sobre las aguas porque Jesús le pasó los poderes. Nada más lejos de la realidad, porque en cuanto Pedro tuvo miedo, empezó a ahogarse. Si Él también caminó sobre las aguas fue porque, por un momento, Dios mismo lo sostuvo con su Gracia. O sea, que no se puede arrogar a nadie la capacidad de obrar nada sobrenatural, porque en ese caso se diría que es como Dios.

En todas las citas del Evangelio en que los Apóstoles o Discípulos obran milagros, se deja clara constancia de que dicha capacidad nace del Envío de Jesús, pero no por un traspaso taumatúrgico de poderes, sino porque Cristo hacía extensiva la Obra del Espíritu a sus enviados. De hecho, la palabra "milagros" la refieren los evangelistas sólo a Jesús (Lc 9; Lc 10; Mt 11...). Los Apóstoles curan y expulsan espíritus en su nombre. Así se ve en Hechos.

Por tanto, Francisco tocaba a un leproso y lo curaba porque Francisco vivía en comunión con el Espíritu, y por este Espíritu, la gente quedaba sana o libre de demonios y tentaciones. El Poverello era el hombre de los signos, y los obraba para enseñar y para consolar y bendecir, igualmente que para maldecir. Sus biografías nos relatan muchos.

En efecto, el texto griego usa la palabra "dinameon", milagros, que deriva de "dínamis", poder, fuerza, milagro. Por tanto, dejan claro que el Poder es de Dios, no de los hombres. Si acaso, éstos sólo participan de dicho poder divino y sobrenatural.

De todas formas, los santos nos dejan una lección preciosa y clara: es la Caridad la que nos lleva a participar de la Vida de Dios, o sea, a una Vida Espiritual Plena. Si luego Dios quiere y lo dispone, concede a los demás Dones o Milagros a través nuestro, siempre que seamos dóciles y obedientes instrumentos.

No cabe pues la visión medieval y arcaica por la que los milagros eran obrados directamente por tal o cual santo, llegando al extremo de instrumentalizar la Gracia. No, ésta es Don, y fluye libremente del Seno del Padre.

2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Miguel Blanes Coll 27.12.08 | 10:48

    Muchas Gracias Leone. Que el Señor te bendiga a ti también. Un abrazo.

  • Comentario por LEONE 27.12.08 | 00:37

    FELIZ NAVIDAD Y QUE SAN FRANCISCO DE ASÍS TE BENDIGA Y TE GUARDE Y EL SEÑOR TE ENVÍE SU ESPÍRITU PARA QUE CONTINÚES CON TU TAREA APOSTÓLICA.

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