Cuando digo "vacila mi pie", tu Amor, o Yahveh, me sostiene; en el colmo de mis cuitas interiores, tus consuelos recrean mi alma (Sal 94, 18s.). Estas palabras del salmista expresan la convicción de Israel de que el gozo que pueda disfrutar el pecador en la tierra es efímero, y de que el justo, a pesar de las tribulaciones, goza de la paz de Dios.
En esta oración me he fijado hoy, a seis días de la Navidad. La verdad es que no nos damos cuenta a veces de lo cerca que tenemos a Dios, de cuánto nos cuida y se ocupa de nosotros. Es la seguridad en la Fidelidad de Yahveh la que sostiene al salmista, quien expresa la incipiente convicción colectiva de que quizá la retribución no es temporal, sino que se da en la otra vida, más allá de esta, inmanente y caduca.
Queda poco, como he dicho, para la Navidad, Fiesta de las Fiestas, Celebración de la Encarnación. Jesús ha venido a colmar estas aspiraciones de Paz del Alma Fiel. Él, en efecto, supera con su Venida toda inseguridad acerca de la llegada del Reino porque, en primer lugar, confirma que Dios es el objeto de la Promesa ("Yo seré vuestro Dios") y, en segundo lugar, Él mismo acerca el Reino a los suyos. Así, se hace patente a los ojos de los israelitas que acogen a Cristo la temporalidad, lo contingente y lo efímero de este mundo, a la vez que lo plenificante que resulta acoger su Mensaje de Salvación, por encima de cualquier prerrogativa inmanente.
Este salmo es una respuesta en forma de oración que expresa, concisamente, la admiración del corazón sencillo, que ve colmada toda aspiración, y respondida cualquier pregunta.
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni