Hablaba el viernes por la tarde con dos personas acerca de Dios y las Religiones, en especial del Cristianismo. Uno se declaraba ateo, y el otro decía creer "en algo" aunque desde luego no en Jesús. Lo que ambos tuvieron en común es lo mismo que la inmensa mayoría: al intentar justificar sus posturas, sacaban como justificación las actitudes de la Iglesia a lo largo de la Historia.
Ciertamente, la Iglesia, como Comunidad de Bautizados que formamos un solo Cuerpo en Cristo Resucitado, debe ser Signo para el mundo, y todos los errores que cometamos son mirados con lupa, sobre todo si se cometen desde el Vaticano o por parte de personas relevantes en la Iglesia.
Creo sinceramente, y así se lo dije a ellos, que si uno quiere acercarse a Dios y, sobre todo, a Cristo, no debe coger como medida o referencia la Iglesia-Institución. No porque no haya que quererla y ser filial y obediente, sino porque quizá se cometen errores que resultan más visibles y que quizá impiden o invitan menos a acercarse a Cristo. Si uno quiere acercarse a Dios y conocerle, debe buscarle a Él, leer la Biblia, rezar... Si luego, uno descubre que quiere acercarse a la Iglesia, tanto mejor. Pero no podemos hacer de ella el paso inevitable y fundamental para la conversión de nadie.
Cierto que la Jerarquía es necesaria, y hay que, como digo, quererla y apreciarla, pero también es cierto que debe ser Signo, dar ejemplo. Los que la componen, desde el Papa hasta el último Obispo, y todos los que la conformamos. Pero es cierto que se han cometido errores, algunos de bulto, y es comprensible que la gente no se acerque, porque no ve lo que se supone que predicamos. No somos coherentes muchas veces, y no hacemos vida lo que predicamos a los demás, con el sincero anhelo de que conozcan a Dios.
En efecto, me sacaban (con mucho oportunismo) los supuestos errores de Pio XII durante la Segunda Guerra Mundial, la Inquisición, etc. Lo que no ven es que, a pesar de ello, el Mensaje de Salvación traido por Cristo ES, y permanece intacto, con todas sus capacidades intactas para tocar el Corazón del hombre. Esto es lo que importa. Como decía Francisco: «Después me dio el Señor y sigue dándome tanta fe en los sacerdotes que viven según la forma de la santa Iglesia romana a causa de su ordenación, que si me persiguieren quiero recurrir a ellos. Y si tuviera tanta sabiduría como Salomón y me encontrase con los pobrecitos sacerdotes de este mundo en las parroquias donde viven, no quiero predicar al margen de su voluntad. Y a estos y a todos los otros quiero temer, amar y honrar como a mis señores. Y no quiero considerarlos pecadores porque veo en ellos al Hijo de Dios y son mis señores. Y por esto lo hago, porque nada veo corporalmente en este mundo del mismo altísimo Hijo de Dios, sino su santísimo cuerpo y santísima sangre que ellos mismos reciben y solamente ellos administran a los demás» (Test 6-10).
He aquí un claro ejemplo de cuál debe ser nuestra actitud: buscar la Esencia Espiritual de la realidad de la Iglesia, y relativizar la importancia de lo jerárquico e institucional. Debemos enseñar al mundo qué es lo que crea y sostiene a la Iglesia, y qué es lo que hace que estemos unidos en Cristo, y que vivamos una vida espiritual, que para el mundo carece de alicientes. Debemos ilustrar y encarnar qué es lo importante cuando se trata de creer en Dios y en su Hijo: Amarle a Él sobre todas las cosas, y buscar el Reino. Todo ello, además, en Fidelidad Creativa a la Iglesia.
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni