Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Según lo que está escrito en Isaías, el profeta: "Mira que envío delante de Ti a mi mensajero, el cual preparará tu camino". "Voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas". Estuvo Juan el Bautista bautizando en el desierto, y predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados. Y todos iban a él de toda la tierra de Judea y de Jerusalén y se hacían bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Juan estaba vestido de pelos de camello y llevaba un ceñidor de cuero alrededor de sus lomos. Y predicaba así: "Viene en pos de mí el que es más poderoso que yo, delante del cual yo no soy digno ni aun de inclinarme para desatar la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo".
Esta Cita es del Evangelio de hoy, Segundo Domingo de Adviento. Vemos cómo la Historia de Israel, identificada con la Historia de la Salvación. Las esperanzas del Pueblo Judío en la Salvación se habían ido purificando con el movimiento esperanza-desilusión-desplazamiento. En efecto, el Pueblo de Dios había ido poniendo sus esperanzas en lo inmanente: Tierra Propia-Prometida, Monarquía, Templo, Jerusalén, Retorno del Exilio, Identidad religiosa (judaísmo). Aprendió que su esperanza debía ser Dios, y no tanto las promesas o dones terrenos que le prometiera y concediera, tan contingentes y sujetos a la voluntad humana.
En efecto, cuando se cumple el momento en que Jesús va a aparecer dando comienzo a su Vida Pública, tiene lugar la llegada del último mensajero-precursor. Juan Bautista predica el arrepentimiento sincero, el abandono de toda vida de pecado. Anuncia el advenimiento del Espíritu. Nuevo Bautismo, Nueva Vida en Dios. Por eso se nos proponen los Tiempos Fuertes: para que abandonemos nuestras propias perspectivas, nuestra voluntad, nuestros condicionamientos para la vida espiritual, y abramos los brazos a Dios, que nos llenará del Amor Trinitario desbordado y desbordante. Se trata de ser como María: Tabernáculo, Esclava, Madre, Casa, Vestidura de Dios (SalVM). Que Jesús pueda habitar en nuestro corazón, de verdad, no como palabras bonitas.
Que pueda habitar igual que habita cuando comulgamos, en la Eucaristía. Que nos pueda llenar del gozo de sentirle cerca, dentro, rodeándonos con su Calor Divino. Que aprendamos del Niño de Belén a no aferrarnos a seguridades o ambiciones materiales. Que nos demos cuenta de que sólo Dios nos cuida de verdad, y sólo Él nos salvará. Que no vale la pena preocuparse tanto del hoy, del qué comeré o vestiré.
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
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