Como ya en todas las partes del mundo brillaba el varón de Dios por la nueva luz de sus milagros y eran muchos los que de todos los lugares concurrían a su sepulcro por haber alcanzado grandes y singulares beneficios, el mencionado papa Gregorio, de consejo de los cardenales y de otros muchos prelados, una vez estudiados y aprobados los milagros que el Señor había obrado por su medio, lo inscribió en el catálogo de los santos y mandó que se celebrara solemnemente su fiesta en el día en que aconteció su muerte.
Sucedió todo esto en la ciudad de Asís, en presencia de muchos prelados, de gran multitud de príncipes y de barones y de innumerables fieles llegados de diversas partes del mundo, a los cuales el mismo señor papa había invitado a concurrir a la solemnidad, el año del Señor de 1228, segundo de su pontificado.
Así narra TC 71 la Canonización de Francisco. Ocurrió sólo dos años después de su Tránsito. Tan grande fue la repercusión mística de la Santidad de este hombre, que ni siquiera hubo proceso para canonizarlo. Fue por aclamación. El pueblo cristiano, y el Papa a la cabeza, tenía en mente a aquel hombre que, pasando por los caminos, ciudades, pueblos y castros de tantos países, recordó al hombre que Jesús estaba vivo, y que "el Amor no es Amado".
Descubrió el tesoro evangélico, y lo dio todo por poseerlo. Predicó la Palabra, la Paz, la Reconciliación, el Retorno a Dios. No se guardó nada para si, sino que todo lo entregó en servicio del Rey Eterno. Desposado con Dama Pobreza, tuvo a Cristo como supremo valor, suprema aspiración, supremo y único deseo.
Reflejó la intimidad de la Vida de Dios con sus obras: curó y besó heridas a leprosos, acogió a los pecadores, transigió con los que eran intransigentes con Dios, y los llevó a una vida santa. Dio a luz una familia que repartió hijos por el mundo entero, dando testimonio del Reino. Una segunda era apostólica se abrió, impulsada por las palabras y la obra del que fue otro Cristo, en el sentido más riguroso de la expresión.
Iba al monte a orar, y en el monte encontró a Cristo como jamás ninguna criatura lo logró antes. Se hizo uno con Él, y dejó para la posteridad un segundo Tabor, un segundo monte de revelaciones, de experiencia de Dios, de oración continuada. Él fue santo, y dejó testimonios y lugares santos. Cristo el Señor encontró en él a alguien que se le iba a parecer tanto, que hasta le regaló las llagas: Francisco participa de la Pasión, del Gólgota. Cuánta Gracia fluyó en aquel hombre pequeñito, de aspecto desaliñado, pero que supo, sin embargo, transmitir al mundo aquello de "El Señor os dé la Paz".
Pace Bene.
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Asunto: Ciclo de Conferencias sobre San Francisco de Asís en Madrid
El Centro Cultural Cisneros ha organizado, para el próximo mes de diciembre, un interesantísimo ciclo de conferencias sobre San Francisco de Asís.
Los temas a tratar serán los siguientes:
-- Jueves, 4 de diciembre: San Francisco y la Ecología. Ponente: José Antonio Merino, OFM
-- Jueves, 11 de diciembre: San Francisco y la Paz. Ponente: Francisco Martínez Fresneda, OFM
-- Jueves, 18 de diciembre: San Francisco de Asís: una ética global. Ponente: Martín Carbajo Núñez.
Las conferencias tendrán lugar en el Centro de Franciscanismo de la calle Joaquín Costa, nº 36 de Madrid, a las 19:00 horas.
Dado el interés de este ciclo, os ruego le deis la máxima difusión a la noticia.
Un fraternal abrazo,
Javier Rojo, OFS
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni