Sí, y Gracias a Dios. Me encanta la Navidad. Es un tiempo de meditación, de recogimiento, de descubrir que todos quisiéramos poder ir al Portal y ver a María, a José, al Niño, a aquellos pastores sorprendidos y estupefactos.
Es cierto que es una época muy sensible para la mayoría. Que para unos es muy alegre y, para otros, no tanto. Es una época familiar, porque celebramos que Jesús nació y se conformó la Sagrada Familia, la Familia que mejor reflejó el Amor de Dios. Poder contemplar esa escena de hace 2000 años, en la que un Niño que es Dios permanece recostado en un pesebre, con lo puesto, casi al raso. Hoy día no lo permitiríamos, pero cometeríamos el error de no dejar que Jesús empezara su Vida Terrena con el primer signo: la Pobreza encarnada en un nacimiento así.
Es una fiesta enternecedora por otro motivo: representa los anhelos más profundos que tenemos de Pureza, de Inocencia y de estar cerca de Dios. Jamás el hombre tuvo a Dios en sus manos. Es la primera vez que podemos verlo, adorarlo, contemplarlo... directamente, sin mediaciones ni prefiguraciones. Las revelaciones mistagógicas del Antiguo Testamento se transforman en una Revelación, en mayúsculas, soberbia y magnífica. Dan paso a una nueva era de relaciones con el Altísimo.
Ojalá pudiéramos cogerlo en brazos, alimentarlo, cuidarlo. Pero lo que más nos acercará a Él será, y para eso tenemos el Adviento, escuchar su Palabra y ponerla por Obra. Entonces quizá sí nos dejará verle y cogerle en brazos, como hizo Francisco en Greccio, acontecimiento que no dejaré de comentar.
PACE BENE.
Viernes, 1 de junio
Miguel Blanes Coll
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal
Urbano Sánchez García
Jose Gallardo Alberni