El Pueblo de Israel se caracterizaba, en su época y en las circunstancias geográficas, sociopolíticas y étnicas, por su Monoteísmo profeso y Fielmente - no siempre - vivido.
Sin embargo, la Historia de Israel nos dice que su Fe no fue siempre la misma. Si se lee la Biblia con objetividad y criterio, y bien apoyados en la Lectura Histórico - Crítica de la misma, se ve con claridad que Israel, antes que Monoteísta, fue Teísta. Los ciclos patriarcales - teoría enunciada por Von Rad - en los que el Libro Sagrado, a través del Génesis, presenta como paradigmas del hombre semita (la identidad de Israel no estaba aún definida) a Abraham, Isaac y Jacob, transluce en ellos una Fe y una Obediencia a un Dios. Pero nunca dicen que su Dios sea el único. Dios es "el Dios de Israel", pero no "el único Dios".
Habrá que esperar a que José acabe en Egipto, y a que sus descendientes sean esclavizados por el país del Nilo. Es entonces cuando, con la llamada a Moisés, Yahveh (ahora se identifica por su propio nombre)inicia el camino de liberación del que ha considerado, desde Abraham, su Pueblo escogido. Y es que este Pueblo es la Promesa hecha a Abraham. Así pues, la experiencia que tenga la comunidad Israelita de liberación, y el contemplar el Poder de Dios por encima de los dioses egipcios, hará que madure, poco a poco y hasta la Alianza del Sinaí, una conciencia que coge una doble vertiente: Yahveh es nuestro Dios porque nos ha hecho su Pueblo; y Dios es el único Dios (Dt 4,39, Dt 6-Shemà Israel).
Así pues, irá madurando en Israel, admirado y agradecido porque Dios ha desplegado su brazo en su favor, el sentimiento de pertenecerle a Él, de ser suyo, su escogido. Desde este momento, Dios guiará a su Pueblo y lo conducirá de la mano, hasta la Tierra Prometida.
Todo esto que he comentado, creo que tiene su parangón en nuestras vidas. ¿Por qué? Pues porque creo que no nos deberíamos llamar creyentes, al menos en sentido profundo y auténtico, mientras no descubramos que dependemos de Él, absolutamente, que nada podemos sin Él y que su Providencia nos guía y nos mantiene. Hasta que no veamos que es Dios quien nos lleva a la libertad, que es Él quien nos guía por el Desierto y nos lleva a disfrutar de su compañía, es difícil que seamos de verdad creyentes. Es lo que han hecho los santos: han descubierto a Dios, se han dejado liberar de afectos, quereres, planes, proyectos... se han dejado llevar de la mano a través del desierto de la Fe que se abre cuando tu mundo parece derrumbarse (los israelitas añoraban las cebollas de Egipto y la falsa seguridad de que creían gozar), y llegan al Reino, incluso anticipado aquí en la Tierra, de una Vida Espiritual y Vocacional realizadas, en las que no cabe mirar hacia atrás.
Sábado, 18 de febrero
Miguel Blanes Coll
Guillermo Gazanini Espinoza
Josemari Lorenzo Amelibia
Religión Digital
Francisco Baena Calvo
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa
Vicente Haya
Asoc. Humanismo sin Credos