Un día le comenté a alguien que me iba a Asís de viaje, a rezar y descansar. Y me contestó que se reza igual de bien allí que en la Catedral, en Palma. Yo no entro ni entré en experiencias espirituales particulares, puesto que cada cual con Dios se entiende y lo encuentra donde mejor le va o mejor se le presenta.
Lo que pasa es que a mí (y a algunos más, me consta) se me hace mucho más fluido y pleno rezar en Asís (la Porciúncula, el Sacro, San Damiano, las mismas calles de la ciudad, los lugares franciscanos...). No discutiré las bondades de rezar delante del Santísimo en cualquier iglesia del mundo. Porque, desde el Sagrario, Jesús te pide estar en su compañía, gozar de ella. Te pide ser María y no Marta. Tienes la paz de estar a su lado, de descansar el alma en su pecho. Nada hay más reconfortabte que parar el ritmo del día e ir al Sagrario, aunque sea un ratito. Y Francisco adoraba esta presencia de Jesús en el Sagrario: «Te adoramos, Señor Jesucristo, y en todas las iglesias que hay en el mundo entero, y te bendecimos porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo»
Pero, como decía, Asís llena mucho más. Allí, Dios ha posado su Espíritu de forma permanente y abrumadoramente insistente. En esa ciudad santa, uno rompe con los ruidos del mundo, sus prisas, avatares, superficialidades.
La Porciúncula era lugar querido de Francisco no por bonita, sino por ser morada de María y de sus Ángeles. Hoy, rezar allá es recogerse, adorar, tocar el Cielo, sentir el aire de la Primavera Franciscana. En el Sacro, donde reposan los restos del Santo, la oración se hace igualmente fluida, fácil, espontánea. En San Damiano, experimentas la Presencia de la Gracia de los Orígenes. Por las calles de Asís, sientes que te pararías a rezar en cada rincón o recodo. Disfrutas de tomar un helado, de pasear, de escuchar un concierto que ocasionalmente se ofrezca en la Piazza del Comune, de la gente, de la alegría que brota espontáneamente en cualquier parte.
Está claro que Dios se da dónde y cuándo quiere, y que uno puede encontrarse con Él en la Catedral de Burgos, en Santiago, en su casa o en el lugar más perdido de la Selva Amazónica. Es cierto que Taizé es uno de los sitios más visitados y donde, seguramente, el Espíritu sopla con mucha fuerza. Y qué decir de Tierra Santa, ojalá un día pueda visitarla, sobre todo el Santo Sepulcro.
Ahora por ahora, a quien me diga que puedo rezar muy bien en la iglesia de San Miguel de Palma, le contestaré. "Sí, pero es que en Asís...".
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Tienes mucha razón. Gracias por tu valiosa aportación. Tomo nota, y prometo ir hablando de estos temas.
Un abrazo, Pace Bene.
Hermano Miguel:
Me ha producido ver por estos foros una presencia de San Francisco.
Lo que me agradaría es ver como pudieran incluirse temas actuales leídos desde la espiritualidad franciscana. También sería bueno tratar los escritos de San Francisco, que es en definitiva los que nos pueden acercar más él. Seguidamente, también, podrías decir algo de la historia franciscana, de lo que ha aportado a la sociedad y a la iglesia.
Tu valentía de este blog franciscano me ha sorprendido, GRACIAS, PAZ Y BIEN
Viernes, 1 de junio
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